Movimiento Estudiantil en Chile, Había señales de alerta que no fueron consideradas

Había señales de alerta que no fueron consideradas

Hoy nos vemos enfrentados a un conflicto que parte planteando el problema de las inequidades en educación pero que rápidamente se convierte en un cuestionamiento del actual sistema político que es planteado por los jóvenes de nuestro país pero que trasciende y se transforma en un clamor ciudadano.

Hace ya algún tiempo se observaban índices de descontento en la juventud, así por ejemplo la inscripción en los registros electorales de los jóvenes había ido en franco descenso, según la información oficial del SERVEL los jóvenes inscritos para votar entre 18 y 19 años eran en el plebiscito de 1988, 409.109, en las presidenciales del 2009 a pesar que el padrón electoral aumentó la cifra de jóvenes inscritos disminuye a 87.289, hoy la inscripción en ese rango de edad ha caído a 32125. Esta regla de disminución del número de población inscrita entre 1988 y 2011 se repite hasta los 34 años, es decir la población no se inscribe aunque pasen los años y se vuelvan adultos. Esta es una clara señal de la poca relevancia que le dan los jóvenes de hoy y los adultos del mañana a la participación electoral uno de los pilares constituyentes de la democracia actual. (Fuente; elaboración propia en base a datos SERVEL enero 2011padrón electoral por grupos de edad)

AL estudiar el año 2009, la valoración que tenían de nuestra democracia los jóvenes en Chile, se obtuvieron resultados que podían tener una doble lectura, una positiva y autocomplaciente que decía que el 43% de los jóvenes encuestados consideraban que “La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. Pero también se podía hacer una lectura más acuciosa y analítica, al sumar los jóvenes que dicen que “A la gente como uno le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático (28%), “no le dan ninguna importancia a la democracia” (14,5%) y “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático (9,8%) se obtenía un peligroso y alertante 52,3 % que no adscribía a la democracia como forma de gobierno ya en esa fecha. Los datos de INJUV también señalaban que “en comparación con los datos arrojados por la 5° Encuesta Nacional de Juventud realizada el año 2006, si bien la valoración de la democracia como sistema de gobierno continúa siendo mayoritaria entre las mujeres y varones jóvenes, se observa un decrecimiento en la proporción de personas jóvenes que apoya esta afirmación. En efecto, en 2006 dicha mención obtuvo un 57,1% de las preferencias, lo que corresponde a un diferencial de 14,1 puntos porcentuales respecto de la medición de 2009 es decir un 43%. (INJUV 2009).

Pero los datos antes señalados son un promedio nacional al desagregar la información por grupos socioeconómicos o ubicación espacial, obtenemos interesantes resultados, el primero que llama la atención es que al revisar la inscripción por comuna de los jóvenes ésta es porcentualmente mayor en las comunas de la región metropolitana que concentra la población de nivel socioeconómico alto respecto a las comunas más pobres del país. Cabe desatacar que es en estas comunas donde habitan la mayoría de las elites de la concertación y la alianza los dos bloques que se alternan en el poder producto del sistema binominal. La elite se reproduce en su juventud y son estos los jóvenes que primero se inscriben para votar. La misma encuesta lo señala que “Un cuarto de la población joven está satisfecha con la democracia, valor que aumenta a mayor nivel de ingresos, mayor nivel educacional y entre quienes viven en localidades rurales” (INJUV 2009)

Uno de los aspectos que releva la población juvenil es la falta de transparencia de la políticas, cuestión que no es casual dado el deterioro de imagen y desprestigio de la misma plasmado en el DOXA nacional por la dictadura militar. La política y los señores políticos versaba el discurso no solucionan nada y llevaron al país a la quiebra, no es casual que una de las obras del dictador se titulara “política, politiquería y demagogia”

De lo anterior para muestra un botón. En las elecciones del año 2009 confluían en los candidatos los apellidos y relaciones de la más fronda aristocracia terrateniente de nuestro país, Sebastián Piñera Echeñique, Marcos Heriquez-Ominamin Gumusio, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Jorge Arrate Mac Niven.

Las elites nacionales mantienen un círculo bastante cerrado, habitan en espacios específicos, zona oriente de la capital, comparten territorio vacacionales, zona de los lagos en el sur, asisten a los mismos colegios, son católicos y se casa entre ellos. Esto no sucede con una intencionalidad o planificación sino porque el Habitus de clase es compartido y no es posible que se interesen por otros individuos pertenecientes a otra clases o porque las prácticas cotidianas no permiten el encuentro con otros en el espacio social.

Chile ha sido gobernado a través de la historia por unas pocas familias y este círculo es muy difícil de romper, esto es de conocimiento de la mayoría de la población, por qué entonces un ciudadano común debiera estar interesado en la política si sabe a priori que las posibilidades de acceder al poder son mínimas o nulas. Qué sentido tiene la organización de la clase media y los pobladores siguiendo las reglas del juego establecidas, si al final del día son representados en el gobierno o el congreso nacional por esas mismas familias que han dominado el quehacer económico y político desde la época de la colonia?. Al parecer, cada día más tiene menos sentido, una frase comúnmente repetida representa muy bien este sentimiento “para que nos vamos a meter en política si salga quién salga igual NOSOTROS tenemos que trabajar.

Por otra parte las inequidades crecen. En los países miembro de la OCDE por ejemplo, entre 1979 y 2001 los ingresos de los habitantes más pobres crecieron sólo un 8% en tanto aumentaron un 17% para el 20% de ingresos medios, un 69% para el 10% más rico y un alarmante 139% para 1% que representa la elite más acomodada de dichos países. Chile es consignado en el 2011 como el país con mayor desigualdad del grupo.

Si al análisis de la relación de los jóvenes con la democracia le sumábamos, este patrón familiar de reproducción de aquellos que sustentan el poder, agregábamos además la fuerte desigualdad en el país teníamos hace ya hace algún tiempo varias señales de alerta que no fueron consideradas a tiempo.

Los jóvenes en suma, en su mayoría no creen en la de democracia liberal representativa, mientras más joven menos inscripción en los registros electorales y va en disminución, los jóvenes tampoco valoran la política y los partidos políticos, básicamente porque no confían en ellos, todo esto en un contexto de desigualdad que aumenta.

El error sería hoy no saber interpretar estas señales que venía desde hace tiempo y que tienen al 65% de la población en las calles y a estudiantes en huelga de hambre. Continuar con la tozudez y la intransigencia de querer mantener el actual sistema porque las instituciones aparentemente funcionan, es poner en riesgo la estabilidad del país en su conjunto llevándolo a un camino sin salida que solo puede implicar acudir a la violencia para resolver el conflicto. Se deben hacer entonces, cambios de fondo en la institucionalidad política de Chile, no entender esto es no querer oír lo que la ciudadanía dice y polarizar las relaciones a niveles que quizás no sea posible reconstituirlas.










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