jueves, mayo 17, 2012
Twitter olía a miedo en todo el mundo el 17 de mayo de 2012
En la noche revisé, como de costumbre antes de acostarme, mis cuentas de correo y me informé por medio de twitter de lo que sucedía en el país y en el mundo. Siempre comparo las noticias de la televisión, los diarios y la radio, con los que cuentan los twitteros a nivel internacional. Reviso los TT (Top Trends, algo así como las principales Tendencia Temáticas) en Chile y algunas veces las de otros países. Este es un ejercicio que me permite tener rápidamente un panorama general de lo que está sucediendo, de lo que opina la población y de de lo que dicen los medios de comunicación. Claro que no es toda la población, solo aquella que tiene acceso a Internet, no es una muestra muy representativa, los más pobres generalmente no están conectados, pero sirve para tener una idea de lo que sucede.
Al revisar los TT del 17 de mayo de 2012, llamó mi atención que en Chile había habido un sismo grado 6,7 en Aysén (aunque finalmente fue de 6,2), luego me percaté que una de las TT mencionaba a un programa de farándula, generalmente no reviso esto porque ya tengo suficiente con la programación diaria de la televisión, pero una de las cuentas que "estoy siguiendo" (fallowing) twitteó algo que llamó mi atención, señalaba que en el programa de farándula hablaban de terremotos y catástrofes geológicas… la curiosidad me llevó conectarme a la señal en línea (on line) del programa y cuál no sería mi sorpresa al ver que efectivamente hablaban de estos temas con "científicos" chilenos y "expertos" de la ONEMI. Esto llenó la red con comentarios que expresaban temor o incredulidad pero nunca indiferencia.
Al poco rato, me llamó la atención una de las TT que decía #if I die tomorrow (si muero mañana), otra vez mi curiosidad me llevó a pinchar allí y nuevamente fui sorprendida por miles de comentarios de diversos tipos de chilenos y chilenas. Al revisar entonces que sucedía en otros países me dí cuenta que este tema era TT en todo el mundo twittero, así pude constatar que un poco en broma, un poco en serio, los habitantes del planeta comparten un sentimiento y se llama miedo, miedo a lo que sucederá mañana, miedo a las catástrofes naturales, miedo por la inestabilidad medioambiental, miedo por la inestabilidad laboral, miedo a la vejez, miedo al derrumbe de los mercados, miedo a las guerras. Pero todos estos miedos tienen un miedo de base, y ese miedo es el miedo a la soledad, le tememos a los que están a nuestro lado porque nos han enseñado a desconfiar, porque el individualismo y la racionalidad con arreglo a fines es lo que rige nuestro comportamiento en sociedad. Sin embargo, necesitamos de los otros para sobrevivir y es esta paradoja la que nos inseguriza y potencia los temores, es por tanto la contradicción que debemos resolver para no terminar matándonos unos a otros…por MIEDO a que nos maten.
sábado, marzo 31, 2012
Los cuerpos de las diferencias y sus manifestaciones territoriales
Un problema que va de la estética a la ética
El capitalismo modernoglobalizado se configura por medio de una reducción del tamaño del Estado,el mercado como ente regulador de las relaciones en sociedad, el individualismoy la desterritorialización de las relaciones y del capital. En este contexto uno de los elementos fundamentales es la necesidad de poner la corporalidad como agente y espacio de consumo. El cuerpo del individuo habita en una materialidaden donde el consumo de bienes y servicios rige su forma, su fondo y su práctica,movido por necesidades culturalmente construidas. Es un cuerpo estandarizado porpatrones de consumo artificiales asociados al lugar que ocupa dicho cuerpo enel mercado, cuyo entorno se caracteriza por una comunidad atomizada, un territorioque se desdibuja en el discurso de un mundo globalizado pero con prácticas demarginación que confinan a los cuerpos que no cumple con los patrones establecidos,a determinados espacios cada vez más segregados.
La presente investigación da cuenta de los perfiles de esos cuerpos segregados territorialmente en el consumo. La hipótesis que está detrás es que la segregación no es tan sólo social, urbana y ambiental (Vargas,"Segregación Social urbana y ambiental en Santiago y la violencia en laciudad", 2001) sino también se estructura a nivel corporal, es la manifestación territorial del control ejercido por el capitalismo a los cuerposen el espacio urbano. El disciplinamiento es un paso anterior al control de los cuerpos, el disciplinamiento Foucaultiano implica un cierto ordenamiento de la sociedad de acuerdo a lo que las clases dominantes define como el "deber ser", pero es externo y cuyos mecanismos se ubican fuera del cuerpo. En este texto se hace referencia al control del cuerpo dominado por sí mismo sin agentes externos que lo segreguen explícitamente (aunque también hay este tipode control), es el cuerpo que se autosegrega a un espacio donde hay cuerpos similares, conocidos y reconocibles. Es un lugar donde se debe estar porque se pertenece, pero esa pertenencia está dada por la estructura corporalde los individuos además del habitus de clase que los rige y el poder socioeconómico que poseen.
El estudio consistió en observar loscuerpos que ingresaban a los supermercados ubicados al interior de tres grandescentros comerciales de la ciudad de Santiago, ubicados en 3 territorios socieoeconómicamente diferenciados.
Este texto se ve enfrentado a un problema que tiene un carácter ético ligado a la estética de la estructuracorporal y a la genética que está detrás. Es decir se enfrenta a un problema socialde carácter ético en tanto la segregación fisonómica de los cuerpos, otorgándole valores diferenciados a distintas construcciones corporales.
El capitalismo modernoglobalizado se configura por medio de una reducción del tamaño del Estado,el mercado como ente regulador de las relaciones en sociedad, el individualismoy la desterritorialización de las relaciones y del capital. En este contexto uno de los elementos fundamentales es la necesidad de poner la corporalidad como agente y espacio de consumo. El cuerpo del individuo habita en una materialidaden donde el consumo de bienes y servicios rige su forma, su fondo y su práctica,movido por necesidades culturalmente construidas. Es un cuerpo estandarizado porpatrones de consumo artificiales asociados al lugar que ocupa dicho cuerpo enel mercado, cuyo entorno se caracteriza por una comunidad atomizada, un territorioque se desdibuja en el discurso de un mundo globalizado pero con prácticas demarginación que confinan a los cuerpos que no cumple con los patrones establecidos,a determinados espacios cada vez más segregados.
La presente investigación da cuenta de los perfiles de esos cuerpos segregados territorialmente en el consumo. La hipótesis que está detrás es que la segregación no es tan sólo social, urbana y ambiental (Vargas,"Segregación Social urbana y ambiental en Santiago y la violencia en laciudad", 2001) sino también se estructura a nivel corporal, es la manifestación territorial del control ejercido por el capitalismo a los cuerposen el espacio urbano. El disciplinamiento es un paso anterior al control de los cuerpos, el disciplinamiento Foucaultiano implica un cierto ordenamiento de la sociedad de acuerdo a lo que las clases dominantes define como el "deber ser", pero es externo y cuyos mecanismos se ubican fuera del cuerpo. En este texto se hace referencia al control del cuerpo dominado por sí mismo sin agentes externos que lo segreguen explícitamente (aunque también hay este tipode control), es el cuerpo que se autosegrega a un espacio donde hay cuerpos similares, conocidos y reconocibles. Es un lugar donde se debe estar porque se pertenece, pero esa pertenencia está dada por la estructura corporalde los individuos además del habitus de clase que los rige y el poder socioeconómico que poseen.
El estudio consistió en observar loscuerpos que ingresaban a los supermercados ubicados al interior de tres grandescentros comerciales de la ciudad de Santiago, ubicados en 3 territorios socieoeconómicamente diferenciados.
Este texto se ve enfrentado a un problema que tiene un carácter ético ligado a la estética de la estructuracorporal y a la genética que está detrás. Es decir se enfrenta a un problema socialde carácter ético en tanto la segregación fisonómica de los cuerpos, otorgándole valores diferenciados a distintas construcciones corporales.
viernes, agosto 12, 2011
Movimiento Estudiantil en Chile, Había señales de alerta que no fueron consideradas
Había señales de alerta que no fueron consideradas
Hoy nos vemos enfrentados a un conflicto que parte planteando el problema de las inequidades en educación pero que rápidamente se convierte en un cuestionamiento del actual sistema político que es planteado por los jóvenes de nuestro país pero que trasciende y se transforma en un clamor ciudadano.
Hace ya algún tiempo se observaban índices de descontento en la juventud, así por ejemplo la inscripción en los registros electorales de los jóvenes había ido en franco descenso, según la información oficial del SERVEL los jóvenes inscritos para votar entre 18 y 19 años eran en el plebiscito de 1988, 409.109, en las presidenciales del 2009 a pesar que el padrón electoral aumentó la cifra de jóvenes inscritos disminuye a 87.289, hoy la inscripción en ese rango de edad ha caído a 32125. Esta regla de disminución del número de población inscrita entre 1988 y 2011 se repite hasta los 34 años, es decir la población no se inscribe aunque pasen los años y se vuelvan adultos. Esta es una clara señal de la poca relevancia que le dan los jóvenes de hoy y los adultos del mañana a la participación electoral uno de los pilares constituyentes de la democracia actual. (Fuente; elaboración propia en base a datos SERVEL enero 2011padrón electoral por grupos de edad)
AL estudiar el año 2009, la valoración que tenían de nuestra democracia los jóvenes en Chile, se obtuvieron resultados que podían tener una doble lectura, una positiva y autocomplaciente que decía que el 43% de los jóvenes encuestados consideraban que “La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Pero también se podía hacer una lectura más acuciosa y analítica, al sumar los jóvenes que dicen que “A la gente como uno le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático (28%), “no le dan ninguna importancia a la democracia” (14,5%) y “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático (9,8%) se obtenía un peligroso y alertante 52,3 % que no adscribía a la democracia como forma de gobierno ya en esa fecha. Los datos de INJUV también señalaban que “en comparación con los datos arrojados por la 5° Encuesta Nacional de Juventud realizada el año 2006, si bien la valoración de la democracia como sistema de gobierno continúa siendo mayoritaria entre las mujeres y varones jóvenes, se observa un decrecimiento en la proporción de personas jóvenes que apoya esta afirmación. En efecto, en 2006 dicha mención obtuvo un 57,1% de las preferencias, lo que corresponde a un diferencial de 14,1 puntos porcentuales respecto de la medición de 2009 es decir un 43%. (INJUV 2009).
Pero los datos antes señalados son un promedio nacional al desagregar la información por grupos socioeconómicos o ubicación espacial, obtenemos interesantes resultados, el primero que llama la atención es que al revisar la inscripción por comuna de los jóvenes ésta es porcentualmente mayor en las comunas de la región metropolitana que concentra la población de nivel socioeconómico alto respecto a las comunas más pobres del país. Cabe desatacar que es en estas comunas donde habitan la mayoría de las elites de la concertación y la alianza los dos bloques que se alternan en el poder producto del sistema binominal. La elite se reproduce en su juventud y son estos los jóvenes que primero se inscriben para votar. La misma encuesta lo señala que “Un cuarto de la población joven está satisfecha con la democracia, valor que aumenta a mayor nivel de ingresos, mayor nivel educacional y entre quienes viven en localidades rurales” (INJUV 2009)
Uno de los aspectos que releva la población juvenil es la falta de transparencia de la políticas, cuestión que no es casual dado el deterioro de imagen y desprestigio de la misma plasmado en el DOXA nacional por la dictadura militar. La política y los señores políticos versaba el discurso no solucionan nada y llevaron al país a la quiebra, no es casual que una de las obras del dictador se titulara “política, politiquería y demagogia”
De lo anterior para muestra un botón. En las elecciones del año 2009 confluían en los candidatos los apellidos y relaciones de la más fronda aristocracia terrateniente de nuestro país, Sebastián Piñera Echeñique, Marcos Heriquez-Ominamin Gumusio, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Jorge Arrate Mac Niven.
Las elites nacionales mantienen un círculo bastante cerrado, habitan en espacios específicos, zona oriente de la capital, comparten territorio vacacionales, zona de los lagos en el sur, asisten a los mismos colegios, son católicos y se casa entre ellos. Esto no sucede con una intencionalidad o planificación sino porque el Habitus de clase es compartido y no es posible que se interesen por otros individuos pertenecientes a otra clases o porque las prácticas cotidianas no permiten el encuentro con otros en el espacio social.
Chile ha sido gobernado a través de la historia por unas pocas familias y este círculo es muy difícil de romper, esto es de conocimiento de la mayoría de la población, por qué entonces un ciudadano común debiera estar interesado en la política si sabe a priori que las posibilidades de acceder al poder son mínimas o nulas. Qué sentido tiene la organización de la clase media y los pobladores siguiendo las reglas del juego establecidas, si al final del día son representados en el gobierno o el congreso nacional por esas mismas familias que han dominado el quehacer económico y político desde la época de la colonia?. Al parecer, cada día más tiene menos sentido, una frase comúnmente repetida representa muy bien este sentimiento “para que nos vamos a meter en política si salga quién salga igual NOSOTROS tenemos que trabajar.
Por otra parte las inequidades crecen. En los países miembro de la OCDE por ejemplo, entre 1979 y 2001 los ingresos de los habitantes más pobres crecieron sólo un 8% en tanto aumentaron un 17% para el 20% de ingresos medios, un 69% para el 10% más rico y un alarmante 139% para 1% que representa la elite más acomodada de dichos países. Chile es consignado en el 2011 como el país con mayor desigualdad del grupo.
Si al análisis de la relación de los jóvenes con la democracia le sumábamos, este patrón familiar de reproducción de aquellos que sustentan el poder, agregábamos además la fuerte desigualdad en el país teníamos hace ya hace algún tiempo varias señales de alerta que no fueron consideradas a tiempo.
Los jóvenes en suma, en su mayoría no creen en la de democracia liberal representativa, mientras más joven menos inscripción en los registros electorales y va en disminución, los jóvenes tampoco valoran la política y los partidos políticos, básicamente porque no confían en ellos, todo esto en un contexto de desigualdad que aumenta.
El error sería hoy no saber interpretar estas señales que venía desde hace tiempo y que tienen al 65% de la población en las calles y a estudiantes en huelga de hambre. Continuar con la tozudez y la intransigencia de querer mantener el actual sistema porque las instituciones aparentemente funcionan, es poner en riesgo la estabilidad del país en su conjunto llevándolo a un camino sin salida que solo puede implicar acudir a la violencia para resolver el conflicto. Se deben hacer entonces, cambios de fondo en la institucionalidad política de Chile, no entender esto es no querer oír lo que la ciudadanía dice y polarizar las relaciones a niveles que quizás no sea posible reconstituirlas.
Hoy nos vemos enfrentados a un conflicto que parte planteando el problema de las inequidades en educación pero que rápidamente se convierte en un cuestionamiento del actual sistema político que es planteado por los jóvenes de nuestro país pero que trasciende y se transforma en un clamor ciudadano.
Hace ya algún tiempo se observaban índices de descontento en la juventud, así por ejemplo la inscripción en los registros electorales de los jóvenes había ido en franco descenso, según la información oficial del SERVEL los jóvenes inscritos para votar entre 18 y 19 años eran en el plebiscito de 1988, 409.109, en las presidenciales del 2009 a pesar que el padrón electoral aumentó la cifra de jóvenes inscritos disminuye a 87.289, hoy la inscripción en ese rango de edad ha caído a 32125. Esta regla de disminución del número de población inscrita entre 1988 y 2011 se repite hasta los 34 años, es decir la población no se inscribe aunque pasen los años y se vuelvan adultos. Esta es una clara señal de la poca relevancia que le dan los jóvenes de hoy y los adultos del mañana a la participación electoral uno de los pilares constituyentes de la democracia actual. (Fuente; elaboración propia en base a datos SERVEL enero 2011padrón electoral por grupos de edad)
AL estudiar el año 2009, la valoración que tenían de nuestra democracia los jóvenes en Chile, se obtuvieron resultados que podían tener una doble lectura, una positiva y autocomplaciente que decía que el 43% de los jóvenes encuestados consideraban que “La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Pero también se podía hacer una lectura más acuciosa y analítica, al sumar los jóvenes que dicen que “A la gente como uno le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático (28%), “no le dan ninguna importancia a la democracia” (14,5%) y “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático (9,8%) se obtenía un peligroso y alertante 52,3 % que no adscribía a la democracia como forma de gobierno ya en esa fecha. Los datos de INJUV también señalaban que “en comparación con los datos arrojados por la 5° Encuesta Nacional de Juventud realizada el año 2006, si bien la valoración de la democracia como sistema de gobierno continúa siendo mayoritaria entre las mujeres y varones jóvenes, se observa un decrecimiento en la proporción de personas jóvenes que apoya esta afirmación. En efecto, en 2006 dicha mención obtuvo un 57,1% de las preferencias, lo que corresponde a un diferencial de 14,1 puntos porcentuales respecto de la medición de 2009 es decir un 43%. (INJUV 2009).
Pero los datos antes señalados son un promedio nacional al desagregar la información por grupos socioeconómicos o ubicación espacial, obtenemos interesantes resultados, el primero que llama la atención es que al revisar la inscripción por comuna de los jóvenes ésta es porcentualmente mayor en las comunas de la región metropolitana que concentra la población de nivel socioeconómico alto respecto a las comunas más pobres del país. Cabe desatacar que es en estas comunas donde habitan la mayoría de las elites de la concertación y la alianza los dos bloques que se alternan en el poder producto del sistema binominal. La elite se reproduce en su juventud y son estos los jóvenes que primero se inscriben para votar. La misma encuesta lo señala que “Un cuarto de la población joven está satisfecha con la democracia, valor que aumenta a mayor nivel de ingresos, mayor nivel educacional y entre quienes viven en localidades rurales” (INJUV 2009)
Uno de los aspectos que releva la población juvenil es la falta de transparencia de la políticas, cuestión que no es casual dado el deterioro de imagen y desprestigio de la misma plasmado en el DOXA nacional por la dictadura militar. La política y los señores políticos versaba el discurso no solucionan nada y llevaron al país a la quiebra, no es casual que una de las obras del dictador se titulara “política, politiquería y demagogia”
De lo anterior para muestra un botón. En las elecciones del año 2009 confluían en los candidatos los apellidos y relaciones de la más fronda aristocracia terrateniente de nuestro país, Sebastián Piñera Echeñique, Marcos Heriquez-Ominamin Gumusio, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Jorge Arrate Mac Niven.
Las elites nacionales mantienen un círculo bastante cerrado, habitan en espacios específicos, zona oriente de la capital, comparten territorio vacacionales, zona de los lagos en el sur, asisten a los mismos colegios, son católicos y se casa entre ellos. Esto no sucede con una intencionalidad o planificación sino porque el Habitus de clase es compartido y no es posible que se interesen por otros individuos pertenecientes a otra clases o porque las prácticas cotidianas no permiten el encuentro con otros en el espacio social.
Chile ha sido gobernado a través de la historia por unas pocas familias y este círculo es muy difícil de romper, esto es de conocimiento de la mayoría de la población, por qué entonces un ciudadano común debiera estar interesado en la política si sabe a priori que las posibilidades de acceder al poder son mínimas o nulas. Qué sentido tiene la organización de la clase media y los pobladores siguiendo las reglas del juego establecidas, si al final del día son representados en el gobierno o el congreso nacional por esas mismas familias que han dominado el quehacer económico y político desde la época de la colonia?. Al parecer, cada día más tiene menos sentido, una frase comúnmente repetida representa muy bien este sentimiento “para que nos vamos a meter en política si salga quién salga igual NOSOTROS tenemos que trabajar.
Por otra parte las inequidades crecen. En los países miembro de la OCDE por ejemplo, entre 1979 y 2001 los ingresos de los habitantes más pobres crecieron sólo un 8% en tanto aumentaron un 17% para el 20% de ingresos medios, un 69% para el 10% más rico y un alarmante 139% para 1% que representa la elite más acomodada de dichos países. Chile es consignado en el 2011 como el país con mayor desigualdad del grupo.
Si al análisis de la relación de los jóvenes con la democracia le sumábamos, este patrón familiar de reproducción de aquellos que sustentan el poder, agregábamos además la fuerte desigualdad en el país teníamos hace ya hace algún tiempo varias señales de alerta que no fueron consideradas a tiempo.
Los jóvenes en suma, en su mayoría no creen en la de democracia liberal representativa, mientras más joven menos inscripción en los registros electorales y va en disminución, los jóvenes tampoco valoran la política y los partidos políticos, básicamente porque no confían en ellos, todo esto en un contexto de desigualdad que aumenta.
El error sería hoy no saber interpretar estas señales que venía desde hace tiempo y que tienen al 65% de la población en las calles y a estudiantes en huelga de hambre. Continuar con la tozudez y la intransigencia de querer mantener el actual sistema porque las instituciones aparentemente funcionan, es poner en riesgo la estabilidad del país en su conjunto llevándolo a un camino sin salida que solo puede implicar acudir a la violencia para resolver el conflicto. Se deben hacer entonces, cambios de fondo en la institucionalidad política de Chile, no entender esto es no querer oír lo que la ciudadanía dice y polarizar las relaciones a niveles que quizás no sea posible reconstituirlas.
miércoles, julio 06, 2011
una respuesta al discurso de Sebastián Piñera del 05/07/11
Señor presidente por medio de la presente la sociedad chilena quiere comunicarle que:
Estamos de acuerdo con algunos de sus planteamientos:
1. “La educación de calidad es la cuna de igualdad de oportunidades y del movilidad social”, claro que estamos de acuerdo y por eso la lucha que estamos dando.
2. “Motor de realización de personas y progreso de los países”, también estamos de acuerdo Chile no progresará si no solucionamos un tema que es de fondo y que ha sido postergado por años.
3. “Chile sigue en deuda con la educación de niños y jóvenes”, como no estar de acuerdo con esta aseveración si es el motivo central de la protesta ciudadana.
4. “Desafíos son calidad acceso y financiamiento”, pero también está el desafío de solucionar el problema del lucrar con algo tan central como usted mismo lo señala en el discurso, la educación.
5. “La solución al problema de la educación exige acuerdos” si, claro que exige acuerdo pero estos no solo están en el plano económico sino que también en el político y social y los acuerdos se construyen no se decretan y menos se comunican por cadena nacional. Queremos ver en el próximo comunicado a cada uno de los representantes de cada organismo involucrado en el conflicto hablando convencidos de que se ha llegado a un acuerdo.
Pero hay otros puntos en los cuales no muy respetuosa pero también muy firmemente no estamos de acuerdo por los motivos que presentamos a continuación.
Un estado subsidiario es un estado que no se hace cargo de los problemas sino que los transforma en interacciones entre privados en el mercado y eso no contribuye a la generación de un proyecto país y menos a solucionar sus problemas de inequidades. Por lo tanto queremos plantear que no todo se soluciona con una política de subvención, o con la inyección de más dinero, hay que hacer cambios políticos.
Por mucho que se potencien los colegios fiscales y las universidades si no se hacen cambios de fondo que impliquen una mixtura de clases en el aula, permanecerán las diferencias. Recuerde que Chile es el país que tiene mayor desigualdad ingresos según datos de la propia OCDE (coeficiente ginni 0,5).
Usted señala que “Es tiempo de acuerdos”, Estamos completamente de acuerdo en que debemos genera un consenso nacional que aborde los temas de calidad acceso y financiamiento, podemos incluso llamarlo “acuerdo nacional por la educación”, GANE, si usted quiere, pero debe recordar señor presidente que los acuerdos se construyen en el diálogo, en la interacción, con todos los actores involucrados; académicos de las universidades, profesores, estudiantes y apoderados, no con un discurso por cadena nacional. Así todos ganamos, no sólo los que hoy ostentan el poder económico y político del país. Reforzamos lo dicho anteriormente, en el próximo discurso a la nación queremos ver a todos los representantes de los gremios involucrados asintiendo respecto al acuerdo, si no es así no podemos denominarlo acuerdo sino más bien intenciones de una de las partes en conflicto.
En cuanto a la inyección de dinero coyunturalmente, opinamos que esto no resuelve el fondo sino que la forma, los 4 mil millones de dólares son pan para hoy pero hambre para mañana, ¿por qué no definir una política de financiamiento a largo plazo con todos los actores en conflicto sumados al poder legislativo y ejecutivo?.
Quizás hoy podemos incluso estar de acuerdo con las becas, pero en el tema de financiamiento ¿por qué no discutir la educación gratuita o el arancel diferenciado que resuelva el tema definitivamente?. Quizás porque esto implicaría terminar con varios negocios, primero las empresas que se denominan colegios y universidades, pero también los bancos que dan los créditos que luego graban el presupuesto familiar.
El ranking de universidades que usted plantea no incluye calidad docente y aporte al proyecto país, sino que por el contrario incluye indicadores que solo se pueden mantener altos con muchos recursos frente a lo cual las universidades públicas no pueden competir.
La propuesta sobre la Nueva institucionalidad que diferencia entre tipos de universidades nada dice sobre las consecuencias que tiene el hacer de la educación un negocio, fuera de señalar que deberán pagar impuestos (cuestión que está en el plano económico no social). El debate sobre el lucro no hay que postergarlo, hay que darlo hoy, este es uno de los principales puntos de las demandas.
Usted habló de más becas y más préstamos para los alumnos más “pob…”, ¿quizó decir pobres?, eso sería sincerar el debate, bueno pero dijo vulnerables. Entendimos a que se refería y le decimos que la pobreza no solo es una condición económica, sino que tiene ribetes culturales y sociales. Hoy los estudiantes pobres estudian en universidades para pobres, obtienen trabajos para pobres y con sueldos de pobres y viceversa los ricos van a universidades para ricos, tienen contactos para trabajos de ricos y obtienen sueldos de ricos, esto es con lo que queremos terminar. Como señalamos anteriormente no basta con becas, hay que hacer cambios de fondo en el sistema.
Usted dice que “El financiamiento estatal a los alumnos deberá ser en función del mérito académico y la situación socioeconómica de los estudiantes” y ¿qué pasa con la calidad de universidad a la que van esos estudiantes?, ¿el tipo de formación que éstas entregan?, ¿por qué los recursos de todos los chilenos deben ir a dar a manos de los privados, no le parece un contra sentido querer financiar a la empresa privada con recursos del Estado?, ¿por qué no fortalecer la educación pública para que los recursos del estado también queden en el estado?, si el motivo fuese la pérdida de recursos del Estado no se entiende porque hay Universidades empresas con fines de lucro. Si el motivo es la mala administración de los recursos por parte de las universidades estatales ¿por qué no mejorar la gestión de las mismas?
Usted dice que “Se crearán 3 fondos concursables al que podrán postular la universidades mejorar la calidad de formación de profesores, creación de centro de excelencia de innovación ciencia y tecnología y a potenciar el aporte de las universidades regionales al desarrollo de su región” ¿Por qué crear fondos concursables que ponen en disputa a las universidades en vez de aprovechar las ventajas de cada una y hacerlas colaborar?. Los fondos concursables no solo no contribuyen al intercambio de conocimiento entre universidades sino que limita la interacción entre aquellos que deben colaborar.
Usted dice “el gobierno apoya la idea de sociedad docente”… “protegiendo el derecho a elegir libremente la institución en la que quieren estudiar”. Le recordamos que los únicos que eligen en una sociedad de mercado son aquello que cuentan con los recursos (económicos, sociales y culturales) para interactuar dentro del mercado, los que en el caso de Chile no llegan a más de un 10% de la población, el resto se conforma con lo que puede acceder.
Y por último usted no puede pedirnos que terminemos las protestas si no hemos llegado a acuerdos, esa es una actitud autoritaria, y vaya que sabemos como dar la pelea a los autoritarismos en Chile.
Fraternalmente
Mónica Alejandra Vargas Aguirre
Estamos de acuerdo con algunos de sus planteamientos:
1. “La educación de calidad es la cuna de igualdad de oportunidades y del movilidad social”, claro que estamos de acuerdo y por eso la lucha que estamos dando.
2. “Motor de realización de personas y progreso de los países”, también estamos de acuerdo Chile no progresará si no solucionamos un tema que es de fondo y que ha sido postergado por años.
3. “Chile sigue en deuda con la educación de niños y jóvenes”, como no estar de acuerdo con esta aseveración si es el motivo central de la protesta ciudadana.
4. “Desafíos son calidad acceso y financiamiento”, pero también está el desafío de solucionar el problema del lucrar con algo tan central como usted mismo lo señala en el discurso, la educación.
5. “La solución al problema de la educación exige acuerdos” si, claro que exige acuerdo pero estos no solo están en el plano económico sino que también en el político y social y los acuerdos se construyen no se decretan y menos se comunican por cadena nacional. Queremos ver en el próximo comunicado a cada uno de los representantes de cada organismo involucrado en el conflicto hablando convencidos de que se ha llegado a un acuerdo.
Pero hay otros puntos en los cuales no muy respetuosa pero también muy firmemente no estamos de acuerdo por los motivos que presentamos a continuación.
Un estado subsidiario es un estado que no se hace cargo de los problemas sino que los transforma en interacciones entre privados en el mercado y eso no contribuye a la generación de un proyecto país y menos a solucionar sus problemas de inequidades. Por lo tanto queremos plantear que no todo se soluciona con una política de subvención, o con la inyección de más dinero, hay que hacer cambios políticos.
Por mucho que se potencien los colegios fiscales y las universidades si no se hacen cambios de fondo que impliquen una mixtura de clases en el aula, permanecerán las diferencias. Recuerde que Chile es el país que tiene mayor desigualdad ingresos según datos de la propia OCDE (coeficiente ginni 0,5).
Usted señala que “Es tiempo de acuerdos”, Estamos completamente de acuerdo en que debemos genera un consenso nacional que aborde los temas de calidad acceso y financiamiento, podemos incluso llamarlo “acuerdo nacional por la educación”, GANE, si usted quiere, pero debe recordar señor presidente que los acuerdos se construyen en el diálogo, en la interacción, con todos los actores involucrados; académicos de las universidades, profesores, estudiantes y apoderados, no con un discurso por cadena nacional. Así todos ganamos, no sólo los que hoy ostentan el poder económico y político del país. Reforzamos lo dicho anteriormente, en el próximo discurso a la nación queremos ver a todos los representantes de los gremios involucrados asintiendo respecto al acuerdo, si no es así no podemos denominarlo acuerdo sino más bien intenciones de una de las partes en conflicto.
En cuanto a la inyección de dinero coyunturalmente, opinamos que esto no resuelve el fondo sino que la forma, los 4 mil millones de dólares son pan para hoy pero hambre para mañana, ¿por qué no definir una política de financiamiento a largo plazo con todos los actores en conflicto sumados al poder legislativo y ejecutivo?.
Quizás hoy podemos incluso estar de acuerdo con las becas, pero en el tema de financiamiento ¿por qué no discutir la educación gratuita o el arancel diferenciado que resuelva el tema definitivamente?. Quizás porque esto implicaría terminar con varios negocios, primero las empresas que se denominan colegios y universidades, pero también los bancos que dan los créditos que luego graban el presupuesto familiar.
El ranking de universidades que usted plantea no incluye calidad docente y aporte al proyecto país, sino que por el contrario incluye indicadores que solo se pueden mantener altos con muchos recursos frente a lo cual las universidades públicas no pueden competir.
La propuesta sobre la Nueva institucionalidad que diferencia entre tipos de universidades nada dice sobre las consecuencias que tiene el hacer de la educación un negocio, fuera de señalar que deberán pagar impuestos (cuestión que está en el plano económico no social). El debate sobre el lucro no hay que postergarlo, hay que darlo hoy, este es uno de los principales puntos de las demandas.
Usted habló de más becas y más préstamos para los alumnos más “pob…”, ¿quizó decir pobres?, eso sería sincerar el debate, bueno pero dijo vulnerables. Entendimos a que se refería y le decimos que la pobreza no solo es una condición económica, sino que tiene ribetes culturales y sociales. Hoy los estudiantes pobres estudian en universidades para pobres, obtienen trabajos para pobres y con sueldos de pobres y viceversa los ricos van a universidades para ricos, tienen contactos para trabajos de ricos y obtienen sueldos de ricos, esto es con lo que queremos terminar. Como señalamos anteriormente no basta con becas, hay que hacer cambios de fondo en el sistema.
Usted dice que “El financiamiento estatal a los alumnos deberá ser en función del mérito académico y la situación socioeconómica de los estudiantes” y ¿qué pasa con la calidad de universidad a la que van esos estudiantes?, ¿el tipo de formación que éstas entregan?, ¿por qué los recursos de todos los chilenos deben ir a dar a manos de los privados, no le parece un contra sentido querer financiar a la empresa privada con recursos del Estado?, ¿por qué no fortalecer la educación pública para que los recursos del estado también queden en el estado?, si el motivo fuese la pérdida de recursos del Estado no se entiende porque hay Universidades empresas con fines de lucro. Si el motivo es la mala administración de los recursos por parte de las universidades estatales ¿por qué no mejorar la gestión de las mismas?
Usted dice que “Se crearán 3 fondos concursables al que podrán postular la universidades mejorar la calidad de formación de profesores, creación de centro de excelencia de innovación ciencia y tecnología y a potenciar el aporte de las universidades regionales al desarrollo de su región” ¿Por qué crear fondos concursables que ponen en disputa a las universidades en vez de aprovechar las ventajas de cada una y hacerlas colaborar?. Los fondos concursables no solo no contribuyen al intercambio de conocimiento entre universidades sino que limita la interacción entre aquellos que deben colaborar.
Usted dice “el gobierno apoya la idea de sociedad docente”… “protegiendo el derecho a elegir libremente la institución en la que quieren estudiar”. Le recordamos que los únicos que eligen en una sociedad de mercado son aquello que cuentan con los recursos (económicos, sociales y culturales) para interactuar dentro del mercado, los que en el caso de Chile no llegan a más de un 10% de la población, el resto se conforma con lo que puede acceder.
Y por último usted no puede pedirnos que terminemos las protestas si no hemos llegado a acuerdos, esa es una actitud autoritaria, y vaya que sabemos como dar la pelea a los autoritarismos en Chile.
Fraternalmente
Mónica Alejandra Vargas Aguirre
martes, octubre 19, 2010
The social relativity hypothesis (Joint the physic and the social science)
In the book named “briefer history of the time” , Stephen Hawking compared Newton and Aristotle’s theory about things in rest or constant movement, he say “imagine that you are enclosed in a box and you do not know whether the box is resting on the floor of a moving train or on solid earth”, perhaps you think that you are not moving, and in your perspective of life ,it is true, and the rest is the constant. But if another observer, out the box looks at that situation, they can say that you are in movement, and that would be correct too.
Whether we think that the universe is one and the society is part of this universe, why can we not think that our society life is in movement and accelerating constantly?. for example we can suppose that we live more years than our forbearers, or that our technology is developing faster than it was before . Perhaps it is not true and we are inside the box because we never relate the physic science with social science, both knowledge areas walk across different paths.
Maybe, the continuous acceleration of the universe affects the society life also and we do not live more years, the time happens more rapidly, and that is the reason why people look younger at sixty years old, or they live their nineties
It is very rare to think that someone that looks forty years old is actually a person of twenty. Thinking about that, actually the old-young person is forty years old but, do not leave their parent’s houses, do not get married at the same age as in the past, they have a lot of physical characteristic of a forty year old person but their behavior is of a twentyyear old person. So perhaps, and only perhaps, some part of the brain does not move at the same velocity as the universe, maybe this part might bethe soul.
Maybe technology does not evolve faster as well, time is the same but accelerated, it is like to put a music disc in high revolutions, it is the same music but it sounds differently. If the universe is moving faster, the connection between ideas is faster too, consequently we can advance more quickly in technology development.
The question is; are the minds of humans prepared for this? I think not, we need to get in contact with ourselves first, in order to understand what is happening in our interior universe, and after this relate it with the exterior. The paradox is that for this, we need time, and we have not time because time advances inexorably when this is only a moment at the universe. Therefore we must change the time concepts, thinking that it is only a point in space, other reference points like length, width and height, but we are more than bodies we are our ideas, and this is the essence of humans, if we do notdo this, madness will come and destroy our world.
Whether we think that the universe is one and the society is part of this universe, why can we not think that our society life is in movement and accelerating constantly?. for example we can suppose that we live more years than our forbearers, or that our technology is developing faster than it was before . Perhaps it is not true and we are inside the box because we never relate the physic science with social science, both knowledge areas walk across different paths.
Maybe, the continuous acceleration of the universe affects the society life also and we do not live more years, the time happens more rapidly, and that is the reason why people look younger at sixty years old, or they live their nineties
It is very rare to think that someone that looks forty years old is actually a person of twenty. Thinking about that, actually the old-young person is forty years old but, do not leave their parent’s houses, do not get married at the same age as in the past, they have a lot of physical characteristic of a forty year old person but their behavior is of a twentyyear old person. So perhaps, and only perhaps, some part of the brain does not move at the same velocity as the universe, maybe this part might bethe soul.
Maybe technology does not evolve faster as well, time is the same but accelerated, it is like to put a music disc in high revolutions, it is the same music but it sounds differently. If the universe is moving faster, the connection between ideas is faster too, consequently we can advance more quickly in technology development.
The question is; are the minds of humans prepared for this? I think not, we need to get in contact with ourselves first, in order to understand what is happening in our interior universe, and after this relate it with the exterior. The paradox is that for this, we need time, and we have not time because time advances inexorably when this is only a moment at the universe. Therefore we must change the time concepts, thinking that it is only a point in space, other reference points like length, width and height, but we are more than bodies we are our ideas, and this is the essence of humans, if we do notdo this, madness will come and destroy our world.
Algo sobre mujeres en Chile y familias monoparentales
En el último tiempo ha habido un cambio de mirada respecto al madresolterismo o familia monoparental, creo que se puede deber a que la realidad supera siempre las intensiones, Pierre Bourdieu decía que la Doxa se constituye a través de las prácticas asentadas en una sociedad, en Chile el porcentaje de madres solteras o mujeres solas que crían a sus hijos, ha ido en franco aumento esto apoyado en el enérgico incrememento de las mujeres en el mundo laboral sumado a un cada vez más empoderado ejercicio del rol femenino como sujetas de derecho iguales a los hombres. Sin duda, la elección de una presidenta mujer contribuyó en este proceso, sin embargo las críticas que se le hicieron a la presidenta Bachelet muchas veces fueron críticas por ser mujer más que por su rol de estadista. Si su nivel de aprobación ciudadano sobrepasaba todas las expectativas era atribuido a su “dulzura y cercanía”, como se espera de una madre, más que por sus logros en política económica, social o exterior, como se espera de una estadista. Sin embargo, para la mayoría de las mujeres de este país la elección contribuyó a generar un sentimiento de “nosotras que podemos” que se ve reflejado en las dinámica sociales que hoy existen.
Este cambio fue acompañado por un fuerte compromiso por parte del estado de favorecer las condiciones de crianza de los hijos, el programa chile crece contigo es uno de los mejores ejemplos de esto, si bien no es un programa enfocado a la mujer específicamente incide en la generación de condiciones para la incorporación de las mujeres al mercado laboral y por ende incide en la independencia económica de las mismas, ya no se requiere un hombre para subsistir, compartir o no la vida con un ser del sexo opuesto se constituye en una opción y no en una imposición.
Hasta aquí aquello que está en el plano de lo económico y de la política social, pero otra cosa es la percepción de la sociedad en su conjunto respecto a las mujeres-madre-solteras (solas) y los hijos-de-madres-solteras (solas), si bien hoy el madresolterismo o familia con jefatura mujer es “aceptado”, no pasa de una aceptación a un asumir que la situación de madre o padre criando sola o solo a los hijos e hijas es normal.
Para los niños hijos de este tipo de familias aun hay estigmatización social, aun en los colegios se pregunta por el padre y se estigmatiza a los hijos sin padre. Las madres que salen a trabajar son cuestionadas y casi acusadas de abandono. Esta es una realidad que aun no cambia, los colegios católicos siguen prefiriendo en la selección a los niños de “familias bien constituidas” frente a los hijos de familias de “otros tipos”. Sin ir más lejos la propia recién asumida directora de JUNJI del actual gobierno declaró hace poco tiempo “La idea es que el jardín nunca reemplace a la mamá ni a la familia. Cuando la mamá pueda estar con su niño, que esté, pero cuando la mamá decida irse a tomar, ir a la playa o a tomar un café con una amiga dejando al niño en nuestras salas, eso es lo que nosotros tenemos que evitar porque no hay ningún estudio en el mundo que diga que el niño está mejor en una institución que con su familia”. La última frase de este comentario devela claramente cual es la forma de pensar del actual gobierno respecto al tema en tanto la mujer debe estar en la casa cuidando a los hijos y por ende tener un “hombre que las mantenga”.
La mujer aun es cuestionada por su “opción” en los círculos más conservadores de nuestra sociedad, que dicho sea de paso son los que hoy en día gobiernan nuestro país y que se manifiestan “a favor de la familia y en contra del aborto”, entendiendo por tal la clásica familia biparental con hijos, dejando implícitamente a las familia monoparentales y a las madre solteras por cierto y dejando a las mujeres sin la posibilidad de elegir si ser madres o no, las enajenan de su propio curpo. La represión de la mujer ha ido en aumento implícitamente, aparece en los detalles, podemos poner como ejemplo lo sucedido con la píldora del día después o en la intendencia de Coquimbo que prohíbe por medio de un instructivo que las mujeres utilicen un “cierto tipo de vestuario, tales como faldas que sean demasiado cortas, calzas y poleras con pabilos”.
Es resumen, si ha habido cambios en la concepción de la madre padre soltero soltera, sin embargo veo que emerge peligrosamente un fuerte movimiento conservador que pudiere hacer retroceder a nuestro país todo lo que se ha avanzado en esta área en años.
En el discurso público hay una mayor aceptación a este tipo de familia pero el discurso implícito y en las prácticas cotidianas aun hay una gran resistencia a incorporar a este tipo de familia.
Este cambio fue acompañado por un fuerte compromiso por parte del estado de favorecer las condiciones de crianza de los hijos, el programa chile crece contigo es uno de los mejores ejemplos de esto, si bien no es un programa enfocado a la mujer específicamente incide en la generación de condiciones para la incorporación de las mujeres al mercado laboral y por ende incide en la independencia económica de las mismas, ya no se requiere un hombre para subsistir, compartir o no la vida con un ser del sexo opuesto se constituye en una opción y no en una imposición.
Hasta aquí aquello que está en el plano de lo económico y de la política social, pero otra cosa es la percepción de la sociedad en su conjunto respecto a las mujeres-madre-solteras (solas) y los hijos-de-madres-solteras (solas), si bien hoy el madresolterismo o familia con jefatura mujer es “aceptado”, no pasa de una aceptación a un asumir que la situación de madre o padre criando sola o solo a los hijos e hijas es normal.
Para los niños hijos de este tipo de familias aun hay estigmatización social, aun en los colegios se pregunta por el padre y se estigmatiza a los hijos sin padre. Las madres que salen a trabajar son cuestionadas y casi acusadas de abandono. Esta es una realidad que aun no cambia, los colegios católicos siguen prefiriendo en la selección a los niños de “familias bien constituidas” frente a los hijos de familias de “otros tipos”. Sin ir más lejos la propia recién asumida directora de JUNJI del actual gobierno declaró hace poco tiempo “La idea es que el jardín nunca reemplace a la mamá ni a la familia. Cuando la mamá pueda estar con su niño, que esté, pero cuando la mamá decida irse a tomar, ir a la playa o a tomar un café con una amiga dejando al niño en nuestras salas, eso es lo que nosotros tenemos que evitar porque no hay ningún estudio en el mundo que diga que el niño está mejor en una institución que con su familia”. La última frase de este comentario devela claramente cual es la forma de pensar del actual gobierno respecto al tema en tanto la mujer debe estar en la casa cuidando a los hijos y por ende tener un “hombre que las mantenga”.
La mujer aun es cuestionada por su “opción” en los círculos más conservadores de nuestra sociedad, que dicho sea de paso son los que hoy en día gobiernan nuestro país y que se manifiestan “a favor de la familia y en contra del aborto”, entendiendo por tal la clásica familia biparental con hijos, dejando implícitamente a las familia monoparentales y a las madre solteras por cierto y dejando a las mujeres sin la posibilidad de elegir si ser madres o no, las enajenan de su propio curpo. La represión de la mujer ha ido en aumento implícitamente, aparece en los detalles, podemos poner como ejemplo lo sucedido con la píldora del día después o en la intendencia de Coquimbo que prohíbe por medio de un instructivo que las mujeres utilicen un “cierto tipo de vestuario, tales como faldas que sean demasiado cortas, calzas y poleras con pabilos”.
Es resumen, si ha habido cambios en la concepción de la madre padre soltero soltera, sin embargo veo que emerge peligrosamente un fuerte movimiento conservador que pudiere hacer retroceder a nuestro país todo lo que se ha avanzado en esta área en años.
En el discurso público hay una mayor aceptación a este tipo de familia pero el discurso implícito y en las prácticas cotidianas aun hay una gran resistencia a incorporar a este tipo de familia.
miércoles, julio 07, 2010
TRES TERREMOTOS EN CHILE, TAN SOLO UNA OPORTUNIDAD DE CONSTRUIR PAÍS
Por Mónica Vargas Aguirre
mavargasa@gmail.com
Tres terremotos y una oportunidad de reconstrucción de un país más justo y solidario
El día 27 de febrero de 2010, la sociedad chilena fue remecida por tres terremotos: El primero y el más evidente es el que podríamos denominar “terremoto físico”, éste fue de 8,8 en la escala de Richter, uno de los más grandes de la historia planetaria, tanto, que dejó gran parte de la infraestructura de la zona central con serios daños, más de un millón de viviendas destruidas, puentes cortados y caminos intransitables. Este terremoto generó fracturas físicas cuyo monto de reconstrucción es alto pero posible de solventar con el actual Estado de la economía chilena y con el esfuerzo de la población.
El segundo terremoto fue el “terremoto emocional”, el movimiento en la obscuridad de la noche, en el momento en que la mayoría de los chilenos dormían su sueño más profundo, trajo aparejadas inseguridades producidas por la sacudida misma que se fueron acrecentando en la medida que se accedía a las noticias y se enteraban de la magnitud de la catástrofe. Lo anterior, sumado a las incesantes réplicas, generó una situación de estrés en la población de muy difícil manejo para el psiquismo de los habitantes de la zona central. La situación se acrecentará con el peligro de hacerse crónica dado que los profesionales del área de salud mental no darán abasto y el deteriorado estado de las relaciones grupales y comunitarias presentes en la sociedad Chilena no permitirá pensar en éstas como soporte sanador de las heridas emocionales
Efectivamente el terremoto generó quiebres a nivel individual de difícil abordaje pero que se agudizan dada la fractura social que no permite un enfrentamiento colectivo del tema.
Un tercer terremoto por tanto fue el “terremoto político - institucional”, en una sociedad con un tejido social erosionado, donde la participación social no existe, donde los lazos comunitarios fueron rotos hace 40 años y nunca reconstituidos, donde el discurso dominante es que las instituciones funcionan pero que enfrentadas a la crisis en realidad no funcionaron, sumado al final de un periodo de gobierno de una coalición que permaneció en el poder 20 años pero que no resolvió temas fundamentales de derechos humanos y participación comunitaria, más la asunción, replica mediante, a dos semanas del desastre de otra coalición sin mayor experiencia en la gestión del Estado, con dificultades incluso para ocupar cargos estratégicos y que debe liderar la reconstrucción, configuran un panorama que muestra un Estado sin respuestas y a una población sin corporalidad colectiva que se organiza a tientas impulsada por necesidades imperiosas.
Cuando esa población sin respuestas político-institucional vuelve a mirarse a si misma como única alternativa para revolver la crisis, encuentra a una sociedad fragmentada sin redes de apoyo, cada individuo toma conciencia de su individualismo exacerbado y se ve enfrentado a un otro desconocido, quizás hasta temido, del cual depende en algunos casos para sobrevivir. Esta tercer quiebre es el más grave de todos porque cada individuo se dio cuenta de lo lejano que estaba de otros individuos. La fractura social es la peor de las fracturas evidenciadas con el sismo, esta fractura es anterior y se gestó durante la dictadura y se consolidó durante los gobiernos de la concertación, los que no pudieron o no quisieron sanarla. Esta es la fractura más difícil de abordar pero que puede transformar al terremoto en una oportunidad única para el país dada la existencia de una población sensibilizada con la necesidad de organizarse para reconstruir.
Como el tsunami que azotó a nuestras costas, este triple sismo azotó a nuestra sociedad dándonos en el centro. Y así como no hubo “un” terremoto no hay “una” alternativa de reconstrucción, cada sismo tiene varias opciones.
Evidentemente la construcción de viviendas dignas para las familias que lo perdieron todo y de una infraestructura vial que permita que el país funcione, debe ser puesta en un primer plano. Pero hay dos formas de hacerlo, una es entregar a las transnacionales de la construcción el trabajo, lo que sólo perpetuaría el individualismo y la competencia. La otra forma, es potenciar la articulación de los actores locales y comunitarios que permitan reconstruir los espacios a la medida de aquellos que habitan en ellos y no de modo estándar e impersonalizado.
En el ámbito emocional la opción es dejar en manos de los profesionales de la salud mental el tema y en una relación privada paciente-profesional cada individuo resuelva “su propio problema” u optar por una intervención de contención emocional y de abordaje grupal del estrés producido por los terremotos. Esta última alternativa permite reconstruir vínculos y acercarnos más a la esencia del “ser” humano, es decir, habitar en sociedad y por tanto en interacción con otros.
Y la tercera es la re-construcción de vínculos perdido hace más de 40 años. Esta re-construcción no es una reconstrucción del país de la dictadura o de la concertación, es un país con vínculos sociales fuertes, con un soporte de interacciones y de relaciones no mediadas por el dinero o el poder sino por la solidaridad y la colaboración. En realidad no una reconstrucción sino una CONSTRUCCIÓN con mayúsculas que nos permita pensar y construir un Chile distinto más amable, más justo.
Ante esto sólo queda optar.
mavargasa@gmail.com
Tres terremotos y una oportunidad de reconstrucción de un país más justo y solidario
El día 27 de febrero de 2010, la sociedad chilena fue remecida por tres terremotos: El primero y el más evidente es el que podríamos denominar “terremoto físico”, éste fue de 8,8 en la escala de Richter, uno de los más grandes de la historia planetaria, tanto, que dejó gran parte de la infraestructura de la zona central con serios daños, más de un millón de viviendas destruidas, puentes cortados y caminos intransitables. Este terremoto generó fracturas físicas cuyo monto de reconstrucción es alto pero posible de solventar con el actual Estado de la economía chilena y con el esfuerzo de la población.
El segundo terremoto fue el “terremoto emocional”, el movimiento en la obscuridad de la noche, en el momento en que la mayoría de los chilenos dormían su sueño más profundo, trajo aparejadas inseguridades producidas por la sacudida misma que se fueron acrecentando en la medida que se accedía a las noticias y se enteraban de la magnitud de la catástrofe. Lo anterior, sumado a las incesantes réplicas, generó una situación de estrés en la población de muy difícil manejo para el psiquismo de los habitantes de la zona central. La situación se acrecentará con el peligro de hacerse crónica dado que los profesionales del área de salud mental no darán abasto y el deteriorado estado de las relaciones grupales y comunitarias presentes en la sociedad Chilena no permitirá pensar en éstas como soporte sanador de las heridas emocionales
Efectivamente el terremoto generó quiebres a nivel individual de difícil abordaje pero que se agudizan dada la fractura social que no permite un enfrentamiento colectivo del tema.
Un tercer terremoto por tanto fue el “terremoto político - institucional”, en una sociedad con un tejido social erosionado, donde la participación social no existe, donde los lazos comunitarios fueron rotos hace 40 años y nunca reconstituidos, donde el discurso dominante es que las instituciones funcionan pero que enfrentadas a la crisis en realidad no funcionaron, sumado al final de un periodo de gobierno de una coalición que permaneció en el poder 20 años pero que no resolvió temas fundamentales de derechos humanos y participación comunitaria, más la asunción, replica mediante, a dos semanas del desastre de otra coalición sin mayor experiencia en la gestión del Estado, con dificultades incluso para ocupar cargos estratégicos y que debe liderar la reconstrucción, configuran un panorama que muestra un Estado sin respuestas y a una población sin corporalidad colectiva que se organiza a tientas impulsada por necesidades imperiosas.
Cuando esa población sin respuestas político-institucional vuelve a mirarse a si misma como única alternativa para revolver la crisis, encuentra a una sociedad fragmentada sin redes de apoyo, cada individuo toma conciencia de su individualismo exacerbado y se ve enfrentado a un otro desconocido, quizás hasta temido, del cual depende en algunos casos para sobrevivir. Esta tercer quiebre es el más grave de todos porque cada individuo se dio cuenta de lo lejano que estaba de otros individuos. La fractura social es la peor de las fracturas evidenciadas con el sismo, esta fractura es anterior y se gestó durante la dictadura y se consolidó durante los gobiernos de la concertación, los que no pudieron o no quisieron sanarla. Esta es la fractura más difícil de abordar pero que puede transformar al terremoto en una oportunidad única para el país dada la existencia de una población sensibilizada con la necesidad de organizarse para reconstruir.
Como el tsunami que azotó a nuestras costas, este triple sismo azotó a nuestra sociedad dándonos en el centro. Y así como no hubo “un” terremoto no hay “una” alternativa de reconstrucción, cada sismo tiene varias opciones.
Evidentemente la construcción de viviendas dignas para las familias que lo perdieron todo y de una infraestructura vial que permita que el país funcione, debe ser puesta en un primer plano. Pero hay dos formas de hacerlo, una es entregar a las transnacionales de la construcción el trabajo, lo que sólo perpetuaría el individualismo y la competencia. La otra forma, es potenciar la articulación de los actores locales y comunitarios que permitan reconstruir los espacios a la medida de aquellos que habitan en ellos y no de modo estándar e impersonalizado.
En el ámbito emocional la opción es dejar en manos de los profesionales de la salud mental el tema y en una relación privada paciente-profesional cada individuo resuelva “su propio problema” u optar por una intervención de contención emocional y de abordaje grupal del estrés producido por los terremotos. Esta última alternativa permite reconstruir vínculos y acercarnos más a la esencia del “ser” humano, es decir, habitar en sociedad y por tanto en interacción con otros.
Y la tercera es la re-construcción de vínculos perdido hace más de 40 años. Esta re-construcción no es una reconstrucción del país de la dictadura o de la concertación, es un país con vínculos sociales fuertes, con un soporte de interacciones y de relaciones no mediadas por el dinero o el poder sino por la solidaridad y la colaboración. En realidad no una reconstrucción sino una CONSTRUCCIÓN con mayúsculas que nos permita pensar y construir un Chile distinto más amable, más justo.
Ante esto sólo queda optar.
viernes, marzo 19, 2010
El “miedo al otro en la ciudad”
De la normalidad de los dominadores
y el rechazo de lo normado de los dominados
Por: Mónica Vargas Aguirre
Distancias físicas y temporales máximas o mínimas solo me recuerdan que el amor verdadero es eterno e inconmensurable
La migración campo ciudad ha culminado en la mayoría de los países occidentales, dado como resultado que la mayor parte de la población mundial esté asentada en las diferentes urbes del planeta, este es hoy el principal espacio que contiene las interacciones entre seres humanos, lo que suceda en ellas marca el rumbo de las sociedades modernas o posmodernas es por esto que se hace relevante el estudio exhaustivo de lo que en ellas acontezca dado que esto nos permite entender de mejor manera los fenómenos sociales.
Las ciudades son el reflejo físico del modo de organización de las sociedades que viven en ellas. Las metrópolis latinoamericanas en general y las chilenas en particular muestran una fuerte fragmentación de los espacios donde la diferencia entre las personas se hace evidente y donde no existe una posibilidad siquiera de incorporar a los marginados a los beneficios del desarrollo. En este contexto, la posibilidad misma de ejercicio de ciudadanía se ve limitado. En la urbe se pueden encontrar lugares bellos y bien cuidados que nos hablan de progreso y estabilidad, esos lugares son habitados por los privilegiados del sistema político y económico, pero también se pueden encontrar lugares sucios y descuidados donde viven los excluidos, y que reflejan una ciudad que no reparte sus beneficios equitativamente, la desigualdad se hace palpable y nadie puede negarla.
El sistema político chileno por su parte intenta recomponer una democracia desquebrajada por la dictadura, pero después de casi veinte años, al observar el espacio urbano y el aumento de la segregación en él (que en términos sociales sería el reflejo del aumento de la desigualdad) se puede visualizar la existencia de un serio problema de exclusión social que se convierte en un indicador certero de una problemática más seria aun y que está en el ámbito del funcionamiento de un gobierno que se autodenomina democrático.
Las ciudades fragmentadas han implicado la emergencia de un fenómeno social denominado “el miedo al otro” ese otro es descrito como aquel que no maneja los códigos de los que habitan el espacio conocido. Este fenómeno ha traído como consecuencia un miedo impreciso de unos hacia otros que no tiene un sustento racional pero que se siente, ese miedo a su vez a servido para justificar una serie de medidas de control que no apuntan al problema central del desconocimiento entre seres humanos que comparte un mismo territorio sino que han atacado el síntoma agudizando de paso la enfermedad, producto de una suerte de estigmatización y criminalización de todo aquel ciudadano (que solo tiene el título de tal porque se acerca a la urna de vez en cuando) que habita en los sectores periféricos y que manifiesta su descontento porque no está de acuerdo con la forma en la que se ha llevado adelante el proceso de democratización del país, pero que tampoco es capas de construir alternativas.
El artículo que desarrollo a continuación busca vincular ese “miedo al otro” al tipo de democracia existente hoy en el país realizando un intento por traza sus orígenes y perspectivando sus consecuencias.
Sabemos que en el medioevo europeo la seguridad al interior de la ciudades estaba determinada por la organización de aquellos que habitaban la urbe, los conflictos eran resueltos en la misma comunidad con normas previamente establecidas que incluían por cierto, el hecho de que el conflicto pudiere ser dirimido por una autoridad que obtenía su poder directamente del rey (poder político) y/o de Dios (poder religioso), esta autoridad se caracterizaba por tener rasgos autoritarios, se “debía” obediencia, no se “elegía” obedecer. Si bien dicha autoridad accionaba en algunos casos abusando de su poder, este era un riesgo conocido, que se podía calcular, prever, si bien las condiciones de vida no eran las mejores, sí era predecible lo que sucedería en las interacciones cotidianas si las personas actuaban de una u otra forma. La autoridad en suma estaba legitimada, algunas veces por medio de la violencia y el miedo y siempre legitimada por Dios y/o la herencia. El tamaño del espacio en el que se emplazaba la urbe permitía resolver los problemas entre las personas cara a cara, los peligros mayores se encontraban por tanto en los extramuros y estaban representados por potenciales agresiones provenientes de otras comunidades. Los peligros que asechaban fuera del burgo eran desconocidos para la mayoría de sus habitantes, así estos preferían conformarse con las miserables condiciones de vida que a algunos les tocaba, a emprender la aventura que implicaba salir fuera de las murallas. Erich Fromm decía que “en nuestro esfuerzo por escapar de la soledad y la impotencia, estamos dispuestos a deshacernos de nuestro yo individual, ya sea por sumisión a nuevas formas de autoridad o adaptándonos compulsivamente a los patrones establecidos” y el caso de los Burgos medievales puede ser un buen ejemplo, la guía moral, la definición de lo bueno y lo malo en ese contexto estaba claramente establecida y debieron pasar varios siglos y una crisis antes de que fuese posible cambiar el orden medieval.
En la comunidad indígena latinoamericana por su parte, existían también normas claramente establecidas y aceptadas por todos, aunque no estuvieran contenidas en un código escrito, si había una ética que regía la vida en comunidad, lo bueno y lo malo, el deber ser social se presentaba pre dado y sólo había que adaptarse y vivir dentro de un marco normativo común a toda la tribu. El pensamiento y la práctica moral se regían por la existencia en el imaginario comunitario de un código ético no ambivalente y no aporético y por tanto aplicable universalmente a las relaciones al interior de una colectividad específica. El yo moral indígena sacrificado en función del yo social de la tribu diría Bauman . Al igual que en el medioevo europeo la autoridad, otorgada por algún Dios al jefe de la colectividad era incuestionada. En ambas circunstancias históricas, los liderazgos tenían un carácter fuertemente autoritario, ambas dinámicas, sin embargo permanecieron más de diez siglos inalteradas.
En cualquier periodo histórico que revisemos la ética estaba directamente ligada a la moral del colectivo del que se trataba, el tamaño de la unidad permitía homogeneizar el criterio de “violación a la norma” implícita o explícita, bueno era bueno y lo malo era malo, no se admitían relatividades, el costo de esta estabilidad era transar la libertad , la trasgresión era significada como inapropiada por toda la comunidad que compartía reglas y recursos en el campo simbólico, lo que nada tiene que ver por cierto, con la justicia o la equidad que el compartir esas reglas y recursos implicaba.
La connotación para efectos de la dinámica social, que esto tenía era la no generación de un gran conflicto al interior de las comunidades, el temor era un temor conocido vinculado a las relaciones sociales también conocidas o a las agresiones externas probables pero que eran enfrentadas colectivamente.
El surgimiento de las grandes ciudades cambió el carácter del miedo, este pasó a ser parte del espacio dentro de las murallas de la propia urbe con el agravante que la magnitud de estas no permite el encuentro cara a cara, lo que modifica a su vez la forma de establecimiento de parámetros de normalidad y de sanción, ahora estos son definidos por medio de instituciones especialmente creadas para ello y que se suponen representativas del sentir ciudadano.
El carácter del control de los fenómenos que causaban miedo en aquellos espacios que concentraban una gran cantidad de población, por tanto, cambió de una época a otra, en principio se actuaba con la segregación o eliminación de aquellos portadores de las causas del miedo (en la ciudad amurallada los leprosos quedaban fuera y los ladrones eran colgados en la plaza pública), hoy en las grandes urbes sin fronteras físicas visibles se actúa de otro modo menos evidente pero igualmente segregador y violento, se actúa, en palabras de Foucault , con “disciplinamiento social”, disciplinamiento que con el advenimiento de la globalización neoliberal y el derrumbe de los socialismos históricos intenta ser cada vez más homogeneizante y extendido.
Este intento sin embargo, se produce en un contexto en el cual la persona es cada vez más conciente de sus derechos, incluido el de la libertad, la población mundial aumenta su nivel educacional, la información se masifica por medio del teléfono, la televisión y la Internet lo que trae como correlato el aumento de los niveles de conciencia de derechos, estos ya no son solo conocidos sino que exigido. Sin embargo, la evidente crisis sociopolítica y económica provocada por el liberalismo, la caída de los socialismos históricos y el franco retroceso del cristianismo como alternativa política ha traído consigo una crisis espiritual y valórica en las sociedades que hacen difícil la definición de los derechos exigibles para todos por igual ya no existe “una” forma de ser bueno o malo, se derrumban las visiones de mundo, de la historia y de la política. La crisis material por su parte se manifiesta en el agotamiento de los recursos planetarios y por tanto en el agotamiento de la idea de progreso ilimitado de la sociedad y en las desigualdades que produce el sistema neoliberal predominante en la mayoría de las sociedades occidentales, la crisis valórica a su vez se hace ostensible en la relativización de lo bueno y lo malo, bello y lo feo. A este fenómeno algunos autores le han denominado la “crisis de la modernidad” que no es más que la confluencia de la crisis material y valórica del sistema social.
Esta crisis produce divisiones irreconciliables entre clases sociales en donde los desencuentros a su vez generan un fenómeno denominado “miedo al otro”, ese miedo es enfrentado por aquellos que ostentan el poder combinando el intento de un fuerte disciplinamiento social con una segregación de los espacios con fronteras físicas invisibles pero manifiestas, la combinación perfecta entre violencia explícita y violencia simbólica diría Bourdieu. Sin embargo, la aplicación conjunta de estas dos formas de control es altamente peligrosas para la estabilidad de las sociedades modernas, de ello hoy en día Santiago de Chile es un claro ejemplo en donde la violencia es generada por la atomización de una sociedad compleja, la segregación actúa como una barrera invisible que no permite el encuentro entre perspectivas diversas. Las instituciones creadas con el objetivo de establecer los parámetros de normalidad y las sanciones a los transgresores, están siendo ocupadas por una parte de la población (que dicho sea de paso habita en un territorio específico de la ciudad, formado por las 5 comunas del área oriente) y no por representantes de la diversidad que constituye la sociedad posmoderna. Lo anterior trae como consecuencia el establecimiento de parámetros estandarizados, acordes solo al modo de vida de la clase dominante, dejando fuera a gran parte de la población . La segregación urbana como manifestación palpable de un fenómeno de diferenciación absoluta no permite hacer la reflexión a quienes están involucrados en este proceso, dado que para ellos los “otros” simplemente no existen, estos están invisibilizados en cifras y datos dejando de ser parte del cotidiano de quienes toman las decisiones.
Para los otros (los habitantes de las restantes comunas del país), aquellos que están fuera de la esfera de la toma de decisiones es cada día menos legítima la norma impuesta (la cual en la mayoría de los casos es además, desconocida), esta norma es vista como una norma externa, no propia ni apropiada, se la ve fuera del contexto en el que se desenvuelven, la norma no es lo normal sino la excepción. Esta distancia respecto de la norma se manifiesta tanto en el ámbito de lo individual como en el colectivo, cada individuo autojustifica su transgresión de modo tal que no se le produzca una disonancia cognitiva, cada grupo específico maneja sus propios códigos normativos que están incluso por sobre la norma social. Este segmento de la población sin embargo, externamente está expuesto a las sanciones fuera de su propio territorio y es vulnerable dado que no tiene redes de contactos con aquellos que toman decisiones y aplican la ley.
Existe otro grupo dentro de la sociedad que si bien no se encuentra directamente inserto en la esfera de la toma de decisiones políticas, posee un poder económico y de relaciones sociales de tal envergadura que les permite situarse por sobre la normatividad colectiva, para este grupo la norma y la sanción son conocida, aceptadas y hasta promovidas para ser aplicadas al resto, mas no para este grupo en sí, el nivel de influencias que este conjunto posee les permite moverse con una cierta tranquilidad en los márgenes de la legalidad sin recibir sanción cuando pasan la línea al lado de la trasgresión, dicha trasgresión en este caso es conciente y no produce les disonancia dado que se piensan y saben por sobre la norma colectiva. Externamente la aplicación de la legalidad, dentro o fuera del territorio propio donde se mueve este grupo, es relativizada y ajustada al poder de influencias o el dinero de quienes transgreden.
Es interesante destacar además que es este segundo grupo quien promueve la democracia ya no como filosofía de vida sino que como una estrategia de dominación, asemejando democracia a un Estado en donde el control punitivo se presenta como fundamental, control que como mencionaba anteriormente no los alcanza. Esto no solamente sucede en Chile, Bourdieu señala por ejemplo que “En los Estados Unidos se asiste a un desdoblamiento del Estado: por un lado, hay un Estado que asegura ciertas garantías sociales, pero solo para los privilegiados, suficientemente garantizados para dar seguridades y garantías, y por otro, un Estado represivo y policial para el pueblo”… “Se trata en este caso de una especie de realización del sueño de los dominadores, un Estado que como ha mostrado Loïc Wacquant, se reduce cada vez más a su función policial” . Se puede ver entonces que este fenómeno está ocurriendo masivamente en las sociedades regidas bajo la economía neoliberal y que utilizan a la democracia como un subterfugio para la dominación.
En este contexto internacional, la democracia entonces, no cumple con los requisitos necesarios para constituirse como tal, es decir como un sistema de deberes y derechos más que como un régimen de gobierno, esto trae consecuencias impensadas en la convivencia al interior del espacio urbano. En la “democracia neoliberal” no hay una participación efectiva de la población en la formulación y ejecución de las políticas de gobierno, estas están vedada para una gran mayoría, sólo los grupos privilegiados pueden acceder a la toma de decisiones, el resto de la población es convencido de que participar es votar, y de que elegir a un representante enajena la posibilidad de participación directa. En Chile además, el argumento al que se apela en el discurso de los que sustentan el poder invoca subrepticiamente a la dictadura militar como a un fantasma del que nadie se quiere acordar pero que todos le temen porque aun está presente en la institucionalidad del país y se presenta amenazante ante cualquier intento de cambiar el estatus quo de la nación, Chile se nos presenta hoy como un país en el que una gobernabilidad sistémica eficiente oculta las deficiencia de la gobernabilidad democrática, que dicha sea de paso es la verdadera democracia. El riesgo de no aventurarse a cambios radicales que permitan ampliar esta idea restringida de democracia, está en el desprestigio y la pérdida de legitimidad cada vez más evidente de esta forma de gobierno con un sustantivo aumento del prestigio de las acciones violentas físicas y simbólicas en función del logro de objetivos. El “todo vale” se instala silencioso en la sociedad chilena, la ciudad por ejemplo se divide en los “unos” y los “otros” donde no existen espacios de encuentro alejándose día a día la posibilidad de la generación de un lugar construido entre todos y todas y donde todos y todas caben en igualdad de deberes y derechos.
Nuestra democracia tampoco es capas de cautelar una entrega de información a todos los ciudadanos por igual, si bien es cierto en teoría existe libertad de prensa y hay una voluntad por parte de la presidenta de transparentar la gestión del Estado, no es menos cierto que la propiedad de los medios de comunicación está en manos de unos pocos grupos económicos y que el periodismo alternativo no cuenta con los recursos necesarios para contrarrestar la avalancha informativa de los grupos dominantes. La televisión es el mejor ejemplo de esto, siendo este medio el más visto por la población es prácticamente imposible que aparezca en la pantalla un discurso que no esté acorde con los valores que sustentan el sistema dominante y desde los comerciales a los programas de concursos se fomenta la competencia y la satisfacción individual de necesidades reales o creadas, basta con observar detenidamente algunos comerciales en los que no importa que otro sufra si el individuo puede tener el placer de solazarse con algún producto específico, basta con contar en la televisión abierta el número de comerciales que mencionan la palabra solidaridad y compararlo con los que mencionan la palabra individuo o individual (pack individual, disfrútalo solo, cotización individual, etc.), evidentemente esto no es una estrategia planificada para imponer determinados valores a las sociedad chilena, más grave aun, nadie cuestiona esta dinámica porque el individualismo a pasado a ser parte de nuestra doxa. En cuanto a la transparencia de la entrega de información por parte del Estado, las buenas intenciones se ven limitadas de nuevo por una doxa dominante que permite que algunos crean que son los iluminados y que no es necesario que la información acerca de las decisiones tomadas esté acompañada de las alternativas existentes, esto se basa en la idea de que realizar dicho ejercicio requiere la inversión de un tiempo innecesario en promover la participación que puede ser utilizado en temas más útiles y en la idea también de que la población no cuenta con las herramientas educacionales y el criterio suficiente para saber lo que necesita. El impacto que esto ha tenido en el espacio urbano se hace evidente en el diseño de las políticas sociales de vivienda y urbanismo en las cuales por mucho tiempo no se consideró la realidad específica de cada poblado diseñando programas aplicados estandarizadamente a todo el país con las consecuencias que ya conocemos de ineficiencia y segregación de los espacios.
Para que hablar del manejo de la agenda de los gobernantes, la ciudadanía no tiene acceso a ella sino es por medio de manifestaciones violentas ya que no existen mecanismos para que esta intervenga, proponga y corrija efectivamente la agenda pública. Este punto se presenta peligroso dado que se genera una idea en el imaginario social de que la única forma de ser escuchados es por medio de la violencia, aquello que debiera ser la última alternativa se transforma en “la” alternativa existente de los que están fuera de las esferas de poder económico y político para intervenir en la política. Esto, sumado a la debilidad de los partidos políticos y a la carencia de discursos que permitan imaginar alternativas de cambio generan en la sociedad chilena una idea de relaciones que incluye la violencia como la mejor alternativa, dada su rapidez y efectividad. El fantasma de la dictadura se diluye con el paso del tiempo y ya no es suficiente para mantener el control, ante esto, emerge un nuevo fantasma, el de la delincuencia que permite justificar la represión pero que no tiene la misma carga de miedo de los regimenes de facto y peor aun no tiene el mismo rechazo por parte de la población, el cambio valórico incluye incluso la comisión de actos que rayan en lo inmoral aunque no estén tipificados como delitos, es más incluso hoy en día en muchos sectores de la población la comisión misma de delitos es aceptada como válida para satisfacer necesidades individuales cuando no existe otra alternativa. Lo anterior nos muestra en ciernes un fenómeno que no solo no permita la gobernabilidad democrática sino que tampoco permita la gobernabilidad sistémica.
Es en el plano de la igualdad en donde nuestra democracia presenta los mayores problemas, nuestra sociedad evidencia tal desigualdad que ya ni siquiera es obviable por aquellos que promueven el sistema que la genera, tanto es así que hoy se habla de “corregir el modelo”, la pregunta que surge es si es posible corregir un modelo cuya esencia es la competencia y el individualismo, por tanto la existencia de ganadores y perdedores, de los “unos” y los “otros”, el valor ético moral que sustenta el modelo político-económico tras la democracia chilena es la desigualdad tanto entre seres humanos como entre seres humanos y el resto de la naturaleza, la pregunta que debiéramos hacernos entonces es ¿es posible construir una verdadera democracia bajo este sistema económico?. Definitivamente no, un sistema cuyas bases son el individualismo, el retiro del Estado y la supremacía del mercado no puede sino genera desigualdades porque es esto lo que permite que funcione. Los efectos que esto trae es la agudización de la división de la sociedad entre ricos y pobres, el viejo planteamiento marxista de la clase dueña de los medios de producción y los trabajadores, muchos abrirán los ojos casi hasta desorbitárseles al leer esto, pero es así, hoy por ejemplo no hay posibilidad de encuentro cotidiano entre los dueños de las grandes empresas y el resto de la población trabajadora, efectivamente una parte de la población trabajadora contará con algunos privilegios que le permite al capitalista mantener una correlación de fuerzas necesaria para gobernar. El espacio urbano en casi todas las ciudades del país muestra un claro mapa de esta atomización, ricos y pobres habitan siempre en sectores separados de la ciudad y en la capital no solo habitan en sectores separados sino que además se ha venido desarrollando un proyecto urbano que no permite los encuentros en el tránsito cotidiano de un lugar a otro, esto produce la invisibilización para quienes toman las decisiones de las malas condiciones de vida del resto de la población, sin embargo, los medios de comunicación se encargan de mostrar a los postergados los privilegios que solo algunos tienen, estro provoca en la población una rabia que genera escalofríos, las últimas investigaciones que realicé en la ciudad de Santiago, este año 2007 demostró que esa rabia ha aumentado en el último tiempo a niveles impensados anteriormente. La bomba urbana que describí en gestación el año 1996 está por estallar.
Algunos más optimistas pudieren pensar que lo anterior anuncia una situación pre revolucionaria, pero no es así, la crisis política y el desprestigio del cristianismo y el marxismo (como alternativa política) frente a un predominio sin contrapeso del liberalismo ha generado la pérdida de la fe en la posibilidad de construcción de alternativas viables. Si bien se han desarrollado proyectos locales y han surgido los nuevos movimientos social transversales, estos no abordan los dos problemas centrales de las sociedades posmodernas, las crisis valórica, política, socioeconómica y medio ambiental a las que nos vemos enfrentados como planeta. De no surgir pronto movimientos fuertes que permiten recuperar las confianzas entre seres humanos me temo que la crisis final es inevitable, ya no solo la violencia simbólica sino que la violencia física se apoderará de las sociedades arriesgando la continuidad de estas dando paso a aglomeraciones urbanas divididas en territorios cuyos habitantes funcionen con lógicas tribales.
Lo anterior se explica porque cada vez hay menos personas que consideran la norma impuesta por el Estado como una norma legítima, se pone en entre dicho entonces la noción misma de orden, lo que sumado a altos niveles de pugnas entre individuos dentro del espacio social por la satisfacción de sus propias necesidades, generan un espacio social altamente proclive al desarrollo de la violencia como respuesta legítima y única para la resolución de los conflictos.
El sentimiento más o menos generalizado de que la violencia se ha constituido para muchos en una respuesta legítima para la resolución de conflictos implica también sentimientos de inseguridad difusos dado su carácter estructural. Este es un sentimiento de miedo sin una imagen a quien imputarle su provocación, lo anterior genera una necesidad de autoprotección manifestada en una actitud de defensa y de aislamiento individual que agudiza el desconocimiento del otro, aumentando el miedo a ese otro, potenciando la inseguridad, imponiéndose un circuito de difícil solución en tanto implica, una relación circular cuya característica basal es el neoliberalismo en donde el punto de inicio y de fin es el individualismo metodológico. Todo otro se transforma en un potencial agresor, es un enemigo por definición, culpable hasta que pruebe lo contrario, pero sin las condiciones necesarias para poder probar la inocencia. Los acercamientos entre personas diferentes son cada vez menos probable, toda conducta de otro ser social diferente provoca miedo.
Este miedo al otro, hace referencia a sentirse amenazado por otro diferente a mí mismo, que no es parte cotidiana de mi entorno y no maneja los códigos de la tribu, sin embargo, como se veía anteriormente en esta definición resuenan otras inseguridades; aquellas provocadas por el debilitamiento del vínculo social, del sentimiento de comunidad y, finalmente, de la noción misma de orden. En el caso chileno el “miedo al otro” es al mismo tiempo un elemento de una estructura de seguridad y el objeto de un discurso que legitima dicha estructura. Se ve reflejado aquello que Ronal Barthes anuncia para la sociedad de masas cuando señala que este tipo de sociedad “estructura lo real de dos maneras concomitantes, produciéndolo y escribiéndolo” en Chile existe efectivamente delincuencia pero la estigmatización de los que la cometen refuerza el miedo entre conciudadanos.
Las normas y procedimientos establecidos para el habitar, en las ciudades actuales han perdido legitimidad, las estrategias de control social ya no son aceptadas colectivamente en gran parte por la falta de interacción entre las personas, las que se han visto permeadas por el individualismo metodológico, lo que ha significado una atomización social y por tanto un repliegue de los sujetos a sus casas abandonando las calles y espacios públicos, produciendo un nicho ideal a la delincuencia una vez más un círculo que cuadra.
El miedo al crimen masificado que solo refleja el conjunto de las conductas anómicas en sociedad sirven de argumento para el ejercicio de una serie de atropellos y vejámenes a determinado grupo de la población, lo que a su vez genera más violencia en ese grupo, cayendo en una espiral de violencia de difícil control. La estrategia apropiada para disminuir la violencia entonces no es represiva sino inclusiva.
En suma, aunque se diseñen estrategias represivas para el control de la violencia y se sume dinero del erario público a la aplicación de las políticas sociales esto nunca será suficiente porque las estrategias represivas solo generan estados de ánimo que promueven la violencia en aquellos que son reprimidos y las necesidades son infinitas y siempre están en aumento. Mientras no se aborde el tema complementando la asignación de recursos que promueven la equidad en la distribución de el ingreso con una promoción intencionada de transmisión y asentamiento de aquellos valores que sustentan la democracia como la solidaridad, autodeterminación y la relevancia del interés social por sobre el interés individual, no habrá posibilidades de avanzar en la constitución de una verdadera democracia y por tanto no habrá posibilidades para la paz.
Bibliografía
Barthes, Ronald; “Sociología y socio lógica”, artículo en Barbano Filipo, “Estructuralismo y sociología”; Ediciones Nueva Visión Buenos Aires, 196?
Bourdieu Pierre, “La dominación masculina”, editorial anagrama, colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000 (primera edición 1998).
Pierre Bourdieu, “La dominación masculina” editorial Anagrama colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000.
Bourdieu, Pierre, “Contrafuegos, reflexiones par servir a la resistencia contra la invasión neoliberal”, Editorial Anagrama, Barcelona 2° edición, 2000.
Erich Fromm, “El miedo a la libertad”
Foucault, Michel; Vigilar y Castigar Editorial Siglo XXI, Madrid, 1996
Zygmunt Bauman, “Ética posmoderna”, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina, 2004.
y el rechazo de lo normado de los dominados
Por: Mónica Vargas Aguirre
Distancias físicas y temporales máximas o mínimas solo me recuerdan que el amor verdadero es eterno e inconmensurable
La migración campo ciudad ha culminado en la mayoría de los países occidentales, dado como resultado que la mayor parte de la población mundial esté asentada en las diferentes urbes del planeta, este es hoy el principal espacio que contiene las interacciones entre seres humanos, lo que suceda en ellas marca el rumbo de las sociedades modernas o posmodernas es por esto que se hace relevante el estudio exhaustivo de lo que en ellas acontezca dado que esto nos permite entender de mejor manera los fenómenos sociales.
Las ciudades son el reflejo físico del modo de organización de las sociedades que viven en ellas. Las metrópolis latinoamericanas en general y las chilenas en particular muestran una fuerte fragmentación de los espacios donde la diferencia entre las personas se hace evidente y donde no existe una posibilidad siquiera de incorporar a los marginados a los beneficios del desarrollo. En este contexto, la posibilidad misma de ejercicio de ciudadanía se ve limitado. En la urbe se pueden encontrar lugares bellos y bien cuidados que nos hablan de progreso y estabilidad, esos lugares son habitados por los privilegiados del sistema político y económico, pero también se pueden encontrar lugares sucios y descuidados donde viven los excluidos, y que reflejan una ciudad que no reparte sus beneficios equitativamente, la desigualdad se hace palpable y nadie puede negarla.
El sistema político chileno por su parte intenta recomponer una democracia desquebrajada por la dictadura, pero después de casi veinte años, al observar el espacio urbano y el aumento de la segregación en él (que en términos sociales sería el reflejo del aumento de la desigualdad) se puede visualizar la existencia de un serio problema de exclusión social que se convierte en un indicador certero de una problemática más seria aun y que está en el ámbito del funcionamiento de un gobierno que se autodenomina democrático.
Las ciudades fragmentadas han implicado la emergencia de un fenómeno social denominado “el miedo al otro” ese otro es descrito como aquel que no maneja los códigos de los que habitan el espacio conocido. Este fenómeno ha traído como consecuencia un miedo impreciso de unos hacia otros que no tiene un sustento racional pero que se siente, ese miedo a su vez a servido para justificar una serie de medidas de control que no apuntan al problema central del desconocimiento entre seres humanos que comparte un mismo territorio sino que han atacado el síntoma agudizando de paso la enfermedad, producto de una suerte de estigmatización y criminalización de todo aquel ciudadano (que solo tiene el título de tal porque se acerca a la urna de vez en cuando) que habita en los sectores periféricos y que manifiesta su descontento porque no está de acuerdo con la forma en la que se ha llevado adelante el proceso de democratización del país, pero que tampoco es capas de construir alternativas.
El artículo que desarrollo a continuación busca vincular ese “miedo al otro” al tipo de democracia existente hoy en el país realizando un intento por traza sus orígenes y perspectivando sus consecuencias.
Sabemos que en el medioevo europeo la seguridad al interior de la ciudades estaba determinada por la organización de aquellos que habitaban la urbe, los conflictos eran resueltos en la misma comunidad con normas previamente establecidas que incluían por cierto, el hecho de que el conflicto pudiere ser dirimido por una autoridad que obtenía su poder directamente del rey (poder político) y/o de Dios (poder religioso), esta autoridad se caracterizaba por tener rasgos autoritarios, se “debía” obediencia, no se “elegía” obedecer. Si bien dicha autoridad accionaba en algunos casos abusando de su poder, este era un riesgo conocido, que se podía calcular, prever, si bien las condiciones de vida no eran las mejores, sí era predecible lo que sucedería en las interacciones cotidianas si las personas actuaban de una u otra forma. La autoridad en suma estaba legitimada, algunas veces por medio de la violencia y el miedo y siempre legitimada por Dios y/o la herencia. El tamaño del espacio en el que se emplazaba la urbe permitía resolver los problemas entre las personas cara a cara, los peligros mayores se encontraban por tanto en los extramuros y estaban representados por potenciales agresiones provenientes de otras comunidades. Los peligros que asechaban fuera del burgo eran desconocidos para la mayoría de sus habitantes, así estos preferían conformarse con las miserables condiciones de vida que a algunos les tocaba, a emprender la aventura que implicaba salir fuera de las murallas. Erich Fromm decía que “en nuestro esfuerzo por escapar de la soledad y la impotencia, estamos dispuestos a deshacernos de nuestro yo individual, ya sea por sumisión a nuevas formas de autoridad o adaptándonos compulsivamente a los patrones establecidos” y el caso de los Burgos medievales puede ser un buen ejemplo, la guía moral, la definición de lo bueno y lo malo en ese contexto estaba claramente establecida y debieron pasar varios siglos y una crisis antes de que fuese posible cambiar el orden medieval.
En la comunidad indígena latinoamericana por su parte, existían también normas claramente establecidas y aceptadas por todos, aunque no estuvieran contenidas en un código escrito, si había una ética que regía la vida en comunidad, lo bueno y lo malo, el deber ser social se presentaba pre dado y sólo había que adaptarse y vivir dentro de un marco normativo común a toda la tribu. El pensamiento y la práctica moral se regían por la existencia en el imaginario comunitario de un código ético no ambivalente y no aporético y por tanto aplicable universalmente a las relaciones al interior de una colectividad específica. El yo moral indígena sacrificado en función del yo social de la tribu diría Bauman . Al igual que en el medioevo europeo la autoridad, otorgada por algún Dios al jefe de la colectividad era incuestionada. En ambas circunstancias históricas, los liderazgos tenían un carácter fuertemente autoritario, ambas dinámicas, sin embargo permanecieron más de diez siglos inalteradas.
En cualquier periodo histórico que revisemos la ética estaba directamente ligada a la moral del colectivo del que se trataba, el tamaño de la unidad permitía homogeneizar el criterio de “violación a la norma” implícita o explícita, bueno era bueno y lo malo era malo, no se admitían relatividades, el costo de esta estabilidad era transar la libertad , la trasgresión era significada como inapropiada por toda la comunidad que compartía reglas y recursos en el campo simbólico, lo que nada tiene que ver por cierto, con la justicia o la equidad que el compartir esas reglas y recursos implicaba.
La connotación para efectos de la dinámica social, que esto tenía era la no generación de un gran conflicto al interior de las comunidades, el temor era un temor conocido vinculado a las relaciones sociales también conocidas o a las agresiones externas probables pero que eran enfrentadas colectivamente.
El surgimiento de las grandes ciudades cambió el carácter del miedo, este pasó a ser parte del espacio dentro de las murallas de la propia urbe con el agravante que la magnitud de estas no permite el encuentro cara a cara, lo que modifica a su vez la forma de establecimiento de parámetros de normalidad y de sanción, ahora estos son definidos por medio de instituciones especialmente creadas para ello y que se suponen representativas del sentir ciudadano.
El carácter del control de los fenómenos que causaban miedo en aquellos espacios que concentraban una gran cantidad de población, por tanto, cambió de una época a otra, en principio se actuaba con la segregación o eliminación de aquellos portadores de las causas del miedo (en la ciudad amurallada los leprosos quedaban fuera y los ladrones eran colgados en la plaza pública), hoy en las grandes urbes sin fronteras físicas visibles se actúa de otro modo menos evidente pero igualmente segregador y violento, se actúa, en palabras de Foucault , con “disciplinamiento social”, disciplinamiento que con el advenimiento de la globalización neoliberal y el derrumbe de los socialismos históricos intenta ser cada vez más homogeneizante y extendido.
Este intento sin embargo, se produce en un contexto en el cual la persona es cada vez más conciente de sus derechos, incluido el de la libertad, la población mundial aumenta su nivel educacional, la información se masifica por medio del teléfono, la televisión y la Internet lo que trae como correlato el aumento de los niveles de conciencia de derechos, estos ya no son solo conocidos sino que exigido. Sin embargo, la evidente crisis sociopolítica y económica provocada por el liberalismo, la caída de los socialismos históricos y el franco retroceso del cristianismo como alternativa política ha traído consigo una crisis espiritual y valórica en las sociedades que hacen difícil la definición de los derechos exigibles para todos por igual ya no existe “una” forma de ser bueno o malo, se derrumban las visiones de mundo, de la historia y de la política. La crisis material por su parte se manifiesta en el agotamiento de los recursos planetarios y por tanto en el agotamiento de la idea de progreso ilimitado de la sociedad y en las desigualdades que produce el sistema neoliberal predominante en la mayoría de las sociedades occidentales, la crisis valórica a su vez se hace ostensible en la relativización de lo bueno y lo malo, bello y lo feo. A este fenómeno algunos autores le han denominado la “crisis de la modernidad” que no es más que la confluencia de la crisis material y valórica del sistema social.
Esta crisis produce divisiones irreconciliables entre clases sociales en donde los desencuentros a su vez generan un fenómeno denominado “miedo al otro”, ese miedo es enfrentado por aquellos que ostentan el poder combinando el intento de un fuerte disciplinamiento social con una segregación de los espacios con fronteras físicas invisibles pero manifiestas, la combinación perfecta entre violencia explícita y violencia simbólica diría Bourdieu. Sin embargo, la aplicación conjunta de estas dos formas de control es altamente peligrosas para la estabilidad de las sociedades modernas, de ello hoy en día Santiago de Chile es un claro ejemplo en donde la violencia es generada por la atomización de una sociedad compleja, la segregación actúa como una barrera invisible que no permite el encuentro entre perspectivas diversas. Las instituciones creadas con el objetivo de establecer los parámetros de normalidad y las sanciones a los transgresores, están siendo ocupadas por una parte de la población (que dicho sea de paso habita en un territorio específico de la ciudad, formado por las 5 comunas del área oriente) y no por representantes de la diversidad que constituye la sociedad posmoderna. Lo anterior trae como consecuencia el establecimiento de parámetros estandarizados, acordes solo al modo de vida de la clase dominante, dejando fuera a gran parte de la población . La segregación urbana como manifestación palpable de un fenómeno de diferenciación absoluta no permite hacer la reflexión a quienes están involucrados en este proceso, dado que para ellos los “otros” simplemente no existen, estos están invisibilizados en cifras y datos dejando de ser parte del cotidiano de quienes toman las decisiones.
Para los otros (los habitantes de las restantes comunas del país), aquellos que están fuera de la esfera de la toma de decisiones es cada día menos legítima la norma impuesta (la cual en la mayoría de los casos es además, desconocida), esta norma es vista como una norma externa, no propia ni apropiada, se la ve fuera del contexto en el que se desenvuelven, la norma no es lo normal sino la excepción. Esta distancia respecto de la norma se manifiesta tanto en el ámbito de lo individual como en el colectivo, cada individuo autojustifica su transgresión de modo tal que no se le produzca una disonancia cognitiva, cada grupo específico maneja sus propios códigos normativos que están incluso por sobre la norma social. Este segmento de la población sin embargo, externamente está expuesto a las sanciones fuera de su propio territorio y es vulnerable dado que no tiene redes de contactos con aquellos que toman decisiones y aplican la ley.
Existe otro grupo dentro de la sociedad que si bien no se encuentra directamente inserto en la esfera de la toma de decisiones políticas, posee un poder económico y de relaciones sociales de tal envergadura que les permite situarse por sobre la normatividad colectiva, para este grupo la norma y la sanción son conocida, aceptadas y hasta promovidas para ser aplicadas al resto, mas no para este grupo en sí, el nivel de influencias que este conjunto posee les permite moverse con una cierta tranquilidad en los márgenes de la legalidad sin recibir sanción cuando pasan la línea al lado de la trasgresión, dicha trasgresión en este caso es conciente y no produce les disonancia dado que se piensan y saben por sobre la norma colectiva. Externamente la aplicación de la legalidad, dentro o fuera del territorio propio donde se mueve este grupo, es relativizada y ajustada al poder de influencias o el dinero de quienes transgreden.
Es interesante destacar además que es este segundo grupo quien promueve la democracia ya no como filosofía de vida sino que como una estrategia de dominación, asemejando democracia a un Estado en donde el control punitivo se presenta como fundamental, control que como mencionaba anteriormente no los alcanza. Esto no solamente sucede en Chile, Bourdieu señala por ejemplo que “En los Estados Unidos se asiste a un desdoblamiento del Estado: por un lado, hay un Estado que asegura ciertas garantías sociales, pero solo para los privilegiados, suficientemente garantizados para dar seguridades y garantías, y por otro, un Estado represivo y policial para el pueblo”… “Se trata en este caso de una especie de realización del sueño de los dominadores, un Estado que como ha mostrado Loïc Wacquant, se reduce cada vez más a su función policial” . Se puede ver entonces que este fenómeno está ocurriendo masivamente en las sociedades regidas bajo la economía neoliberal y que utilizan a la democracia como un subterfugio para la dominación.
En este contexto internacional, la democracia entonces, no cumple con los requisitos necesarios para constituirse como tal, es decir como un sistema de deberes y derechos más que como un régimen de gobierno, esto trae consecuencias impensadas en la convivencia al interior del espacio urbano. En la “democracia neoliberal” no hay una participación efectiva de la población en la formulación y ejecución de las políticas de gobierno, estas están vedada para una gran mayoría, sólo los grupos privilegiados pueden acceder a la toma de decisiones, el resto de la población es convencido de que participar es votar, y de que elegir a un representante enajena la posibilidad de participación directa. En Chile además, el argumento al que se apela en el discurso de los que sustentan el poder invoca subrepticiamente a la dictadura militar como a un fantasma del que nadie se quiere acordar pero que todos le temen porque aun está presente en la institucionalidad del país y se presenta amenazante ante cualquier intento de cambiar el estatus quo de la nación, Chile se nos presenta hoy como un país en el que una gobernabilidad sistémica eficiente oculta las deficiencia de la gobernabilidad democrática, que dicha sea de paso es la verdadera democracia. El riesgo de no aventurarse a cambios radicales que permitan ampliar esta idea restringida de democracia, está en el desprestigio y la pérdida de legitimidad cada vez más evidente de esta forma de gobierno con un sustantivo aumento del prestigio de las acciones violentas físicas y simbólicas en función del logro de objetivos. El “todo vale” se instala silencioso en la sociedad chilena, la ciudad por ejemplo se divide en los “unos” y los “otros” donde no existen espacios de encuentro alejándose día a día la posibilidad de la generación de un lugar construido entre todos y todas y donde todos y todas caben en igualdad de deberes y derechos.
Nuestra democracia tampoco es capas de cautelar una entrega de información a todos los ciudadanos por igual, si bien es cierto en teoría existe libertad de prensa y hay una voluntad por parte de la presidenta de transparentar la gestión del Estado, no es menos cierto que la propiedad de los medios de comunicación está en manos de unos pocos grupos económicos y que el periodismo alternativo no cuenta con los recursos necesarios para contrarrestar la avalancha informativa de los grupos dominantes. La televisión es el mejor ejemplo de esto, siendo este medio el más visto por la población es prácticamente imposible que aparezca en la pantalla un discurso que no esté acorde con los valores que sustentan el sistema dominante y desde los comerciales a los programas de concursos se fomenta la competencia y la satisfacción individual de necesidades reales o creadas, basta con observar detenidamente algunos comerciales en los que no importa que otro sufra si el individuo puede tener el placer de solazarse con algún producto específico, basta con contar en la televisión abierta el número de comerciales que mencionan la palabra solidaridad y compararlo con los que mencionan la palabra individuo o individual (pack individual, disfrútalo solo, cotización individual, etc.), evidentemente esto no es una estrategia planificada para imponer determinados valores a las sociedad chilena, más grave aun, nadie cuestiona esta dinámica porque el individualismo a pasado a ser parte de nuestra doxa. En cuanto a la transparencia de la entrega de información por parte del Estado, las buenas intenciones se ven limitadas de nuevo por una doxa dominante que permite que algunos crean que son los iluminados y que no es necesario que la información acerca de las decisiones tomadas esté acompañada de las alternativas existentes, esto se basa en la idea de que realizar dicho ejercicio requiere la inversión de un tiempo innecesario en promover la participación que puede ser utilizado en temas más útiles y en la idea también de que la población no cuenta con las herramientas educacionales y el criterio suficiente para saber lo que necesita. El impacto que esto ha tenido en el espacio urbano se hace evidente en el diseño de las políticas sociales de vivienda y urbanismo en las cuales por mucho tiempo no se consideró la realidad específica de cada poblado diseñando programas aplicados estandarizadamente a todo el país con las consecuencias que ya conocemos de ineficiencia y segregación de los espacios.
Para que hablar del manejo de la agenda de los gobernantes, la ciudadanía no tiene acceso a ella sino es por medio de manifestaciones violentas ya que no existen mecanismos para que esta intervenga, proponga y corrija efectivamente la agenda pública. Este punto se presenta peligroso dado que se genera una idea en el imaginario social de que la única forma de ser escuchados es por medio de la violencia, aquello que debiera ser la última alternativa se transforma en “la” alternativa existente de los que están fuera de las esferas de poder económico y político para intervenir en la política. Esto, sumado a la debilidad de los partidos políticos y a la carencia de discursos que permitan imaginar alternativas de cambio generan en la sociedad chilena una idea de relaciones que incluye la violencia como la mejor alternativa, dada su rapidez y efectividad. El fantasma de la dictadura se diluye con el paso del tiempo y ya no es suficiente para mantener el control, ante esto, emerge un nuevo fantasma, el de la delincuencia que permite justificar la represión pero que no tiene la misma carga de miedo de los regimenes de facto y peor aun no tiene el mismo rechazo por parte de la población, el cambio valórico incluye incluso la comisión de actos que rayan en lo inmoral aunque no estén tipificados como delitos, es más incluso hoy en día en muchos sectores de la población la comisión misma de delitos es aceptada como válida para satisfacer necesidades individuales cuando no existe otra alternativa. Lo anterior nos muestra en ciernes un fenómeno que no solo no permita la gobernabilidad democrática sino que tampoco permita la gobernabilidad sistémica.
Es en el plano de la igualdad en donde nuestra democracia presenta los mayores problemas, nuestra sociedad evidencia tal desigualdad que ya ni siquiera es obviable por aquellos que promueven el sistema que la genera, tanto es así que hoy se habla de “corregir el modelo”, la pregunta que surge es si es posible corregir un modelo cuya esencia es la competencia y el individualismo, por tanto la existencia de ganadores y perdedores, de los “unos” y los “otros”, el valor ético moral que sustenta el modelo político-económico tras la democracia chilena es la desigualdad tanto entre seres humanos como entre seres humanos y el resto de la naturaleza, la pregunta que debiéramos hacernos entonces es ¿es posible construir una verdadera democracia bajo este sistema económico?. Definitivamente no, un sistema cuyas bases son el individualismo, el retiro del Estado y la supremacía del mercado no puede sino genera desigualdades porque es esto lo que permite que funcione. Los efectos que esto trae es la agudización de la división de la sociedad entre ricos y pobres, el viejo planteamiento marxista de la clase dueña de los medios de producción y los trabajadores, muchos abrirán los ojos casi hasta desorbitárseles al leer esto, pero es así, hoy por ejemplo no hay posibilidad de encuentro cotidiano entre los dueños de las grandes empresas y el resto de la población trabajadora, efectivamente una parte de la población trabajadora contará con algunos privilegios que le permite al capitalista mantener una correlación de fuerzas necesaria para gobernar. El espacio urbano en casi todas las ciudades del país muestra un claro mapa de esta atomización, ricos y pobres habitan siempre en sectores separados de la ciudad y en la capital no solo habitan en sectores separados sino que además se ha venido desarrollando un proyecto urbano que no permite los encuentros en el tránsito cotidiano de un lugar a otro, esto produce la invisibilización para quienes toman las decisiones de las malas condiciones de vida del resto de la población, sin embargo, los medios de comunicación se encargan de mostrar a los postergados los privilegios que solo algunos tienen, estro provoca en la población una rabia que genera escalofríos, las últimas investigaciones que realicé en la ciudad de Santiago, este año 2007 demostró que esa rabia ha aumentado en el último tiempo a niveles impensados anteriormente. La bomba urbana que describí en gestación el año 1996 está por estallar.
Algunos más optimistas pudieren pensar que lo anterior anuncia una situación pre revolucionaria, pero no es así, la crisis política y el desprestigio del cristianismo y el marxismo (como alternativa política) frente a un predominio sin contrapeso del liberalismo ha generado la pérdida de la fe en la posibilidad de construcción de alternativas viables. Si bien se han desarrollado proyectos locales y han surgido los nuevos movimientos social transversales, estos no abordan los dos problemas centrales de las sociedades posmodernas, las crisis valórica, política, socioeconómica y medio ambiental a las que nos vemos enfrentados como planeta. De no surgir pronto movimientos fuertes que permiten recuperar las confianzas entre seres humanos me temo que la crisis final es inevitable, ya no solo la violencia simbólica sino que la violencia física se apoderará de las sociedades arriesgando la continuidad de estas dando paso a aglomeraciones urbanas divididas en territorios cuyos habitantes funcionen con lógicas tribales.
Lo anterior se explica porque cada vez hay menos personas que consideran la norma impuesta por el Estado como una norma legítima, se pone en entre dicho entonces la noción misma de orden, lo que sumado a altos niveles de pugnas entre individuos dentro del espacio social por la satisfacción de sus propias necesidades, generan un espacio social altamente proclive al desarrollo de la violencia como respuesta legítima y única para la resolución de los conflictos.
El sentimiento más o menos generalizado de que la violencia se ha constituido para muchos en una respuesta legítima para la resolución de conflictos implica también sentimientos de inseguridad difusos dado su carácter estructural. Este es un sentimiento de miedo sin una imagen a quien imputarle su provocación, lo anterior genera una necesidad de autoprotección manifestada en una actitud de defensa y de aislamiento individual que agudiza el desconocimiento del otro, aumentando el miedo a ese otro, potenciando la inseguridad, imponiéndose un circuito de difícil solución en tanto implica, una relación circular cuya característica basal es el neoliberalismo en donde el punto de inicio y de fin es el individualismo metodológico. Todo otro se transforma en un potencial agresor, es un enemigo por definición, culpable hasta que pruebe lo contrario, pero sin las condiciones necesarias para poder probar la inocencia. Los acercamientos entre personas diferentes son cada vez menos probable, toda conducta de otro ser social diferente provoca miedo.
Este miedo al otro, hace referencia a sentirse amenazado por otro diferente a mí mismo, que no es parte cotidiana de mi entorno y no maneja los códigos de la tribu, sin embargo, como se veía anteriormente en esta definición resuenan otras inseguridades; aquellas provocadas por el debilitamiento del vínculo social, del sentimiento de comunidad y, finalmente, de la noción misma de orden. En el caso chileno el “miedo al otro” es al mismo tiempo un elemento de una estructura de seguridad y el objeto de un discurso que legitima dicha estructura. Se ve reflejado aquello que Ronal Barthes anuncia para la sociedad de masas cuando señala que este tipo de sociedad “estructura lo real de dos maneras concomitantes, produciéndolo y escribiéndolo” en Chile existe efectivamente delincuencia pero la estigmatización de los que la cometen refuerza el miedo entre conciudadanos.
Las normas y procedimientos establecidos para el habitar, en las ciudades actuales han perdido legitimidad, las estrategias de control social ya no son aceptadas colectivamente en gran parte por la falta de interacción entre las personas, las que se han visto permeadas por el individualismo metodológico, lo que ha significado una atomización social y por tanto un repliegue de los sujetos a sus casas abandonando las calles y espacios públicos, produciendo un nicho ideal a la delincuencia una vez más un círculo que cuadra.
El miedo al crimen masificado que solo refleja el conjunto de las conductas anómicas en sociedad sirven de argumento para el ejercicio de una serie de atropellos y vejámenes a determinado grupo de la población, lo que a su vez genera más violencia en ese grupo, cayendo en una espiral de violencia de difícil control. La estrategia apropiada para disminuir la violencia entonces no es represiva sino inclusiva.
En suma, aunque se diseñen estrategias represivas para el control de la violencia y se sume dinero del erario público a la aplicación de las políticas sociales esto nunca será suficiente porque las estrategias represivas solo generan estados de ánimo que promueven la violencia en aquellos que son reprimidos y las necesidades son infinitas y siempre están en aumento. Mientras no se aborde el tema complementando la asignación de recursos que promueven la equidad en la distribución de el ingreso con una promoción intencionada de transmisión y asentamiento de aquellos valores que sustentan la democracia como la solidaridad, autodeterminación y la relevancia del interés social por sobre el interés individual, no habrá posibilidades de avanzar en la constitución de una verdadera democracia y por tanto no habrá posibilidades para la paz.
Bibliografía
Barthes, Ronald; “Sociología y socio lógica”, artículo en Barbano Filipo, “Estructuralismo y sociología”; Ediciones Nueva Visión Buenos Aires, 196?
Bourdieu Pierre, “La dominación masculina”, editorial anagrama, colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000 (primera edición 1998).
Pierre Bourdieu, “La dominación masculina” editorial Anagrama colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000.
Bourdieu, Pierre, “Contrafuegos, reflexiones par servir a la resistencia contra la invasión neoliberal”, Editorial Anagrama, Barcelona 2° edición, 2000.
Erich Fromm, “El miedo a la libertad”
Foucault, Michel; Vigilar y Castigar Editorial Siglo XXI, Madrid, 1996
Zygmunt Bauman, “Ética posmoderna”, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina, 2004.
El “miedo al otro en la ciudad”
De la normalidad de los dominadores
y el rechazo de lo normado de los dominados
Por: Mónica Vargas Aguirre
Distancias físicas y temporales máximas o mínimas solo me recuerdan que el amor verdadero es eterno e inconmensurable
La migración campo ciudad ha culminado en la mayoría de los países occidentales, dado como resultado que la mayor parte de la población mundial esté asentada en las diferentes urbes del planeta, este es hoy el principal espacio que contiene las interacciones entre seres humanos, lo que suceda en ellas marca el rumbo de las sociedades modernas o posmodernas es por esto que se hace relevante el estudio exhaustivo de lo que en ellas acontezca dado que esto nos permite entender de mejor manera los fenómenos sociales.
Las ciudades son el reflejo físico del modo de organización de las sociedades que viven en ellas. Las metrópolis latinoamericanas en general y las chilenas en particular muestran una fuerte fragmentación de los espacios donde la diferencia entre las personas se hace evidente y donde no existe una posibilidad siquiera de incorporar a los marginados a los beneficios del desarrollo. En este contexto, la posibilidad misma de ejercicio de ciudadanía se ve limitado. En la urbe se pueden encontrar lugares bellos y bien cuidados que nos hablan de progreso y estabilidad, esos lugares son habitados por los privilegiados del sistema político y económico, pero también se pueden encontrar lugares sucios y descuidados donde viven los excluidos, y que reflejan una ciudad que no reparte sus beneficios equitativamente, la desigualdad se hace palpable y nadie puede negarla.
El sistema político chileno por su parte intenta recomponer una democracia desquebrajada por la dictadura, pero después de casi veinte años, al observar el espacio urbano y el aumento de la segregación en él (que en términos sociales sería el reflejo del aumento de la desigualdad) se puede visualizar la existencia de un serio problema de exclusión social que se convierte en un indicador certero de una problemática más seria aun y que está en el ámbito del funcionamiento de un gobierno que se autodenomina democrático.
Las ciudades fragmentadas han implicado la emergencia de un fenómeno social denominado “el miedo al otro” ese otro es descrito como aquel que no maneja los códigos de los que habitan el espacio conocido. Este fenómeno ha traído como consecuencia un miedo impreciso de unos hacia otros que no tiene un sustento racional pero que se siente, ese miedo a su vez a servido para justificar una serie de medidas de control que no apuntan al problema central del desconocimiento entre seres humanos que comparte un mismo territorio sino que han atacado el síntoma agudizando de paso la enfermedad, producto de una suerte de estigmatización y criminalización de todo aquel ciudadano (que solo tiene el título de tal porque se acerca a la urna de vez en cuando) que habita en los sectores periféricos y que manifiesta su descontento porque no está de acuerdo con la forma en la que se ha llevado adelante el proceso de democratización del país, pero que tampoco es capas de construir alternativas.
El artículo que desarrollo a continuación busca vincular ese “miedo al otro” al tipo de democracia existente hoy en el país realizando un intento por traza sus orígenes y perspectivando sus consecuencias.
Sabemos que en el medioevo europeo la seguridad al interior de la ciudades estaba determinada por la organización de aquellos que habitaban la urbe, los conflictos eran resueltos en la misma comunidad con normas previamente establecidas que incluían por cierto, el hecho de que el conflicto pudiere ser dirimido por una autoridad que obtenía su poder directamente del rey (poder político) y/o de Dios (poder religioso), esta autoridad se caracterizaba por tener rasgos autoritarios, se “debía” obediencia, no se “elegía” obedecer. Si bien dicha autoridad accionaba en algunos casos abusando de su poder, este era un riesgo conocido, que se podía calcular, prever, si bien las condiciones de vida no eran las mejores, sí era predecible lo que sucedería en las interacciones cotidianas si las personas actuaban de una u otra forma. La autoridad en suma estaba legitimada, algunas veces por medio de la violencia y el miedo y siempre legitimada por Dios y/o la herencia. El tamaño del espacio en el que se emplazaba la urbe permitía resolver los problemas entre las personas cara a cara, los peligros mayores se encontraban por tanto en los extramuros y estaban representados por potenciales agresiones provenientes de otras comunidades. Los peligros que asechaban fuera del burgo eran desconocidos para la mayoría de sus habitantes, así estos preferían conformarse con las miserables condiciones de vida que a algunos les tocaba, a emprender la aventura que implicaba salir fuera de las murallas. Erich Fromm decía que “en nuestro esfuerzo por escapar de la soledad y la impotencia, estamos dispuestos a deshacernos de nuestro yo individual, ya sea por sumisión a nuevas formas de autoridad o adaptándonos compulsivamente a los patrones establecidos” y el caso de los Burgos medievales puede ser un buen ejemplo, la guía moral, la definición de lo bueno y lo malo en ese contexto estaba claramente establecida y debieron pasar varios siglos y una crisis antes de que fuese posible cambiar el orden medieval.
En la comunidad indígena latinoamericana por su parte, existían también normas claramente establecidas y aceptadas por todos, aunque no estuvieran contenidas en un código escrito, si había una ética que regía la vida en comunidad, lo bueno y lo malo, el deber ser social se presentaba pre dado y sólo había que adaptarse y vivir dentro de un marco normativo común a toda la tribu. El pensamiento y la práctica moral se regían por la existencia en el imaginario comunitario de un código ético no ambivalente y no aporético y por tanto aplicable universalmente a las relaciones al interior de una colectividad específica. El yo moral indígena sacrificado en función del yo social de la tribu diría Bauman . Al igual que en el medioevo europeo la autoridad, otorgada por algún Dios al jefe de la colectividad era incuestionada. En ambas circunstancias históricas, los liderazgos tenían un carácter fuertemente autoritario, ambas dinámicas, sin embargo permanecieron más de diez siglos inalteradas.
En cualquier periodo histórico que revisemos la ética estaba directamente ligada a la moral del colectivo del que se trataba, el tamaño de la unidad permitía homogeneizar el criterio de “violación a la norma” implícita o explícita, bueno era bueno y lo malo era malo, no se admitían relatividades, el costo de esta estabilidad era transar la libertad , la trasgresión era significada como inapropiada por toda la comunidad que compartía reglas y recursos en el campo simbólico, lo que nada tiene que ver por cierto, con la justicia o la equidad que el compartir esas reglas y recursos implicaba.
La connotación para efectos de la dinámica social, que esto tenía era la no generación de un gran conflicto al interior de las comunidades, el temor era un temor conocido vinculado a las relaciones sociales también conocidas o a las agresiones externas probables pero que eran enfrentadas colectivamente.
El surgimiento de las grandes ciudades cambió el carácter del miedo, este pasó a ser parte del espacio dentro de las murallas de la propia urbe con el agravante que la magnitud de estas no permite el encuentro cara a cara, lo que modifica a su vez la forma de establecimiento de parámetros de normalidad y de sanción, ahora estos son definidos por medio de instituciones especialmente creadas para ello y que se suponen representativas del sentir ciudadano.
El carácter del control de los fenómenos que causaban miedo en aquellos espacios que concentraban una gran cantidad de población, por tanto, cambió de una época a otra, en principio se actuaba con la segregación o eliminación de aquellos portadores de las causas del miedo (en la ciudad amurallada los leprosos quedaban fuera y los ladrones eran colgados en la plaza pública), hoy en las grandes urbes sin fronteras físicas visibles se actúa de otro modo menos evidente pero igualmente segregador y violento, se actúa, en palabras de Foucault , con “disciplinamiento social”, disciplinamiento que con el advenimiento de la globalización neoliberal y el derrumbe de los socialismos históricos intenta ser cada vez más homogeneizante y extendido.
Este intento sin embargo, se produce en un contexto en el cual la persona es cada vez más conciente de sus derechos, incluido el de la libertad, la población mundial aumenta su nivel educacional, la información se masifica por medio del teléfono, la televisión y la Internet lo que trae como correlato el aumento de los niveles de conciencia de derechos, estos ya no son solo conocidos sino que exigido. Sin embargo, la evidente crisis sociopolítica y económica provocada por el liberalismo, la caída de los socialismos históricos y el franco retroceso del cristianismo como alternativa política ha traído consigo una crisis espiritual y valórica en las sociedades que hacen difícil la definición de los derechos exigibles para todos por igual ya no existe “una” forma de ser bueno o malo, se derrumban las visiones de mundo, de la historia y de la política. La crisis material por su parte se manifiesta en el agotamiento de los recursos planetarios y por tanto en el agotamiento de la idea de progreso ilimitado de la sociedad y en las desigualdades que produce el sistema neoliberal predominante en la mayoría de las sociedades occidentales, la crisis valórica a su vez se hace ostensible en la relativización de lo bueno y lo malo, bello y lo feo. A este fenómeno algunos autores le han denominado la “crisis de la modernidad” que no es más que la confluencia de la crisis material y valórica del sistema social.
Esta crisis produce divisiones irreconciliables entre clases sociales en donde los desencuentros a su vez generan un fenómeno denominado “miedo al otro”, ese miedo es enfrentado por aquellos que ostentan el poder combinando el intento de un fuerte disciplinamiento social con una segregación de los espacios con fronteras físicas invisibles pero manifiestas, la combinación perfecta entre violencia explícita y violencia simbólica diría Bourdieu. Sin embargo, la aplicación conjunta de estas dos formas de control es altamente peligrosas para la estabilidad de las sociedades modernas, de ello hoy en día Santiago de Chile es un claro ejemplo en donde la violencia es generada por la atomización de una sociedad compleja, la segregación actúa como una barrera invisible que no permite el encuentro entre perspectivas diversas. Las instituciones creadas con el objetivo de establecer los parámetros de normalidad y las sanciones a los transgresores, están siendo ocupadas por una parte de la población (que dicho sea de paso habita en un territorio específico de la ciudad, formado por las 5 comunas del área oriente) y no por representantes de la diversidad que constituye la sociedad posmoderna. Lo anterior trae como consecuencia el establecimiento de parámetros estandarizados, acordes solo al modo de vida de la clase dominante, dejando fuera a gran parte de la población . La segregación urbana como manifestación palpable de un fenómeno de diferenciación absoluta no permite hacer la reflexión a quienes están involucrados en este proceso, dado que para ellos los “otros” simplemente no existen, estos están invisibilizados en cifras y datos dejando de ser parte del cotidiano de quienes toman las decisiones.
Para los otros (los habitantes de las restantes comunas del país), aquellos que están fuera de la esfera de la toma de decisiones es cada día menos legítima la norma impuesta (la cual en la mayoría de los casos es además, desconocida), esta norma es vista como una norma externa, no propia ni apropiada, se la ve fuera del contexto en el que se desenvuelven, la norma no es lo normal sino la excepción. Esta distancia respecto de la norma se manifiesta tanto en el ámbito de lo individual como en el colectivo, cada individuo autojustifica su transgresión de modo tal que no se le produzca una disonancia cognitiva, cada grupo específico maneja sus propios códigos normativos que están incluso por sobre la norma social. Este segmento de la población sin embargo, externamente está expuesto a las sanciones fuera de su propio territorio y es vulnerable dado que no tiene redes de contactos con aquellos que toman decisiones y aplican la ley.
Existe otro grupo dentro de la sociedad que si bien no se encuentra directamente inserto en la esfera de la toma de decisiones políticas, posee un poder económico y de relaciones sociales de tal envergadura que les permite situarse por sobre la normatividad colectiva, para este grupo la norma y la sanción son conocida, aceptadas y hasta promovidas para ser aplicadas al resto, mas no para este grupo en sí, el nivel de influencias que este conjunto posee les permite moverse con una cierta tranquilidad en los márgenes de la legalidad sin recibir sanción cuando pasan la línea al lado de la trasgresión, dicha trasgresión en este caso es conciente y no produce les disonancia dado que se piensan y saben por sobre la norma colectiva. Externamente la aplicación de la legalidad, dentro o fuera del territorio propio donde se mueve este grupo, es relativizada y ajustada al poder de influencias o el dinero de quienes transgreden.
Es interesante destacar además que es este segundo grupo quien promueve la democracia ya no como filosofía de vida sino que como una estrategia de dominación, asemejando democracia a un Estado en donde el control punitivo se presenta como fundamental, control que como mencionaba anteriormente no los alcanza. Esto no solamente sucede en Chile, Bourdieu señala por ejemplo que “En los Estados Unidos se asiste a un desdoblamiento del Estado: por un lado, hay un Estado que asegura ciertas garantías sociales, pero solo para los privilegiados, suficientemente garantizados para dar seguridades y garantías, y por otro, un Estado represivo y policial para el pueblo”… “Se trata en este caso de una especie de realización del sueño de los dominadores, un Estado que como ha mostrado Loïc Wacquant, se reduce cada vez más a su función policial” . Se puede ver entonces que este fenómeno está ocurriendo masivamente en las sociedades regidas bajo la economía neoliberal y que utilizan a la democracia como un subterfugio para la dominación.
En este contexto internacional, la democracia entonces, no cumple con los requisitos necesarios para constituirse como tal, es decir como un sistema de deberes y derechos más que como un régimen de gobierno, esto trae consecuencias impensadas en la convivencia al interior del espacio urbano. En la “democracia neoliberal” no hay una participación efectiva de la población en la formulación y ejecución de las políticas de gobierno, estas están vedada para una gran mayoría, sólo los grupos privilegiados pueden acceder a la toma de decisiones, el resto de la población es convencido de que participar es votar, y de que elegir a un representante enajena la posibilidad de participación directa. En Chile además, el argumento al que se apela en el discurso de los que sustentan el poder invoca subrepticiamente a la dictadura militar como a un fantasma del que nadie se quiere acordar pero que todos le temen porque aun está presente en la institucionalidad del país y se presenta amenazante ante cualquier intento de cambiar el estatus quo de la nación, Chile se nos presenta hoy como un país en el que una gobernabilidad sistémica eficiente oculta las deficiencia de la gobernabilidad democrática, que dicha sea de paso es la verdadera democracia. El riesgo de no aventurarse a cambios radicales que permitan ampliar esta idea restringida de democracia, está en el desprestigio y la pérdida de legitimidad cada vez más evidente de esta forma de gobierno con un sustantivo aumento del prestigio de las acciones violentas físicas y simbólicas en función del logro de objetivos. El “todo vale” se instala silencioso en la sociedad chilena, la ciudad por ejemplo se divide en los “unos” y los “otros” donde no existen espacios de encuentro alejándose día a día la posibilidad de la generación de un lugar construido entre todos y todas y donde todos y todas caben en igualdad de deberes y derechos.
Nuestra democracia tampoco es capas de cautelar una entrega de información a todos los ciudadanos por igual, si bien es cierto en teoría existe libertad de prensa y hay una voluntad por parte de la presidenta de transparentar la gestión del Estado, no es menos cierto que la propiedad de los medios de comunicación está en manos de unos pocos grupos económicos y que el periodismo alternativo no cuenta con los recursos necesarios para contrarrestar la avalancha informativa de los grupos dominantes. La televisión es el mejor ejemplo de esto, siendo este medio el más visto por la población es prácticamente imposible que aparezca en la pantalla un discurso que no esté acorde con los valores que sustentan el sistema dominante y desde los comerciales a los programas de concursos se fomenta la competencia y la satisfacción individual de necesidades reales o creadas, basta con observar detenidamente algunos comerciales en los que no importa que otro sufra si el individuo puede tener el placer de solazarse con algún producto específico, basta con contar en la televisión abierta el número de comerciales que mencionan la palabra solidaridad y compararlo con los que mencionan la palabra individuo o individual (pack individual, disfrútalo solo, cotización individual, etc.), evidentemente esto no es una estrategia planificada para imponer determinados valores a las sociedad chilena, más grave aun, nadie cuestiona esta dinámica porque el individualismo a pasado a ser parte de nuestra doxa. En cuanto a la transparencia de la entrega de información por parte del Estado, las buenas intenciones se ven limitadas de nuevo por una doxa dominante que permite que algunos crean que son los iluminados y que no es necesario que la información acerca de las decisiones tomadas esté acompañada de las alternativas existentes, esto se basa en la idea de que realizar dicho ejercicio requiere la inversión de un tiempo innecesario en promover la participación que puede ser utilizado en temas más útiles y en la idea también de que la población no cuenta con las herramientas educacionales y el criterio suficiente para saber lo que necesita. El impacto que esto ha tenido en el espacio urbano se hace evidente en el diseño de las políticas sociales de vivienda y urbanismo en las cuales por mucho tiempo no se consideró la realidad específica de cada poblado diseñando programas aplicados estandarizadamente a todo el país con las consecuencias que ya conocemos de ineficiencia y segregación de los espacios.
Para que hablar del manejo de la agenda de los gobernantes, la ciudadanía no tiene acceso a ella sino es por medio de manifestaciones violentas ya que no existen mecanismos para que esta intervenga, proponga y corrija efectivamente la agenda pública. Este punto se presenta peligroso dado que se genera una idea en el imaginario social de que la única forma de ser escuchados es por medio de la violencia, aquello que debiera ser la última alternativa se transforma en “la” alternativa existente de los que están fuera de las esferas de poder económico y político para intervenir en la política. Esto, sumado a la debilidad de los partidos políticos y a la carencia de discursos que permitan imaginar alternativas de cambio generan en la sociedad chilena una idea de relaciones que incluye la violencia como la mejor alternativa, dada su rapidez y efectividad. El fantasma de la dictadura se diluye con el paso del tiempo y ya no es suficiente para mantener el control, ante esto, emerge un nuevo fantasma, el de la delincuencia que permite justificar la represión pero que no tiene la misma carga de miedo de los regimenes de facto y peor aun no tiene el mismo rechazo por parte de la población, el cambio valórico incluye incluso la comisión de actos que rayan en lo inmoral aunque no estén tipificados como delitos, es más incluso hoy en día en muchos sectores de la población la comisión misma de delitos es aceptada como válida para satisfacer necesidades individuales cuando no existe otra alternativa. Lo anterior nos muestra en ciernes un fenómeno que no solo no permita la gobernabilidad democrática sino que tampoco permita la gobernabilidad sistémica.
Es en el plano de la igualdad en donde nuestra democracia presenta los mayores problemas, nuestra sociedad evidencia tal desigualdad que ya ni siquiera es obviable por aquellos que promueven el sistema que la genera, tanto es así que hoy se habla de “corregir el modelo”, la pregunta que surge es si es posible corregir un modelo cuya esencia es la competencia y el individualismo, por tanto la existencia de ganadores y perdedores, de los “unos” y los “otros”, el valor ético moral que sustenta el modelo político-económico tras la democracia chilena es la desigualdad tanto entre seres humanos como entre seres humanos y el resto de la naturaleza, la pregunta que debiéramos hacernos entonces es ¿es posible construir una verdadera democracia bajo este sistema económico?. Definitivamente no, un sistema cuyas bases son el individualismo, el retiro del Estado y la supremacía del mercado no puede sino genera desigualdades porque es esto lo que permite que funcione. Los efectos que esto trae es la agudización de la división de la sociedad entre ricos y pobres, el viejo planteamiento marxista de la clase dueña de los medios de producción y los trabajadores, muchos abrirán los ojos casi hasta desorbitárseles al leer esto, pero es así, hoy por ejemplo no hay posibilidad de encuentro cotidiano entre los dueños de las grandes empresas y el resto de la población trabajadora, efectivamente una parte de la población trabajadora contará con algunos privilegios que le permite al capitalista mantener una correlación de fuerzas necesaria para gobernar. El espacio urbano en casi todas las ciudades del país muestra un claro mapa de esta atomización, ricos y pobres habitan siempre en sectores separados de la ciudad y en la capital no solo habitan en sectores separados sino que además se ha venido desarrollando un proyecto urbano que no permite los encuentros en el tránsito cotidiano de un lugar a otro, esto produce la invisibilización para quienes toman las decisiones de las malas condiciones de vida del resto de la población, sin embargo, los medios de comunicación se encargan de mostrar a los postergados los privilegios que solo algunos tienen, estro provoca en la población una rabia que genera escalofríos, las últimas investigaciones que realicé en la ciudad de Santiago, este año 2007 demostró que esa rabia ha aumentado en el último tiempo a niveles impensados anteriormente. La bomba urbana que describí en gestación el año 1996 está por estallar.
Algunos más optimistas pudieren pensar que lo anterior anuncia una situación pre revolucionaria, pero no es así, la crisis política y el desprestigio del cristianismo y el marxismo (como alternativa política) frente a un predominio sin contrapeso del liberalismo ha generado la pérdida de la fe en la posibilidad de construcción de alternativas viables. Si bien se han desarrollado proyectos locales y han surgido los nuevos movimientos social transversales, estos no abordan los dos problemas centrales de las sociedades posmodernas, las crisis valórica, política, socioeconómica y medio ambiental a las que nos vemos enfrentados como planeta. De no surgir pronto movimientos fuertes que permiten recuperar las confianzas entre seres humanos me temo que la crisis final es inevitable, ya no solo la violencia simbólica sino que la violencia física se apoderará de las sociedades arriesgando la continuidad de estas dando paso a aglomeraciones urbanas divididas en territorios cuyos habitantes funcionen con lógicas tribales.
Lo anterior se explica porque cada vez hay menos personas que consideran la norma impuesta por el Estado como una norma legítima, se pone en entre dicho entonces la noción misma de orden, lo que sumado a altos niveles de pugnas entre individuos dentro del espacio social por la satisfacción de sus propias necesidades, generan un espacio social altamente proclive al desarrollo de la violencia como respuesta legítima y única para la resolución de los conflictos.
El sentimiento más o menos generalizado de que la violencia se ha constituido para muchos en una respuesta legítima para la resolución de conflictos implica también sentimientos de inseguridad difusos dado su carácter estructural. Este es un sentimiento de miedo sin una imagen a quien imputarle su provocación, lo anterior genera una necesidad de autoprotección manifestada en una actitud de defensa y de aislamiento individual que agudiza el desconocimiento del otro, aumentando el miedo a ese otro, potenciando la inseguridad, imponiéndose un circuito de difícil solución en tanto implica, una relación circular cuya característica basal es el neoliberalismo en donde el punto de inicio y de fin es el individualismo metodológico. Todo otro se transforma en un potencial agresor, es un enemigo por definición, culpable hasta que pruebe lo contrario, pero sin las condiciones necesarias para poder probar la inocencia. Los acercamientos entre personas diferentes son cada vez menos probable, toda conducta de otro ser social diferente provoca miedo.
Este miedo al otro, hace referencia a sentirse amenazado por otro diferente a mí mismo, que no es parte cotidiana de mi entorno y no maneja los códigos de la tribu, sin embargo, como se veía anteriormente en esta definición resuenan otras inseguridades; aquellas provocadas por el debilitamiento del vínculo social, del sentimiento de comunidad y, finalmente, de la noción misma de orden. En el caso chileno el “miedo al otro” es al mismo tiempo un elemento de una estructura de seguridad y el objeto de un discurso que legitima dicha estructura. Se ve reflejado aquello que Ronal Barthes anuncia para la sociedad de masas cuando señala que este tipo de sociedad “estructura lo real de dos maneras concomitantes, produciéndolo y escribiéndolo” en Chile existe efectivamente delincuencia pero la estigmatización de los que la cometen refuerza el miedo entre conciudadanos.
Las normas y procedimientos establecidos para el habitar, en las ciudades actuales han perdido legitimidad, las estrategias de control social ya no son aceptadas colectivamente en gran parte por la falta de interacción entre las personas, las que se han visto permeadas por el individualismo metodológico, lo que ha significado una atomización social y por tanto un repliegue de los sujetos a sus casas abandonando las calles y espacios públicos, produciendo un nicho ideal a la delincuencia una vez más un círculo que cuadra.
El miedo al crimen masificado que solo refleja el conjunto de las conductas anómicas en sociedad sirven de argumento para el ejercicio de una serie de atropellos y vejámenes a determinado grupo de la población, lo que a su vez genera más violencia en ese grupo, cayendo en una espiral de violencia de difícil control. La estrategia apropiada para disminuir la violencia entonces no es represiva sino inclusiva.
En suma, aunque se diseñen estrategias represivas para el control de la violencia y se sume dinero del erario público a la aplicación de las políticas sociales esto nunca será suficiente porque las estrategias represivas solo generan estados de ánimo que promueven la violencia en aquellos que son reprimidos y las necesidades son infinitas y siempre están en aumento. Mientras no se aborde el tema complementando la asignación de recursos que promueven la equidad en la distribución de el ingreso con una promoción intencionada de transmisión y asentamiento de aquellos valores que sustentan la democracia como la solidaridad, autodeterminación y la relevancia del interés social por sobre el interés individual, no habrá posibilidades de avanzar en la constitución de una verdadera democracia y por tanto no habrá posibilidades para la paz.
Bibliografía
Barthes, Ronald; “Sociología y socio lógica”, artículo en Barbano Filipo, “Estructuralismo y sociología”; Ediciones Nueva Visión Buenos Aires, 196?
Bourdieu Pierre, “La dominación masculina”, editorial anagrama, colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000 (primera edición 1998).
Pierre Bourdieu, “La dominación masculina” editorial Anagrama colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000.
Bourdieu, Pierre, “Contrafuegos, reflexiones par servir a la resistencia contra la invasión neoliberal”, Editorial Anagrama, Barcelona 2° edición, 2000.
Erich Fromm, “El miedo a la libertad”
Foucault, Michel; Vigilar y Castigar Editorial Siglo XXI, Madrid, 1996
Zygmunt Bauman, “Ética posmoderna”, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina, 2004.
y el rechazo de lo normado de los dominados
Por: Mónica Vargas Aguirre
Distancias físicas y temporales máximas o mínimas solo me recuerdan que el amor verdadero es eterno e inconmensurable
La migración campo ciudad ha culminado en la mayoría de los países occidentales, dado como resultado que la mayor parte de la población mundial esté asentada en las diferentes urbes del planeta, este es hoy el principal espacio que contiene las interacciones entre seres humanos, lo que suceda en ellas marca el rumbo de las sociedades modernas o posmodernas es por esto que se hace relevante el estudio exhaustivo de lo que en ellas acontezca dado que esto nos permite entender de mejor manera los fenómenos sociales.
Las ciudades son el reflejo físico del modo de organización de las sociedades que viven en ellas. Las metrópolis latinoamericanas en general y las chilenas en particular muestran una fuerte fragmentación de los espacios donde la diferencia entre las personas se hace evidente y donde no existe una posibilidad siquiera de incorporar a los marginados a los beneficios del desarrollo. En este contexto, la posibilidad misma de ejercicio de ciudadanía se ve limitado. En la urbe se pueden encontrar lugares bellos y bien cuidados que nos hablan de progreso y estabilidad, esos lugares son habitados por los privilegiados del sistema político y económico, pero también se pueden encontrar lugares sucios y descuidados donde viven los excluidos, y que reflejan una ciudad que no reparte sus beneficios equitativamente, la desigualdad se hace palpable y nadie puede negarla.
El sistema político chileno por su parte intenta recomponer una democracia desquebrajada por la dictadura, pero después de casi veinte años, al observar el espacio urbano y el aumento de la segregación en él (que en términos sociales sería el reflejo del aumento de la desigualdad) se puede visualizar la existencia de un serio problema de exclusión social que se convierte en un indicador certero de una problemática más seria aun y que está en el ámbito del funcionamiento de un gobierno que se autodenomina democrático.
Las ciudades fragmentadas han implicado la emergencia de un fenómeno social denominado “el miedo al otro” ese otro es descrito como aquel que no maneja los códigos de los que habitan el espacio conocido. Este fenómeno ha traído como consecuencia un miedo impreciso de unos hacia otros que no tiene un sustento racional pero que se siente, ese miedo a su vez a servido para justificar una serie de medidas de control que no apuntan al problema central del desconocimiento entre seres humanos que comparte un mismo territorio sino que han atacado el síntoma agudizando de paso la enfermedad, producto de una suerte de estigmatización y criminalización de todo aquel ciudadano (que solo tiene el título de tal porque se acerca a la urna de vez en cuando) que habita en los sectores periféricos y que manifiesta su descontento porque no está de acuerdo con la forma en la que se ha llevado adelante el proceso de democratización del país, pero que tampoco es capas de construir alternativas.
El artículo que desarrollo a continuación busca vincular ese “miedo al otro” al tipo de democracia existente hoy en el país realizando un intento por traza sus orígenes y perspectivando sus consecuencias.
Sabemos que en el medioevo europeo la seguridad al interior de la ciudades estaba determinada por la organización de aquellos que habitaban la urbe, los conflictos eran resueltos en la misma comunidad con normas previamente establecidas que incluían por cierto, el hecho de que el conflicto pudiere ser dirimido por una autoridad que obtenía su poder directamente del rey (poder político) y/o de Dios (poder religioso), esta autoridad se caracterizaba por tener rasgos autoritarios, se “debía” obediencia, no se “elegía” obedecer. Si bien dicha autoridad accionaba en algunos casos abusando de su poder, este era un riesgo conocido, que se podía calcular, prever, si bien las condiciones de vida no eran las mejores, sí era predecible lo que sucedería en las interacciones cotidianas si las personas actuaban de una u otra forma. La autoridad en suma estaba legitimada, algunas veces por medio de la violencia y el miedo y siempre legitimada por Dios y/o la herencia. El tamaño del espacio en el que se emplazaba la urbe permitía resolver los problemas entre las personas cara a cara, los peligros mayores se encontraban por tanto en los extramuros y estaban representados por potenciales agresiones provenientes de otras comunidades. Los peligros que asechaban fuera del burgo eran desconocidos para la mayoría de sus habitantes, así estos preferían conformarse con las miserables condiciones de vida que a algunos les tocaba, a emprender la aventura que implicaba salir fuera de las murallas. Erich Fromm decía que “en nuestro esfuerzo por escapar de la soledad y la impotencia, estamos dispuestos a deshacernos de nuestro yo individual, ya sea por sumisión a nuevas formas de autoridad o adaptándonos compulsivamente a los patrones establecidos” y el caso de los Burgos medievales puede ser un buen ejemplo, la guía moral, la definición de lo bueno y lo malo en ese contexto estaba claramente establecida y debieron pasar varios siglos y una crisis antes de que fuese posible cambiar el orden medieval.
En la comunidad indígena latinoamericana por su parte, existían también normas claramente establecidas y aceptadas por todos, aunque no estuvieran contenidas en un código escrito, si había una ética que regía la vida en comunidad, lo bueno y lo malo, el deber ser social se presentaba pre dado y sólo había que adaptarse y vivir dentro de un marco normativo común a toda la tribu. El pensamiento y la práctica moral se regían por la existencia en el imaginario comunitario de un código ético no ambivalente y no aporético y por tanto aplicable universalmente a las relaciones al interior de una colectividad específica. El yo moral indígena sacrificado en función del yo social de la tribu diría Bauman . Al igual que en el medioevo europeo la autoridad, otorgada por algún Dios al jefe de la colectividad era incuestionada. En ambas circunstancias históricas, los liderazgos tenían un carácter fuertemente autoritario, ambas dinámicas, sin embargo permanecieron más de diez siglos inalteradas.
En cualquier periodo histórico que revisemos la ética estaba directamente ligada a la moral del colectivo del que se trataba, el tamaño de la unidad permitía homogeneizar el criterio de “violación a la norma” implícita o explícita, bueno era bueno y lo malo era malo, no se admitían relatividades, el costo de esta estabilidad era transar la libertad , la trasgresión era significada como inapropiada por toda la comunidad que compartía reglas y recursos en el campo simbólico, lo que nada tiene que ver por cierto, con la justicia o la equidad que el compartir esas reglas y recursos implicaba.
La connotación para efectos de la dinámica social, que esto tenía era la no generación de un gran conflicto al interior de las comunidades, el temor era un temor conocido vinculado a las relaciones sociales también conocidas o a las agresiones externas probables pero que eran enfrentadas colectivamente.
El surgimiento de las grandes ciudades cambió el carácter del miedo, este pasó a ser parte del espacio dentro de las murallas de la propia urbe con el agravante que la magnitud de estas no permite el encuentro cara a cara, lo que modifica a su vez la forma de establecimiento de parámetros de normalidad y de sanción, ahora estos son definidos por medio de instituciones especialmente creadas para ello y que se suponen representativas del sentir ciudadano.
El carácter del control de los fenómenos que causaban miedo en aquellos espacios que concentraban una gran cantidad de población, por tanto, cambió de una época a otra, en principio se actuaba con la segregación o eliminación de aquellos portadores de las causas del miedo (en la ciudad amurallada los leprosos quedaban fuera y los ladrones eran colgados en la plaza pública), hoy en las grandes urbes sin fronteras físicas visibles se actúa de otro modo menos evidente pero igualmente segregador y violento, se actúa, en palabras de Foucault , con “disciplinamiento social”, disciplinamiento que con el advenimiento de la globalización neoliberal y el derrumbe de los socialismos históricos intenta ser cada vez más homogeneizante y extendido.
Este intento sin embargo, se produce en un contexto en el cual la persona es cada vez más conciente de sus derechos, incluido el de la libertad, la población mundial aumenta su nivel educacional, la información se masifica por medio del teléfono, la televisión y la Internet lo que trae como correlato el aumento de los niveles de conciencia de derechos, estos ya no son solo conocidos sino que exigido. Sin embargo, la evidente crisis sociopolítica y económica provocada por el liberalismo, la caída de los socialismos históricos y el franco retroceso del cristianismo como alternativa política ha traído consigo una crisis espiritual y valórica en las sociedades que hacen difícil la definición de los derechos exigibles para todos por igual ya no existe “una” forma de ser bueno o malo, se derrumban las visiones de mundo, de la historia y de la política. La crisis material por su parte se manifiesta en el agotamiento de los recursos planetarios y por tanto en el agotamiento de la idea de progreso ilimitado de la sociedad y en las desigualdades que produce el sistema neoliberal predominante en la mayoría de las sociedades occidentales, la crisis valórica a su vez se hace ostensible en la relativización de lo bueno y lo malo, bello y lo feo. A este fenómeno algunos autores le han denominado la “crisis de la modernidad” que no es más que la confluencia de la crisis material y valórica del sistema social.
Esta crisis produce divisiones irreconciliables entre clases sociales en donde los desencuentros a su vez generan un fenómeno denominado “miedo al otro”, ese miedo es enfrentado por aquellos que ostentan el poder combinando el intento de un fuerte disciplinamiento social con una segregación de los espacios con fronteras físicas invisibles pero manifiestas, la combinación perfecta entre violencia explícita y violencia simbólica diría Bourdieu. Sin embargo, la aplicación conjunta de estas dos formas de control es altamente peligrosas para la estabilidad de las sociedades modernas, de ello hoy en día Santiago de Chile es un claro ejemplo en donde la violencia es generada por la atomización de una sociedad compleja, la segregación actúa como una barrera invisible que no permite el encuentro entre perspectivas diversas. Las instituciones creadas con el objetivo de establecer los parámetros de normalidad y las sanciones a los transgresores, están siendo ocupadas por una parte de la población (que dicho sea de paso habita en un territorio específico de la ciudad, formado por las 5 comunas del área oriente) y no por representantes de la diversidad que constituye la sociedad posmoderna. Lo anterior trae como consecuencia el establecimiento de parámetros estandarizados, acordes solo al modo de vida de la clase dominante, dejando fuera a gran parte de la población . La segregación urbana como manifestación palpable de un fenómeno de diferenciación absoluta no permite hacer la reflexión a quienes están involucrados en este proceso, dado que para ellos los “otros” simplemente no existen, estos están invisibilizados en cifras y datos dejando de ser parte del cotidiano de quienes toman las decisiones.
Para los otros (los habitantes de las restantes comunas del país), aquellos que están fuera de la esfera de la toma de decisiones es cada día menos legítima la norma impuesta (la cual en la mayoría de los casos es además, desconocida), esta norma es vista como una norma externa, no propia ni apropiada, se la ve fuera del contexto en el que se desenvuelven, la norma no es lo normal sino la excepción. Esta distancia respecto de la norma se manifiesta tanto en el ámbito de lo individual como en el colectivo, cada individuo autojustifica su transgresión de modo tal que no se le produzca una disonancia cognitiva, cada grupo específico maneja sus propios códigos normativos que están incluso por sobre la norma social. Este segmento de la población sin embargo, externamente está expuesto a las sanciones fuera de su propio territorio y es vulnerable dado que no tiene redes de contactos con aquellos que toman decisiones y aplican la ley.
Existe otro grupo dentro de la sociedad que si bien no se encuentra directamente inserto en la esfera de la toma de decisiones políticas, posee un poder económico y de relaciones sociales de tal envergadura que les permite situarse por sobre la normatividad colectiva, para este grupo la norma y la sanción son conocida, aceptadas y hasta promovidas para ser aplicadas al resto, mas no para este grupo en sí, el nivel de influencias que este conjunto posee les permite moverse con una cierta tranquilidad en los márgenes de la legalidad sin recibir sanción cuando pasan la línea al lado de la trasgresión, dicha trasgresión en este caso es conciente y no produce les disonancia dado que se piensan y saben por sobre la norma colectiva. Externamente la aplicación de la legalidad, dentro o fuera del territorio propio donde se mueve este grupo, es relativizada y ajustada al poder de influencias o el dinero de quienes transgreden.
Es interesante destacar además que es este segundo grupo quien promueve la democracia ya no como filosofía de vida sino que como una estrategia de dominación, asemejando democracia a un Estado en donde el control punitivo se presenta como fundamental, control que como mencionaba anteriormente no los alcanza. Esto no solamente sucede en Chile, Bourdieu señala por ejemplo que “En los Estados Unidos se asiste a un desdoblamiento del Estado: por un lado, hay un Estado que asegura ciertas garantías sociales, pero solo para los privilegiados, suficientemente garantizados para dar seguridades y garantías, y por otro, un Estado represivo y policial para el pueblo”… “Se trata en este caso de una especie de realización del sueño de los dominadores, un Estado que como ha mostrado Loïc Wacquant, se reduce cada vez más a su función policial” . Se puede ver entonces que este fenómeno está ocurriendo masivamente en las sociedades regidas bajo la economía neoliberal y que utilizan a la democracia como un subterfugio para la dominación.
En este contexto internacional, la democracia entonces, no cumple con los requisitos necesarios para constituirse como tal, es decir como un sistema de deberes y derechos más que como un régimen de gobierno, esto trae consecuencias impensadas en la convivencia al interior del espacio urbano. En la “democracia neoliberal” no hay una participación efectiva de la población en la formulación y ejecución de las políticas de gobierno, estas están vedada para una gran mayoría, sólo los grupos privilegiados pueden acceder a la toma de decisiones, el resto de la población es convencido de que participar es votar, y de que elegir a un representante enajena la posibilidad de participación directa. En Chile además, el argumento al que se apela en el discurso de los que sustentan el poder invoca subrepticiamente a la dictadura militar como a un fantasma del que nadie se quiere acordar pero que todos le temen porque aun está presente en la institucionalidad del país y se presenta amenazante ante cualquier intento de cambiar el estatus quo de la nación, Chile se nos presenta hoy como un país en el que una gobernabilidad sistémica eficiente oculta las deficiencia de la gobernabilidad democrática, que dicha sea de paso es la verdadera democracia. El riesgo de no aventurarse a cambios radicales que permitan ampliar esta idea restringida de democracia, está en el desprestigio y la pérdida de legitimidad cada vez más evidente de esta forma de gobierno con un sustantivo aumento del prestigio de las acciones violentas físicas y simbólicas en función del logro de objetivos. El “todo vale” se instala silencioso en la sociedad chilena, la ciudad por ejemplo se divide en los “unos” y los “otros” donde no existen espacios de encuentro alejándose día a día la posibilidad de la generación de un lugar construido entre todos y todas y donde todos y todas caben en igualdad de deberes y derechos.
Nuestra democracia tampoco es capas de cautelar una entrega de información a todos los ciudadanos por igual, si bien es cierto en teoría existe libertad de prensa y hay una voluntad por parte de la presidenta de transparentar la gestión del Estado, no es menos cierto que la propiedad de los medios de comunicación está en manos de unos pocos grupos económicos y que el periodismo alternativo no cuenta con los recursos necesarios para contrarrestar la avalancha informativa de los grupos dominantes. La televisión es el mejor ejemplo de esto, siendo este medio el más visto por la población es prácticamente imposible que aparezca en la pantalla un discurso que no esté acorde con los valores que sustentan el sistema dominante y desde los comerciales a los programas de concursos se fomenta la competencia y la satisfacción individual de necesidades reales o creadas, basta con observar detenidamente algunos comerciales en los que no importa que otro sufra si el individuo puede tener el placer de solazarse con algún producto específico, basta con contar en la televisión abierta el número de comerciales que mencionan la palabra solidaridad y compararlo con los que mencionan la palabra individuo o individual (pack individual, disfrútalo solo, cotización individual, etc.), evidentemente esto no es una estrategia planificada para imponer determinados valores a las sociedad chilena, más grave aun, nadie cuestiona esta dinámica porque el individualismo a pasado a ser parte de nuestra doxa. En cuanto a la transparencia de la entrega de información por parte del Estado, las buenas intenciones se ven limitadas de nuevo por una doxa dominante que permite que algunos crean que son los iluminados y que no es necesario que la información acerca de las decisiones tomadas esté acompañada de las alternativas existentes, esto se basa en la idea de que realizar dicho ejercicio requiere la inversión de un tiempo innecesario en promover la participación que puede ser utilizado en temas más útiles y en la idea también de que la población no cuenta con las herramientas educacionales y el criterio suficiente para saber lo que necesita. El impacto que esto ha tenido en el espacio urbano se hace evidente en el diseño de las políticas sociales de vivienda y urbanismo en las cuales por mucho tiempo no se consideró la realidad específica de cada poblado diseñando programas aplicados estandarizadamente a todo el país con las consecuencias que ya conocemos de ineficiencia y segregación de los espacios.
Para que hablar del manejo de la agenda de los gobernantes, la ciudadanía no tiene acceso a ella sino es por medio de manifestaciones violentas ya que no existen mecanismos para que esta intervenga, proponga y corrija efectivamente la agenda pública. Este punto se presenta peligroso dado que se genera una idea en el imaginario social de que la única forma de ser escuchados es por medio de la violencia, aquello que debiera ser la última alternativa se transforma en “la” alternativa existente de los que están fuera de las esferas de poder económico y político para intervenir en la política. Esto, sumado a la debilidad de los partidos políticos y a la carencia de discursos que permitan imaginar alternativas de cambio generan en la sociedad chilena una idea de relaciones que incluye la violencia como la mejor alternativa, dada su rapidez y efectividad. El fantasma de la dictadura se diluye con el paso del tiempo y ya no es suficiente para mantener el control, ante esto, emerge un nuevo fantasma, el de la delincuencia que permite justificar la represión pero que no tiene la misma carga de miedo de los regimenes de facto y peor aun no tiene el mismo rechazo por parte de la población, el cambio valórico incluye incluso la comisión de actos que rayan en lo inmoral aunque no estén tipificados como delitos, es más incluso hoy en día en muchos sectores de la población la comisión misma de delitos es aceptada como válida para satisfacer necesidades individuales cuando no existe otra alternativa. Lo anterior nos muestra en ciernes un fenómeno que no solo no permita la gobernabilidad democrática sino que tampoco permita la gobernabilidad sistémica.
Es en el plano de la igualdad en donde nuestra democracia presenta los mayores problemas, nuestra sociedad evidencia tal desigualdad que ya ni siquiera es obviable por aquellos que promueven el sistema que la genera, tanto es así que hoy se habla de “corregir el modelo”, la pregunta que surge es si es posible corregir un modelo cuya esencia es la competencia y el individualismo, por tanto la existencia de ganadores y perdedores, de los “unos” y los “otros”, el valor ético moral que sustenta el modelo político-económico tras la democracia chilena es la desigualdad tanto entre seres humanos como entre seres humanos y el resto de la naturaleza, la pregunta que debiéramos hacernos entonces es ¿es posible construir una verdadera democracia bajo este sistema económico?. Definitivamente no, un sistema cuyas bases son el individualismo, el retiro del Estado y la supremacía del mercado no puede sino genera desigualdades porque es esto lo que permite que funcione. Los efectos que esto trae es la agudización de la división de la sociedad entre ricos y pobres, el viejo planteamiento marxista de la clase dueña de los medios de producción y los trabajadores, muchos abrirán los ojos casi hasta desorbitárseles al leer esto, pero es así, hoy por ejemplo no hay posibilidad de encuentro cotidiano entre los dueños de las grandes empresas y el resto de la población trabajadora, efectivamente una parte de la población trabajadora contará con algunos privilegios que le permite al capitalista mantener una correlación de fuerzas necesaria para gobernar. El espacio urbano en casi todas las ciudades del país muestra un claro mapa de esta atomización, ricos y pobres habitan siempre en sectores separados de la ciudad y en la capital no solo habitan en sectores separados sino que además se ha venido desarrollando un proyecto urbano que no permite los encuentros en el tránsito cotidiano de un lugar a otro, esto produce la invisibilización para quienes toman las decisiones de las malas condiciones de vida del resto de la población, sin embargo, los medios de comunicación se encargan de mostrar a los postergados los privilegios que solo algunos tienen, estro provoca en la población una rabia que genera escalofríos, las últimas investigaciones que realicé en la ciudad de Santiago, este año 2007 demostró que esa rabia ha aumentado en el último tiempo a niveles impensados anteriormente. La bomba urbana que describí en gestación el año 1996 está por estallar.
Algunos más optimistas pudieren pensar que lo anterior anuncia una situación pre revolucionaria, pero no es así, la crisis política y el desprestigio del cristianismo y el marxismo (como alternativa política) frente a un predominio sin contrapeso del liberalismo ha generado la pérdida de la fe en la posibilidad de construcción de alternativas viables. Si bien se han desarrollado proyectos locales y han surgido los nuevos movimientos social transversales, estos no abordan los dos problemas centrales de las sociedades posmodernas, las crisis valórica, política, socioeconómica y medio ambiental a las que nos vemos enfrentados como planeta. De no surgir pronto movimientos fuertes que permiten recuperar las confianzas entre seres humanos me temo que la crisis final es inevitable, ya no solo la violencia simbólica sino que la violencia física se apoderará de las sociedades arriesgando la continuidad de estas dando paso a aglomeraciones urbanas divididas en territorios cuyos habitantes funcionen con lógicas tribales.
Lo anterior se explica porque cada vez hay menos personas que consideran la norma impuesta por el Estado como una norma legítima, se pone en entre dicho entonces la noción misma de orden, lo que sumado a altos niveles de pugnas entre individuos dentro del espacio social por la satisfacción de sus propias necesidades, generan un espacio social altamente proclive al desarrollo de la violencia como respuesta legítima y única para la resolución de los conflictos.
El sentimiento más o menos generalizado de que la violencia se ha constituido para muchos en una respuesta legítima para la resolución de conflictos implica también sentimientos de inseguridad difusos dado su carácter estructural. Este es un sentimiento de miedo sin una imagen a quien imputarle su provocación, lo anterior genera una necesidad de autoprotección manifestada en una actitud de defensa y de aislamiento individual que agudiza el desconocimiento del otro, aumentando el miedo a ese otro, potenciando la inseguridad, imponiéndose un circuito de difícil solución en tanto implica, una relación circular cuya característica basal es el neoliberalismo en donde el punto de inicio y de fin es el individualismo metodológico. Todo otro se transforma en un potencial agresor, es un enemigo por definición, culpable hasta que pruebe lo contrario, pero sin las condiciones necesarias para poder probar la inocencia. Los acercamientos entre personas diferentes son cada vez menos probable, toda conducta de otro ser social diferente provoca miedo.
Este miedo al otro, hace referencia a sentirse amenazado por otro diferente a mí mismo, que no es parte cotidiana de mi entorno y no maneja los códigos de la tribu, sin embargo, como se veía anteriormente en esta definición resuenan otras inseguridades; aquellas provocadas por el debilitamiento del vínculo social, del sentimiento de comunidad y, finalmente, de la noción misma de orden. En el caso chileno el “miedo al otro” es al mismo tiempo un elemento de una estructura de seguridad y el objeto de un discurso que legitima dicha estructura. Se ve reflejado aquello que Ronal Barthes anuncia para la sociedad de masas cuando señala que este tipo de sociedad “estructura lo real de dos maneras concomitantes, produciéndolo y escribiéndolo” en Chile existe efectivamente delincuencia pero la estigmatización de los que la cometen refuerza el miedo entre conciudadanos.
Las normas y procedimientos establecidos para el habitar, en las ciudades actuales han perdido legitimidad, las estrategias de control social ya no son aceptadas colectivamente en gran parte por la falta de interacción entre las personas, las que se han visto permeadas por el individualismo metodológico, lo que ha significado una atomización social y por tanto un repliegue de los sujetos a sus casas abandonando las calles y espacios públicos, produciendo un nicho ideal a la delincuencia una vez más un círculo que cuadra.
El miedo al crimen masificado que solo refleja el conjunto de las conductas anómicas en sociedad sirven de argumento para el ejercicio de una serie de atropellos y vejámenes a determinado grupo de la población, lo que a su vez genera más violencia en ese grupo, cayendo en una espiral de violencia de difícil control. La estrategia apropiada para disminuir la violencia entonces no es represiva sino inclusiva.
En suma, aunque se diseñen estrategias represivas para el control de la violencia y se sume dinero del erario público a la aplicación de las políticas sociales esto nunca será suficiente porque las estrategias represivas solo generan estados de ánimo que promueven la violencia en aquellos que son reprimidos y las necesidades son infinitas y siempre están en aumento. Mientras no se aborde el tema complementando la asignación de recursos que promueven la equidad en la distribución de el ingreso con una promoción intencionada de transmisión y asentamiento de aquellos valores que sustentan la democracia como la solidaridad, autodeterminación y la relevancia del interés social por sobre el interés individual, no habrá posibilidades de avanzar en la constitución de una verdadera democracia y por tanto no habrá posibilidades para la paz.
Bibliografía
Barthes, Ronald; “Sociología y socio lógica”, artículo en Barbano Filipo, “Estructuralismo y sociología”; Ediciones Nueva Visión Buenos Aires, 196?
Bourdieu Pierre, “La dominación masculina”, editorial anagrama, colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000 (primera edición 1998).
Pierre Bourdieu, “La dominación masculina” editorial Anagrama colección argumentos, Barcelona, segunda edición 2000.
Bourdieu, Pierre, “Contrafuegos, reflexiones par servir a la resistencia contra la invasión neoliberal”, Editorial Anagrama, Barcelona 2° edición, 2000.
Erich Fromm, “El miedo a la libertad”
Foucault, Michel; Vigilar y Castigar Editorial Siglo XXI, Madrid, 1996
Zygmunt Bauman, “Ética posmoderna”, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina, 2004.
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