Abstención electoral: Reglas de un juego que la mayoría no quiere jugar

Una abstención electoral cercana al 60% de la población en edad de votar invita a una reflexión de fondo respecto a la democracia en Chile, al margen de mis preferencias políticas y del respeto que tenga por la presidenta electa. Partiré mencionando que el proceso eleccionario que recién termina, estuvo marcado por la ausencia de votantes en las urnas, aun no hay claridad respecto al porqué esto sucede, sin embargo hay algunos hechos irrefutables.

Primero, Según el SERVEL al contabilizar el 99,92% de las mesas, de un padrón de alrededor de 13 millones de personas, solo asistieron a sufragar 5.693.407 es decir aproximadamente un 43%, de ellos 115.995 fueron blancos o nulos, 2.110.482 votaron por la candidata Matthei y 3.466.930 lo hicieron por la candidata Bachelet, lo que significa que la presidenta fue electa con aproximadamente un 27% de apoyo del total de población en edad de votar.

Segundo, el proceso estuvo marcado por la apatía y la indiferencia de aquellos que estaban en las mesas de votación. Así por ejemplo, con el hashtag #vocalesaburridos en Twitter, miles de vocales se reían del proceso eleccionario y demostraban su apatía; en Santiago Centro, en la Escuela Salvador San Fuentes (donde escupieron a Longueira) los vocales usaron las estampillas de los votos para escribir la frase “me quiero ir” y compartir la fotografía en la red causando gran revuelo; otros, en San Antonio organizaron un torneo de Play Station; en Valparaíso hicieron origamis; en Osorno instalaron una pantalla gigante para ver películas y en Puerto Montt el jefe de local cerró una mesa porque los vocales a cargo de ella “fueron a almorzar”[i] esto, más que ser hechos aislados pareció ser la tónica que marcó la conducta de los vocales en los diversos centros de votación.

Tercero, la curva de participación en las elecciones en la segunda mitad del siglo XX tiene una tendencia marcadamente decreciente. Algunos puntos de esta curva son por ejemplo la elección de Jorge Alessandri, en el año 1958 cuando la participación en relación a las personas en edad de votar llegó solamente al 33,8%, la que fue en aumento hasta llegar a su peak en 1988 año del plebiscito, que buscaba derrocar a la dictadura donde alcanzó un 89,1%, de ahí en adelante la tendencia fue siempre decreciente, hasta al año 2009 (con inscripción voluntaria y voto obligatorio) cuya participación real fue solo de un 56,7%.

Ahora bien si comparamos datos electorales de las elecciones municipales del año 2008 y 2012 con información proporcionada por el SERVEL, aparecen preocupantes resultados que muestran que el año 2008, con sistema de voto obligatorio e inscripción voluntaria, el padrón electoral era de 8,2 millones de personas y la abstención llegó a un 14,2%. En el año 2012 en cambio, con un sistema de voto voluntario e inscripción automática el padrón aumentó a 13 millones de personas lo que podría aparecer como positivo, sin embargo, la abstención también aumentó a casi un 60%, por lo tanto solamente el 40% de la población eligió a los representantes que hoy existen en el espacio local, podríamos decir que “ganó el bloque de la abstención” pero que no eligió ningún alcalde ni consejal.

Cuarto, la preocupante y sorprende homogeneidad discursiva de ambos bandos en torno a la defensa acérrima de una forma de gobierno masificada en la modernidad denominada democracia “representativa” o “indirecta”, cuyo eje está puesto en la delegación por medio del voto del poder político individual en manos de “representantes” en función de que sean ellos los que tomen las decisiones por todos. Si bien se rige por las reglas de la mayoría, evidentemente su legitimidad depende de la magnitud del número de personas dispuestas a delegar en otro, su poder y del grado de acuerdo de los diversos grupos políticos de aceptar dicho pacto. No obstante lo anterior, al parecer hay un acuerdo tácito de los dos conglomerados políticos que han ejercido la hegemonía en los últimos años de obviar la gravedad de lo que hoy sucede. Así el presidente del SERVEL, se apresura a señalar en el diario El Mostrador que “Aquí no está en juego la legitimidad, quien obtenga la mayoría absoluta es la nueva Presidenta de Chile”[ii].

En distintos medios de prensa además, representantes tanto de la “alianza” como de la “nueva mayoría” salieron a defender el proceso:

Por parte de la alianza el vocero de gobierno Andrés Chadwik por ejemplo, señala que “no es de las personas que levantan voces de catástrofe o de falta de representatividad”[iii] bajando el perfil a la alta abstención en esta elección presidencial. Y a menos de una hora del cierre de las mesas, Lili Pérez vocera del comando de Matthei se apresura a decir que "el nivel de abstención aunque sea alto, no resta legitimidad al proceso, ni a quien resulte ganadora"[iv]. El presidente Sebastián Piñera por su parte, antes de la elección plantea que “Si un chileno no quiere votar, demuestra falta de cariño por su país”[v] apelando al amor a la patria y a la satanización de los que no votan.

Por el lado de la Nueva Mayoría, a las 7 de la tarde, el mismo día de la elección, la Senadora DC Ximena Rincón declaraba en radio cooperativa “Obama ganó con 40% de participación y nadie lo cuestionó”[vi] intentando así también desperfilar lo que ya a esas alturas acontecía. Michelle Bachelet por su parte, al llegar a su comando a celebrar el ya inminente triunfo arguyó "la legitimidad las dan las reglas de la democracia. Legitimidad o falta de ella, de ninguna manera, el que gana gana y tiene toda la legitimidad que corresponde"[vii]. El ex presidente Patricio Aylwin, partidario de la dictadura primero y presidente de la transición después no se quedó fuera de la polémica y señaló "No me entusiasma el voto voluntario. Temo que conduzca a que mucha gente no se comprometa con el país", así en la misma línea de Piñera éste último apela al compromiso con el país, como si no ir a votar no pudiera ser una manifestación de no encontrarle sentido al voto porque no hay diferencias en los proyectos, o peor aún, a la democracia.

Al parecer tampoco hay mucho interés por descubrir los motivos de los que no fueron a votar, así a las 19:40 en CNN Chile, se transmitía la información de una manifestación de aquellos que no fueron a votar, el vocero de la misma daba sus argumentos tan claramente sin embargo fue sacado del aire para dar paso a la transmisión al discurso de la presidenta electa, que aún no comenzaba. La prensa en su mayoría entrevistó a profesionales que tenían claras preferencias electorales para explicar el fenómeno y desde ahí se oyó también culpar a los “ciudadanos irresponsables” o “poco comprometidos” o “ejerciendo su derecho” pero pocos preguntándose el porqué de este fenómeno, el que vale la pena recordar se ha repetido en varios países en donde no hay proyectos claramente diferenciados en disputa.

No tengo la respuesta al por qué de una abstención del 60%, pero si tengo la convicción que es un grave problema al que hay que poner atención. No por cerrar los ojos ese 60% de personas que no fueron a sufragar desaparecen. Queda entonces dilucidar si las personas no fueron a votar por puro individualismo o como protesta silenciosa respecto a un juego que no quieren jugar pero en el cual se ven atrapados.





Paola Aguayo Núnez | @lunadeprimavera

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