De los anclajes personales e institucionales de la SIEN a la deriva del individuo de la SPIG en búsqueda de la tribu

El modelo de modernidad predominante en occidente desde al menos el siglo XVIII, tiene un carácter claramente determinado. Como señala Peter Wagner, "La visión más común sobre la modernidad (no exenta de problemas, por cierto) señala que este término hace referencia a un nuevo tipo de sociedad que surgió a partir de una sucesión de grandes transformaciones producidas en Europa y América del Norte que culminaron con las revoluciones industriales y democráticas iniciadas a finales del siglo XVIII y principios del XIX" (Wagner, 2012). La modernidad se expresó por tanto, en un tipo societal concreto, es decir, en un cierto tiempo, con un cierto tipo de economía, de política, y de cultura, sociedad en la cual el Estado, la democracia liberal y la emergencia del individuo contribuían a configurar aquello definido como "moderno". Esta idea de modernidad se plasma concretamente, como señala Garretón (La sociedad en que viviremos), en una Sociedad Industrial de Estado Nacional (SIEN). Una de sus características fue el desarrollo de instituciones, las que se construyeron y quedaron establecidas y completamente esquematizadas en correspondencia a una situación social, económica y cultural que configuraron los Estados Nacionales, primero en cuanto poder reconocible, y su desarrollo, después. Este esquema de interpretación, siendo principalmente válido para lo ocurrido en Europa occidental, ha sido también señalado como modo de articulación histórico-societal para América Latina desde la perspectiva de la teoría de la modernización. Sin embargo, no es posible olvidar que, en nuestro caso regional, han existido particularidades a tener en cuenta, fundamentalmente en el terreno del despliegue institucional estatal y sus vínculos con lo social. Con todo, estimamos que, en un sentido amplio, la visión propuesta es plausible para el quehacer teórico respecto de nuestra propia realidad. Ahora bien, hoy en día (y desde hace algunas décadas), este concepto de modernidad ha sido puesto en cuestión. En efecto, como señala Peter Wagner, la cuestión y su definición están en disputa. La modernidad ya no se comprendería homogéneamente sino más bien, ha tomado matices de heterogeneidad respetando las particularidades de tiempo, espacio y cultura de aquellos que aspiran a ser modernos. Con distintas expresiones, Wagner ilustra su aserto pasando revista a lo que desde los años 60 del siglo XX han venido elaborando autores como U. Beck (Beck 2001), A. Giddens (Giddens 1999), Z. Bauman (Bauman 2003) o A. Touraine (Touraine 1994). Todos ellos, desde sus respectivas miradas al fenómeno de la modernidad, aportan distinciones entre modernidades simples o reflexivas, clásicas o emergentes, sólidas o líquidas, racional o subjetivas, etc. En este contexto de debate, comienza a surgir la idea de que estaríamos en presencia de un nuevo tipo de sociedad: la sociedad postindustrial globalizada (SPIG), una de cuyas principales características es, de acuerdo a M.A. Garretón, la preeminencia de los capitales financieros transnacionales, además de la relevancia de las redes de información y servicios. Si bien concuerdo con ello, estimo que no menos significativo es la idea de que la situación actual estaría dominada por un espacio con instituciones y prácticas (sociales y políticas) en deterioro, lo que generaría un desanclaje sociocultural, además de político, del individuo y del Estado. Esta situación se genera por la colisión entre las pautas establecidas en la SIEN y las realidades SPIG, dado que en las primeras, siguiendo siempre a M.A. Garretón, existe correspondencia entre valores, normas y conductas vinculadas a una institucionalidad. Tal concordancia en la SPIG queda en entredicho, dada la emergencia exacerbada del sujeto y la subjetividad que trae aparejada: no obstante la globalización ha implicado la circulación hegemonizante de valores y formas de vida en la cultura y la economía, ha provocado, de igual modo, reacciones que han implicado la potenciación de las identidades o particularismos, tornándose difusos y hasta conflictivos los términos de la práctica previa. * A la luz de lo expuesto, a continuación señalaré algunas reflexiones en las que buscaré precisar tópicos sobre esta tensión del tránsito entre SIEN y SPIG. Primero. Al no existir, al modo anterior, normas valores y conductas en correspondencia, sino normas, valores y conductas propias del sujeto o del espacio propio en el cual este se mueve, primarían patrones eminentemente situados o de ámbitos de adhesión específicos (socio-territoriales), como los previstos en el concepto de tribu. Estando al tanto de las discrepancias que el concepto de tribu ha producido en la sociología reciente, estimo que lo señalado por M. Mafessoli en la perspectiva de que la tribu comportaría la construcción de comunidades emocionales, categoría que bien puede traducir o significar las tendencias gregarias del presente globalizado. Después de la caída del bloque socialista, el discurso predominante fue el del triunfo del modelo capitalista de desarrollo, había que mejorarlo, perfeccionarlo, disminuir sus efectos negativos (léase aumento de la diferencias socioeconómicas), mantener la “gobernabilidad” y la “democracia” por sobre todas las cosas. Sin embargo, el modelo se torna siniestro la percepción de perversidad del modelo económico global es reforzada por Guimaraes quien afirma que “la sociedad global se ve enfrentada, no a una nueva crisis de las tantas que la han caracterizado, sino que al “agotamiento de un estilo de desarrollo que se ha revelado ecológicamente depredador, socialmente perverso y políticamente injusto, tanto nacional como internacionalmente” (Vargas Aguirre 2001). La esencia de la crítica de la red la sintetiza muy bien Leonardo Boff en una de sus entrevistas señala “La estructura básica del universo no es la victoria del más fuerte y de la competencia, sino la colaboración y solidaridad entre todos. Implica una crítica violenta al capitalismo, al egoísmo, al individualismo, que pertenecen a la dimensión demencial del ser humano, y que está potencializando en este sistema las fuerzas más destructivas e insolidarias” (Boff s.f.) En este contexto las tribus se constituyen en un fenómeno que va más allá de la juventud Michalel Maffesolli señala que una de las formas en que los sujetos de la modernidad neoliberal contrarrestan el individualismo propio del modelo, es por medio del compartir experiencias con grupos próximos con características e intereses similares, los miembros de dichos grupos se aferran a ellos como una forma de enfrentar la cada vez más profunda soledad a la que se ve enfrentado el individuo-consumidor. Algunas de las características principales de estas “tribus modernas” o “neotribus” como las llama el autor son, primero que se constituyen en “comunidades emocionales” que como señalaba anteriormente tienen rasgos comunes en el vestir, caminar, estilos de vida, lenguaje, ritos, mitos e intereses similares, que implican una fuerte comunión emocional que permite enfrentar la soledad. Estas neotribus a su vez se caracterizan por compartir espacios y momentos comunes y se construyen desde el resistir a la homogeneización necesaria para facilitar el consumo que propugna el neoliberalismo globalizado, construyendo identidades alternativas en una sociedad de lo uniforme. Otro aspecto que las identifica es relevar la racionalidad con arreglo a valores weberiana o la solidaridad mecánica de Durkheim versus la racionalidad con arreglo a fines y la solidaridad orgnánica neoliberal, lo cual no es posible sino en la interacción cara a cara en espacios (territorios) reducidos que implican el recuperar a la persona detrás del individuo. La lógica tribal ofrece entonces a la persona habitante del espacio urbano en un contexto del alienado mundo capitalista: Primero, el desarrolla algo inherente al ser humano y que a decir de Aristóteles le permite constituirse como tal, es decir, le permite la satisfacción de su instinto gregario, la tribu urbana en un contexto de globalización neoliberal, satisface esa necesidad del ser que sólo es completo en relación a otros seres humanos y que el individualismo capitalista exacerbado no permite desarrollar. La tribu urbana permite y potencia la idea de amistad, lealtad y vínculo afectivo, dentro de ella no se niega la posibilidad de solidaridad diría Durkheim. La racionalidad con arreglo a fines da paso a aquella con arreglo a valores diría Weber. Segundo, la posibilidad de encontrar una identidad colectiva, la tribu implica un espacio de encuentro en el que se genera una identidad que trasciende al individuo. En una sociedad donde la racionalidad y la individualidad son su sustrato, aparece un referente valórico que se mueve ya no en la racionalidad sino en la emocionalidad, que dicho sea de paso es el espacio en donde los valores tiene una mayor posibilidad de desarrollarse. Tercero una lógica de economía solidaria opuesta al modelo neoliberal, en donde el dinero, si se usa, solo circula como la mercancía diría Marx y no como capital donde sólo sirve por tanto para la satisfacción de necesidades más que para la acumulación. Cuarto, compartir valores e intereses y defenderlos corporativamente, en un mundo donde tanto el capitalismo como el socialismo se han visto fuertemente cuestionados, las personas encuentran a otros con intereses y valores similares que son defendidos por el colectivo. Quinto si bien las tribus no pueden entenderse necesariamente como globalifóbicos, es decir no se oponen a la interacción comercial, social, política, cultural y medioambiental a nivel plantario, si se presentan como una alternativa al modelo capitalista y a sus consecuencias. Las tribus no se configuran en el plano ideológico sino más bien en la práctica, las creencias y los sentidos, no se configuran como un acto consciente o intencionado en contraposición al neoliberalismo sino más bien surgen como una respuesta a una situación percibida como negativa. Y por último ofrece una alternativa al avasallador modelo capitalista es decir ofrece la posibilidad de vivir de manera diferente en una Sociedad dominada por el fetichismo de la mercancía. Segundo. Al no existir correspondencia entre economía política y clase como en la SIEN, se pierde el anclaje tradicional de referencia política, lo que desafía al sistema político en su conjunto. La anterior cultura productiva, sostenida por una objetivación de las relaciones de producción entre capital y trabajo, hubo de exponer ciertas centralidades entre actores nítidamente visibles en el proceso –v.gr., obreros y empleadores; trabajadores y dueños de los medios de producción-, roles que, aún con la mediación de las instituciones del Estado, configuraron identidades y protagonismos en torno a los que se conformó un cúmulo de ideales políticos o de emancipación en una perspectiva tenida como socialista. Los enormes cambios suscitados por el capitalismo transnacional – sin dejar de lado la crisis o derrumbes de los modelos socialistas- no sólo trajo consigo la dislocación de la antigua cultura productiva (y del consumo), subsumiéndose el factor trabajo en la mercantilización capitalista, sino también, la perdida de las referencias emancipatorias de clase, con la consiguiente decadencia del sindicalismo en general y sus visiones ideológicas y partidarias. Lo anterior, no obstante, no ha borrado un factor clave de la realidad social: los conflictos y malestares que se han acrecentado. Ejemplos de esto son los movimientos anti sistémicos, las luchas sectoriales, étnicos, de indignados, medio-ambientales, entre otros, que vienen ocurriendo en Canadá, España, EEUU, Francia, Chile. Esto viene dando margen a un fenómeno de reconfiguración de identidades a distintos niveles que, si bien no disponen de la centralidad ideológica del clasismo tradicional, suponen una ampliación particularizada de las aspiraciones emancipatorias de orden locales. En este mismo plano, presenciamos la expresión de un Estado que se deteriora respecto de su concepción primigenia en tanto ente mediador y civilizatorio. Su actuación (Estado capturado) se ha hecho funcional a las fuerzas de la transnacionalización multidimensional. Tercero. La perdida de referencia de la institucionalidad social y estatal anteriores, sumado al imperio de la matriz SPIG, ha llevado a un contexto donde el individuo está en una situación de riesgo e inseguridad constantes. BECK Como lo sugiere Beck, apelando a uno de los aspectos de la dicha inseguridad, el incremento a fondo de los modelos de industrialización capitalista (modernización), ha desembocado en un fuerte deterioro medioambiental, tema que no sólo toca a asuntos de la propia biósfera, sino a la vez, a la ruptura en las condiciones de sustentabilidad social y política. El punto tiene su mayor debacle en el hecho de que estas tendencias productivistas extremas, coloca a la humanidad en una inseguridad óntica al ponerse en cuestión hasta las mismas capacidades cognitivas de orientación de los procesos económico-sociales. La razón moderna (instrumental) ha devenido ineficaz para enfrentar los problemas que ella misma ha creado. Estamos frente a un cambio de episteme moderna. La agudización de la fragmentación social en los espacios urbanos por ejemplo, ha implicado la emergencia de un fenómeno altamente conflictivo y riesgoso que amenaza la existencia del Estado como mecanismo de coordinación de las sociedades para transformarlas en un conglomerado de tribus en disputa constante. Entendiendo Tribu como la organización socioeconómica y política compuesta por un conjunto de personas que comparten: origen, historia, lengua, costumbres creencias y TERRITORIO. La re-emergencia de las tribus en el espacio urbano, se relaciona con la necesidad de pasar de la exclusión, la fragmentación, la inseguridad y el conflicto generados por le capitalismo moderno, a la integración, el vínculo, la seguridad y la paz en los micro espacios que reconocen en el otro complementario y no en oposición en un territorio común. Cuarto. Consecuencia de lo anterior es la pérdida de la moral social construida intersubjetivamente en favor de la pura subjetividad hedonista. Los rasgos dichos hasta aquí, han puesto al individuo en un espacio en el cual se promueve que él es artífice y constructor de sus propias creencias y responsabilidades desvinculadas de las articulaciones comunitarias o estatales de la matriz SIEN. Esta visión, discurso ideológico principal del patrón SPIG, justifica al mercado y sus promesas de bienestar individual (consumo), representando tal vez si el más duro golpe a la matriz civilizatoria anterior. Su vigencia y dominio se han tornado elocuentes en tantoi práctica naturalizada e irreflexiva (Doxa, diría Bourdieu), lo que dificulta ampliamente las cogniciones y posibilidades de modificación de dichas prácticas. La perdida de una moralidad social comúnmente construida ha permitido la vigencia de dos tendencias valóricas: de una parte, la creencia en la inmodificabilidad de lo existente (fundamentalismo), de suerte que delante de lo que existe no hay más opciones y, de otra, el relativismo ético, donde nada sería real y concreto y todo dependería de los puntos de vista del observador: nada es bueno o malo, sólo hay interpretaciones. A cuatrocientos años de que Galileo Galilei dirigiera su telescopio hacia el cielo y que descubriera que el sol era el centro, enjuiciado sancionado por la santa inquisición al salir del salón señaló“ y sin embargo se mueve” a modo de desafío confirmando que la realidad es y no se puede modificar aunque los dogmas de la época no permitan verlas. El nuevo dogma es que la economía y el mercado “son” el centro del universo. Mirar desde las ciencias sociales y la ecología nos permiten ver la violencia y la inequidad (como Galileo vio cráteres en la luna) que genera este sistema y que nos desafía a revelar la imposibilidad de seguir acumulando riquezas sin a un desequilibrio medio ambiental sin regreso. Se requiere de una práctica reflexiva que no sólo se aboque al debate en relación a la estructura del Estado sino que incorpore el difícil análisis de la que permita descubrir como se instalan relaciones menos colaborativas y más individualistas que permiten justificar y justificarnos a nivel inconciente las actuales estructuras. Quinto. El desanclaje respecto de los valores y prácticas del anterior patrón SIEN, ha importado trastornos emocionales en el sujeto, y ello no tanto por el desenclaje en sí, sino por la carencia de nuevas referencias nocionales. La construcción de la personalidad demanda la existencia de certezas u orientaciones que permitan su interacción con el conjunto de normas y modos de vida (objetivos y subjetivos) que lo constituyan moral y emocionalmente. La preeminencia de discursos y prácticas en conflicto con las referencias de la tradición lo desafían y ponen en tensión, resultando altamente estresante la necesidad de tener que enfrentar o adecuarse a las nuevas condiciones del entorno. De ahí sus malestares, su constante intranquilidad y angustias. Lo anterior sumado a una práctica de exo e auto exigencias pone al individuo en un territorio que lo fregmenta y disocia al punto de la "locura". * A modo de conclusión podría decir que el paso de un tipo de sociedad desafía al intelecto a pensar no solo en las formas en que se manifiesta dicho cambio sino en las consecuencias que ellos implican tanto a nivel societal como en la psique del individuo. Dicho análisis debería ser realizado con una independencia tal que, al ser la modernidad misma puesta en cuestión, permita avisorar nuevas configuraciones sociales que no necesariamente mantendrán el actual esquema ordenador de las sociedades modernas. Una sociedad compuesta de individuos desanclados de otros individuos, de la comunidad y de las instituciones, explotando al máximo y amenazando constantemente el equilibrio ecosistémico, no solo cuestiona la idea misma de ser humano sino que arriesga la sobreviviencia de toda especie.   Bibliografía Bauman, Zigmund. Modernidad Líquida. DF México: Fondo de Cultura Económica, 2003. Beck, Ulrich. La sociedad del riesgo global. 1° Edición en español . Madrid: Siglo XXI, 2001. Boff, Leonardo. «“las tentaciones de la iglesia” .» s.f. http://www.memoria.com.mx/143/Boff (último acceso: 17 de 8 de 2011). Bourdieu, Pierre & Eagleton, Terri. «“Doxa y vida cotidiana”.» En Ideología : un mapa de la cuestión, de Slavoj Zizek, 295-308. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2003. Castells, Manuel. «Globalización y Antiglobalización.» El País, 24 de julio de 2001. Garretón, Manuel Antonio. América Latina en el sigo XXI, hacia una nueva matriz sociopolítica. Santiago: LOM, 2004. Giddens, Anthony. Consecuencias de la Modernidad. Madrid: Alianza, 1999. Lyotard, Jean Francois. La condition posmoderne. Paris: Minuit, 1979. Touraine. Crítica de la Modernidad. México: FCE, 1994. Vargas Aguirre, Mónica. «“Algunas reflexiones en torno a la globalización”,.» Revista Globalización, Revista Mensual de Economía, Sociedad y Cultura - ISSN 1605-5519 -, 2001. Wagner, Peter. Understandig the Present. Cambridge, UK: Cambridge, Polity Press (Traducción Propia), 2012.

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