SEGREGACIÓN SOCIAL, URBANA Y AMBIENTAL Y VIOLENCIA EN
SANTIAGO DE CHILE
Mónica Alejandra Vargas Aguirre
Ad portas del siglo XXI el Estado
intenta desligarse de sus obligaciones para con la sociedad, traspasándoselas
al libre juego de la oferta y la demanda, el mercado es el supremo árbitro; y
el individualismo, su fruto pernicioso. Ello ha generado altos niveles de
violencia, cuyas manifestaciones más claras se dan a nivel urbano, esto debido
a que es en las ciudades donde se concentra el mayor número de población. Se
requiere entonces realizar estudios profundos que permitan orientar mejor el
“hacer y vivir la ciudad”.
El problema de
segregación, en Santiago, se hace manifiesto en el espacio urbano dividido en
función de las clases sociales que lo habitan, generando para el sector más
pobre malas condiciones de vida, distanciándolo de una pequeña parte de la
población que detentan estándares muy altos que les permiten disfrutar hasta de
los beneficios más sofisticados del desarrollo económico. Esto ha dado origen a
muchas ciudades con condiciones de habitabilidad absolutamente distintas que
comparten un mismo territorio y que llevan el mismo nombre. El mantenimiento de
cordones marginales, en los cuales la calidad de vida está muy deteriorada, ha
originado una presión psicológica y social, que se transforma en resentimiento
y desesperanza en aquellos postergados; Éstos se sienten violentados en sus
derechos más básicos, modificando sus patrones de relaciones, tiñéndolos de
violencia, como respuesta al sin número de agresiones que reciben de la
sociedad.
Lo anterior,
engendra un sistema que se auto sustenta y crece, desarrollando una presión
social acallada primero por la fuerza y el miedo al gobierno militar, y
contenida luego por la promesa de un futuro mejor de los gobiernos democráticos
que le siguieron. Las respuestas no han llegado, ¿Resultado?, una sociedad
bullente, donde las opciones para dejar escapar la presión no son muchas. Se
gesta en las entrañas de nuestra sociedad una temible “Bomba Urbana”, que está
consumiendo el tiempo que el devenir le ha marcado para estallar, de no mediar
acciones urgentes para su desactivación.
La relación entre
segregación y violencia se nos hace casi evidente. Con todo, es necesario
manejar datos cuantificables que permitan diagnosticar la situación actual en
función de apoyar el proceso generador de propuestas y evaluar los resultados
obtenidos.
Existe cierto
consenso respecto a que el mejor modo de abordar el tema en términos
administrativos es en el ámbito comunal y con la participación y compromiso de
los ciudadanos. Sin embargo, previo a estimular la participación se debe tener
un diagnóstico que permita una primera aproximación a la ciudad, y que sea una
contribución a la discusión dada por la población. Si bien este diagnóstico
existe disperso en diferentes estudios, la idea del presente trabajo es
sistematizar en un solo documento estos datos, contribuyendo así a mejorar las
intervenciones en la ciudad.
Contradicción entre discurso y acción
Dadas las
características del modelo económico imperante en el mundo, cuando llega el
momento de elegir entre sustentabilidad ambiental, equidad social y crecimiento
económico, se opta por este último, generando como consecuencia una
contradicción entre el discurso medio ambientalista y de justicia social, y las
acciones concretas.
La edición 1994
del Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas, dice que el 40% más
pobre de la población de Chile percibe sólo un 10,5 por ciento del ingreso
nacional, mientras el ingreso del 20% más rico es 17 veces mayor que el del 20%
más pobre.
Sin duda, el
modelo ha dado resultados en términos macroeconómicos. A pesar de ello, la
brecha entre el “20% más rico y el 20 % más pobre es cada vez más grande, es
decir, estamos frente a un problema de injusticia que, debido a su magnitud y
esencia, es imposible de resolver”[1]. Lo anterior deja
claro que el país no camina hacia un desarrollo sustentable, sino que tiene
graves carencias, tanto en la sustentabilidad ambiental como en la equidad
social, focalizando su estrategia sólo en lo económico, lo que a largo plazo
traerá consigo un derrumbe también de nuestra economía.
Pero estas no sólo
son cifras abstractas sino que tienen
como trasfondo personas que se perciben excluidas del desarrollo económico del
país. Una encuesta realizada por el Centro de Estudios de la Realidad
Contemporánea (CERC), de marzo de 1996 así lo refleja: en ella se afirma que
“un 40% de los entrevistados opina que el desarrollo económico en Chile se debe
primordialmente al esfuerzo de los trabajadores, al mismo tiempo un 78% cree
que ese crecimiento beneficiará sólo a la minoría”[2].
Santiago
representa, espacialmente, un ejemplo claro de las situaciones antagónicas que
vive el país. Por un lado, existen sectores que se caracterizan por contar con
la infraestructura y equipamiento necesarios como para ser considerados
espacios con una adecuada calidad de vida; mientras que, por el otro, están
aquellos espacios con una serie de carencias socioeconómicas, ambientales y de
infraestructura, en los cuales habita la mayoría de la población.
Los niveles de
violencia han ido en constante aumento; es decir, la presión ejercida por la
sociedad toda hacia los sectores más desposeídos se ha agudizado,
incrementándose la explotación y la segregación. Lo anterior induce una
reacción también violenta de los sectores marginados, la que se manifiesta en
la comisión de delitos y conductas anómicas relacionadas con determinados
territorios.
Este fenómeno
requiere de estudios que lo expliquen y lo relacionen con otras variables. Se
ha elegido la variable segregación
tomando en consideración el hecho de que hoy en día existe una sobre valoración del éxito económico, y las
zonas segregadas en el territorio tienen una menor posibilidad de acceder a
dicho éxito, lo que, según Merton, redundaría en una mayor propensión a la
delincuencia. Al mismo tiempo, en estas zonas se mantiene un círculo difícil de
romper toda vez que en estos espacios existen pautas de relaciones sociales que
en algunos casos llegan a la aceptación de la comisión de ciertos tipos de
violencia como forma de adquirir dicho éxito económico y que se transforman en
pautas de socialización primaria, las que, a decir de Sutherland[3], favorecerían la
aparición de conductas delictivas.
En el ámbito
nacional, Doris Cooper[4], basada en la
teoría del “continuo subcultural de la delincuencia” plantea que los tipos de
delincuencia (urbana) se relacionan directamente con los niveles diferenciados
de desarrollo económico en el marco capitalista, cuya manifestación espacial se
denomina, segregación.
La investigación
se realizó en la ciudad de Santiago de Chile[5] durante tres años
y apuntó a conocer cuales son las características sociales, urbanas y ambientales
de cada una de las 34 comunas del área metropolitana y cómo se manifiesta la
violencia.
RESULTADOS
DE LA INVESTIGACIÓN
SEGREGACIÓN SOCIAL
Movilidad social: un mito
Una educación que
no premia la capacidad intelectual innata sino la capacidad adquisitiva de los
educandos en el mercado, configura una cruda realidad que nos obliga aceptar
que el mito de la movilidad social por medio de la educación es sólo eso, un
mito. El plano que representa los resultados de la prueba SIMCE refleja una
realidad que llega a ser cruel. Los promedios de logro en todas las pruebas
tomadas son mayores en los colegios “pagados” que en los colegios del estado.
¿Acaso presumiremos que es en esos colegios donde se concentra la inteligencia
en nuestro país?. ¿Por ventura, el hijo de un trabajador que vive en Cerro
Navia carece de la posibilidad de ser innatamente inteligente?. En el plano se
ve claramente reflejado la calidad diferenciada por comuna de la educación. El
área representada en café oscuro corresponde a el sector mejor evaluado y a su
vez son las comunas de mejores ingresos.
Por otra parte, el
gráfico siguiente, que contiene el tipo de colegios por comuna evidencia que,
en un gran número de comunas no existen colegios particulares pagados, es
decir, no hay colegios que, según la tendencia, tienen mayores probabilidades
de poseer una mejor calidad de educación. Esto lo tienen muy claro los jóvenes
de esa comunas no privilegiadas. Esto genera en ellos importantes niveles de
frustración, ya que desde muy temprano se les dice que ellos “no son formados
para ir a la universidad”, así que “no se esfuercen en desarrollar su
intelecto, es más importante que aprendan a ser sumisos y a trabajar con las
manos, eso es más real”. Con esto estamos replicando aquello de ciudadanos alfa
beta gama y épsilon propuestos para un mundo feliz: aquellos nacidos en cada
uno de esas categorías debieran cumplir su rol definido por la sociedad sin
posibilidad de movilidad.
La segregación de clase: georeferenciadamente
evidente
La no-posibilidad
de movilidad social dentro del actual sistema, se ve claramente reflejada en el
plano que representa el promedio de habitantes por comuna pertenecientes a cada
grupo socioeconómico. Se observa, que la riqueza está concentrada en el área
nororiente de la ciudad, la pobreza en el área sur y algunos espacios del área
norponiente. Existen barreras sociales y comerciales que no permiten la
interacción entre grupos socioeconómicos, nótese la nula existencia de familias
pertenecientes al nivel ABC1 en ciertas comunas. Si bien algunos autores
plantean que en Santiago se está
tendiendo a la heterogeneidad espacial de clases sociales, no es
atrevido refutarlos planteando que más que a la heterogeneidad a lo que se está
tendiendo es a la migración forzada (por la sociedad y el mercado) de la
población pobre, habitante originario, de algunas comunas para ser reemplazada
por otra clase social más adinerada que requiere de espacios para vivir;
paradigmático es el caso de la comuna de Santiago y su proceso de renovación
urbana.
Acceso
diferenciado a la salud: Tiene derechos...si paga
Otra diferencia vital es el acceso a la
atención en salud. La crítica no apunta hacia la ineficiencia del sector
estatal. Al contrario. Este sector ha sido tremendamente eficiente,
considerando los recursos asignados. El juicio apunta hacia un sistema violento
y competitivo, que transa en el mercado la vida de seres humanos y permite que
sólo algunos puedan acceder a un sistema de salud de punta, mientras, la
mayoría, deba conformarse con un sistema pobre, que hace lo que puede, por
distribuir los escasos recursos de que dispone.
Este modelo, con su máxima de que cada
uno recibe lo que puede pagar y no lo
que necesita para vivir, da origen a una de las más crueles manifestaciones de
violencia, ejercida por los sectores opulentos de la sociedad contra los más
pobres.
SEGREGACIÓN URBANA
Los espacios para “ser”
La vivienda, debe
ser el espacio en el cual se desarrolla la vida en familia, el espacio físico
de refugio necesario en el cual los seres humanos pasan parte importante de sus
vidas; si este espacio es deficitario y alterado produce también alteraciones y
deficiencias individuales y familiares.
Tener un promedio
de 2,9 habitantes por vivienda (Providencia) indudablemente no es igual a que
haya 4,7 personas en la casa (Lo Prado). El hacinamiento en los barrios
periféricos de nuestra capital se puede considerar una causal suficiente para
que los niños y jóvenes vaguen por las calles en busca de espacios en los
cuales poder desarrollarse. Esto hace recordar una película chilena de Cristian
Galaz, llamada “El chacotero sentimental” y que está basada en un programa
radial en el cual los auditores cuentan sus penas de amor. En uno de los cuadros
aparece una pareja de un barrio periférico habitando una vivienda básica, con
un alto nivel de hacinamiento; ahí se relatan fielmente los problemas a los que
se ven enfrentadas las familias que
ocupan esos espacios, que se traducen en una pobre o nula intimidad, en una
profunda desesperanza que se puede expresar en algún minuto en forma violenta.
La violencia no proviene intrínsecamente de los seres humanos que viven en esos
espacios, sino de la depresión que se genera al verse enfrentados a un callejón
sin salida. Por suerte la película termina con una pareja reconciliada y feliz, pero bien pudo
concluir con un hombre o una mujer
desesperados cometiendo un delito para mejorar las condiciones de los suyos o
involucrados en las drogas para olvidar que les tocó vivir la peor parte del
neoliberalismo.
En el lugar del otro
Aunque sea igual
el número de habitantes promedio (4.0 Pudahuel y Vitacura por ejemplo), es
sabido que la calidad de la vivienda no es la misma en una comuna del área
oriente que en una del área norte sur o poniente. Pese a que no fue posible
encontrar el dato del promedio de metros cuadrados construidos por persona en
cada comuna, basta con recorrer la ciudad como se hizo para este estudio, para
explicarse las evidentes diferencias en los tamaños de las construcciones y en
el tipo y material de cada una de ellas. El proceso de observación, recorriendo
las áreas pobres, se hace deprimente al constatar lo deficiente de algunas
construcciones, ¿Quién puede olvidar el caso paradigmático de las “casas
COPEVA” construidas en Puente Alto?. El problema de los muros filtrados y de
los niños con pulmonía producto de la humedad, como los mostrados por la televisión, no sólo se
dan en ese sector de Puente Alto sino que en muchos otros espacios donde
habitan pobres en la ciudad.
No contar con una
pieza exclusiva para dormir significa no contar con un espacio íntimo para el
descanso o la vida en pareja, implica hacinamiento y, por tanto, un sentimiento
de desesperanza que obliga a buscar espacios en otros lugares o por medios no
siempre lícitos. De esta ilegalidad es la sociedad toda responsable al denigrar
de esta forma a algunos seres humanos.
Habitar en
viviendas inadecuadas implica, a decir de la Organización Mundial de la Salud,
“propiciar en gran medida el desarrollo de patrones de conducta agresivos para
la resolución de conflictos familiares y comunitarios”[1].
La situación presentada en los párrafos
anteriores no es ajena al Estado. La prueba está en un estudio realizado por el
ministerio respectivo en el cual establece la calidad de la vivienda en las 34
comunas del gran Santiago. En él aparece el 64,71% de las comunas con una
calificación de regular o mala calidad de la vivienda.
Ahora bien, si a esta situación se le
agrega el estrés producido por las largas horas que ciertas personas deben
permanecer en un transporte público deficiente, se debe entender la agresividad
que pueden desarrollar los postergados. Póngase el lector por un minuto en
aquella micro con capacidad para 40 pasajeros, pero que transporta 70 para
maximizar la ganancia, un verano a la siete de la tarde en ese recorrido de por
lo menos 45 minutos entre el centro y la periferia urbana; sitúese ahora en una
casa sin las mínimas condiciones de privacidad o infraestructura que le
permitan descansar; Supóngase ahora jefe de hogar al que no le alcanza para
cubrir todas las necesidades de su familia, y luego saque conclusiones. Esta
reflexión hará más por este informe que todas las palabras que se pudiesen
verter en él.
Odiosa división
Pero pongámonos en el otro lado de la
ciudad. En aquel en que coinciden un número importante de vehículos por
habitantes con la buena calidad de la vivienda y con los espacios adecuados
dentro del hogar, la comodidad de la radio en el auto durante ese fastidioso
trayecto de regreso en las tardes, la llegada a una casa con habitación propia
y con las necesidades básicas satisfechas.
Efectivamente, existe un amplio sector
de clase media que vive de su trabajo en forma acomodada, pero ¿y aquellos que
viven en forma suntuosa apoyados en la explotación de los otros, no son acaso
más violentos que aquél que roba una radio de un auto para sobrevivir?
La mantención de esta odiosa división,
entre aquellos que cuentan con todos los beneficios del desarrollo y los que
sólo se han enterado del crecimiento económico por la televisión, está
rigurosamente celado por el mercado. Es decir, hay espacios dentro de la ciudad
cuyo valor del metro cuadrado de suelo, sobre 10 UF, hace imposible que una
familia de escasos recursos acceda a él; y como la asignación estatal de
viviendas también está regida por el mercado refuerza la creación de estos
verdaderos ghettos periféricos pobres cuyo valor de suelo no supera las 3 UF el
metro cuadrado.
Aceptemos por un momento que no es
posible una redistribución del espacio urbano y que no se pueden construir
viviendas más grandes ni mejores, entonces inmediatamente pensamos en los
espacios públicos, áreas verdes y hoy en día centros comerciales. En este
aspecto, se ha avanzado ya que ha existido una voluntad y un trabajo
sistemático de parte del ministerio de invertir en áreas verdes, pero aun así
la inversión que se debe hacer todavía es enorme.
Cabe destacar también el tremendo
avance que existe en términos de cobertura de servicios básicos: el 100% de las
comunas cuenta con una cobertura de más del 90% de las viviendas con servicios
básicos de luz y agua potable y con más del 75% de alcantarillado. Eso es
crecimiento, eso es equidad.
La segregación en términos urbanos,
como aquí se ha demostrado, es cierta. Va más allá de una simple apreciación
personal, está demostrada con cifras y planos.
SEGREGACIÓN
MEDIO AMBIENTAL
La equidad de la contaminación: si pero...
La mala calidad del aire quizás sea uno
de los elementos que mejor se distribuye en Santiago, en todas las comunas se
elevan los índices de contaminación en invierno, y el ozono hace de las suyas
durante todo el año. La diferencia está en la posibilidad de enfrentar esta
situación. Por supuesto que no es lo mismo una casa libre de polvo y que además
cuenta con un gran jardín, una buena estufa eléctrica y un purificador de aire
en cada habitación, que una casa en que la tierra es el entorno y además el
frío, viento y lluvia se cuelan por ventanas y paredes.
Uno de los orígenes de la contaminación
son las denominadas “fuentes fijas” que corresponden en su mayoría a calderas y
chimeneas de industrias. Ante esto, se han tomado algunas medidas entre las
cuales está la publicación de un listado de fuentes que paralizan en pre emergencia.
Al mapear ese listado se observa que la distribución de fuentes es bastante
equitativa dentro de la ciudad. Sin embargo, al ir al detalle del tipo de
fuentes, es posible advertir que, a pesar de que Providencia y Santiago
concentran el mayor número, estas corresponden en su mayoría a calderas de
calefacción y no a chimeneas industriales.
El monitoreo de la calidad del aire en
Santiago contempla alrededor de 8 estaciones de medición, las cuales se
encuentran distribuidas en diferentes comunas; por medio de ellas se puede
medir lo que en palabras simples sería
lo que estamos respirando.
Al hacer el análisis de los diferentes
tipos de contaminantes, según los datos provenientes de diversas fuentes
recogidos por el estudio, se descubre que la mayoría de la contaminación se
concentra en el centro de la ciudad, abarcando la comuna de Santiago completa.
Al hilar más fino, se puede apreciar la alta concentración de CO2 y NOx en los
espacios que rodean dicha comuna, especialmente Providencia y Ñuñoa, las que son
cubiertas por las manchas de CO2 y NOx casi en su totalidad.
El peligro no es igual para todos
El material particulado respirable es,
sin duda, el mayor dolor de cabeza de todos los santiaguinos. Este contaminante
es, en invierno, uno de los que tiene una mayor relación probada entre el
aumento de concentración y muerte de la población en Santiago. Al ver los
gráficos de evolución de concentración de material particulado en las diversas
estaciones de medición, instaladas en durante junio de 1997, se puede
distinguir la diferencia que existe entre Las Condes, Vitacura y Providencia,
respecto al resto de la ciudad; si bien los niveles aumentan, este incremento
es insignificante respecto a las variaciones alarmantes en la estación Parque
O'Higgins.
Ahora bien, si se hace el análisis de
otro tipo de contaminación, como la producida por la basura, se aprecia que el volumen en vertederos clandestinos es
abismante en las comunas periféricas de la ciudad; y si se considera el número de vertederos clandestinos, estos
también se concentran en dichas áreas.
El agua es uno de los elementos vitales
para el desarrollo de la vida en el planeta y, siendo un recurso escaso, es mal
distribuido en la ciudad. Al observar el consumo mensual por comuna con datos
proporcionados por EMOS, se ve que las comunas más pobres consumen menos del
200% de agua respecto a las comunas más ricas.
La electricidad residencial tiene un
comportamiento similar al del agua potable, con una amplia cobertura, pero con
una diferencia similar respecto al consumo.
Otra de las dimensiones consideradas en
la medición de la variable segregación ambiental fue el porcentaje de calles
sin pavimentar en la capital. En estas, el paso de los vehículos muele la
tierra y la dispersa hacia las calles con pavimento. En este sentido se han
realizado grandes avances el gobierno de Ricardo Lagos, aunque aun los recursos
no son suficientes para resolver el problema.
Si bien pareciera que la contaminación
afecta a toda la ciudad por igual, esto no es tan cierto. Para muestra un
botón.
En julio de 1997, las estaciones de
medición arrojaban niveles diferenciados por nivel socioeconómico. Un dato,
tomado el día domingo 10 de junio de 2001, es decir, cuatro años después, da
cuenta de que no ha variado la tendencia.
A las 9 de la mañana, la estación de
monitoreo en Pudahuel, Lo Prado y Cerro Navia (comunas pobres de la capital)
registraba un nivel promedio de calidad del aire de 320, considerado crítico. A
las 10 horas se redujo a 309 (aún considerado crítico), pero a las 11 de la
mañana el aire volvió a empeorar y anotó un promedio de 311, que, además, se
mantuvo en la medición del mediodía.
La estación de monitoreo de Cerrillos y
Maipú, registró un índice promedio de 107; mientras que El Bosque, Lo Espejo y
San Ramón 111 (comunas pobres también), lo que es considerado como
"regular".
Un poco más tranquilizante fue
situación en las estaciones de monitoreo de Santiago Sur con 93 de índice;
Independencia-Recoleta con 83; La Florida, Macul, Peñalolén (podríamos decir
comunas de clase media) con 69 y finalmente, Santiago Oriente y Providencia
(donde viven las personas que pertenecen al nivel socioeconómico ABC1) con 61,
todos considerados niveles "buenos".[1].
Increíbles indicadores, diferenciados por clases sociales.
Si se hace un análisis estadístico por
estaciones de medición, siempre las estaciones ubicadas en el sector donde
habitan las clase acomodadas tienen mejores indicadores que el resto de
estaciones. Con los datos aquí presentados se
puede concluir que si bien todos los espacios están en riesgo, el peligro no es
igual para todos, y que, una vez más, son los sectores más pobres los
mayoritariamente perjudicados.
VIOLENCIA DELICTUAL
Cuando Merton se
refiere a la teoría del éxito económico hace una descripción de la sociedad
norteamericana que en poco se diferencia de las actuales características de
nuestra sociedad. Hoy, el prestigio no está dado por los valores que profesa la
persona sino que por la cantidad de dinero y bienes con los que cuenta y por la
capacidad, por tanto, de consumir.
Este modo de
definir el valor de las personas no es problema para aquellos que acceden a una
posición y dinero heredados o adquiridos. Pero...¿qué pasa con aquellos otros a
los que la sociedad les niega toda posibilidad de mejorar su condición,
entregándoles educación deficiente, salud de segunda, espacios públicos y
privados deprimentes?... ellos sólo acceden a frustraciones, las que algunas
veces se transforman en sumisión, pero otros se rebelan. Rebeldía que, en algún
momento de nuestra historia, fue canalizada por los partidos políticos de
izquierda que representaban las demandas de estos sectores. Pero, hoy, el
sistema partidario ya no cuenta con la misma legitimidad de antaño, lo que
implica una carencia de representatividad organizada. Como contrapartida, se ha
reforzado el individualismo. Cada vez es más creciente el porcentaje de la
población que, por medio de la comisión de algún delito, intenta acceder a esos
bienes que le darán un espacio en la sociedad.
Aquello que da
estatus se encuentran en manos de los más pudientes. Es por esto que la mayor
proporción de delitos contra la propiedad (robo y hurto) son cometidos en
comunas donde habitan las personas con más recursos.
El tráfico de
drogas representa una forma fácil de adquirir mercancías. Aunque el riesgo es
alto, las ganancias que este origina bien vale la pena: ello puede significar
una alternativa a la pobreza. Los resultados de las últimas investigaciones en
torno al microtráfico, han demostrado que un número, cada vez mayor, de
aquellos que se dedican a este delito lo hacen como una forma de mejorar las
condiciones familiares y que “esperan abandonarlo cuando hayan juntado dinero
suficiente”.
Cuando se analizan
los indicadores de delitos cometidos contra las personas la situación cambia.
Los más altos porcentajes de agresiones ya no se encuentran en las comunas de
estratos altos sino en las más pobres. Tal hecho puede interpretarse como un
indicador de desesperanza de aquellos que habitan en esos espacios, lo que las
lleva a agredir al otro, sin respetar ningún código de convivencia, ni siquiera
la vida.
La violencia se
aprende. La aprenden algunos niños pobres en las calles o en sus propias casas,
toda vez que algunos de los códigos que se manejan en el entorno que los rodea
acepta la violencia como una forma válida de acceder a la satisfacción de
necesidades básicas o a bienes que abren espacios para lograr un lugar en la
sociedad. De ahí, la alta correlación entre menores en libertad vigilada y reos
condenados por comuna; esos adultos condenados han sembrado la semilla por
medio del modelo en la fértil tierra de la desilusión.
CONCLUSIONES Y PROPUESTAS
Vincular
violencia y segregación pudiese parecer extraño a ojos de aquel que no ve, o no
quiere ver, cuan influyente es la distribución espacial en los fenómenos de
violencia que se nos presentan hoy en día. ¿cómo se relaciona el tipo de
transporte con la violencia?, ¿qué tiene que ver la calidad de la vivienda, los
metros cuadrados construidos con el aumento de las conductas agresivas?, y ¿por
qué incorporar los logros SIMCE o los niveles de polución en el análisis del
desarrollo de conductas violentas?. La relación es tan evidente que ni las
cifras se pueden manejar para que digan otra cosa que no sea la comprobación de
la hipótesis planteada por este estudio, es decir, en aquellos espacios donde
existe una mayor segregación social, urbana y ambiental, sus habitantes tienen
una mayor posibilidad de manifestar conductas violentas.
En el estudio desarrollado,
el coeficiente de correlación de Pearson entre segregación (social, urbana y
ambiental) y violencia fue de 0.54, es decir una correlación positiva media.
Esto se puede interpretar como una comprobación empírica de la teoría que
plantea que las condiciones de desigualdad y asimetría en la sociedad,
propician el incremento de conductas violentas en los espacios menos
favorecidos.
Cuando Lefevre, Castell, Kojkine hablan de la segregación
como la ubicación diferenciada de las clases sociales en la ciudad, algunos dan
mayor énfasis a la vivienda, otros al acceso a los bienes
de consumo, pero todos hacen referencia al acceso desigual a los beneficios de
la ciudad.
Santiago es, en
esencia, una ciudad segregada en todos los ámbitos: el acceso a cuestiones
básicas tales como la vivienda y la salud y a elementos más complejos, como la
educación y la tecnología, de ninguna manera es igual para todos. Esto queda
claro en cada uno de los indicadores utilizados para medir las variables de
este estudio; y, realmente, no importa si no está incluida en él, ya que,
cualquier indicador que se tome y se mida en forma seria invariablemente
produce similares resultados.
Los datos
recogidos en este estudio han sido recopilado a lo largo de tres años y
contiene información de alrededor de 7 años de la vida de la ciudad. A pesar de
la diversidad de dimensiones que se consideró en cada variable, la mayoría de
ellas arroja el mismo resultado: 5 ó 6 comunas privilegiadas siempre; el resto,
se debate entre lo peor y lo no tan malo.
Si se establece la
relación entre las comunas con mayores indicadores de segregación, social,
urbana y ambiental, y aquellas que presentan los peores indicadores en cuanto
violencia, se obtiene una correlación directa, lo que confirma la hipótesis del
presente trabajo. Es más, ya en la prensa se está hablando de este proceso
surgimiento de ghetto periféricos[2], lo que pudiese significar
que la bomba ha comenzado a explotar.
La solución no es obviar el problema o justificarlo con un
“no hay alternativa mejor”. La opción es reconocerlo, aceptarlo, y generar
estrategias que permitan abordarlo. Sin embargo, hacer sugerencias en un tema
tan complejo como el ordenamiento urbano parece pretencioso y hasta soberbio;
mas, aun a riesgo de que eso suceda, se harán algunas propuestas en función de
mejorar la caótica situación en la capital.
Es hora de actuar
Uno de los
primeros puntos que se debe corregir es aquel referido a la aguda segregación
urbana en lo pertinente a la calidad de la vivienda. No se construyen ciudades
más equitativas con ranchos y mejoras con techo de paja y muros de fonolita. La
propuesta es hacer participar activamente a los beneficiarios directos e
indirectos en la co-construcción de sus espacios, con un mayor aporte del
sector privado. Algo nada nuevo. Se habla de estrategias que convenzan a los
dueños de empresas de los beneficios de tener a sus trabajadores en espacios
adecuados, persuadirlos de que la inversión en vivienda para sus trabajadores
no es un gasto sino una inversión en productividad.
Lo anterior está
estrechamente ligado con una legislación que permita que no sólo sea el mercado
el que regule los precios del suelo y por ende los espacios en los que se
construyen viviendas sociales. Un gran avance sería establecer un porcentaje de
la superficie construida en proyectos
inmobiliarios privados para viviendas sociales. No se habla aquí de hacer
perder utilidades a las empresas constructoras sino de que inviertan en
desarrollo. Sólo así se tenderá a revertir la tendencia segregadora.
En cuanto a los
espacios públicos, estos deben tender a ser espacios de encuentro Interclase
social. Se trata de continuar con la acertada estrategia de protección y
fomento de estos ya que coadyuvan a mantener una salud mental adecuada, a
descontaminar, a detener la delincuencia por medio del control social y a ese
deseado encuentro entre los seres humanos. Esta estrategia debe ser
complementada con un fomento a la tolerancia entre personas, de modo tal de
favorecer el respeto entre las distintas formas de pensar y actuar.
En salud, se
debería mejorar la salud pública, de modo tal, que la haga competitiva en el
mercado y, por tanto, que sume personas con mayores ingresos que permitan
retroalimentar el sistema. Esto debe ir acompañado de una fuerte campaña de
fomento de la solidaridad, en contraste con el sistema que fomenta el
individualismo manejando estrategias publicitarias muy agresivas y constantes;
se debe salir al paso si se quiere con “una estrategia de marketing” que
fomente la solidaridad.
La educación
debiera ser, efectivamente, el principal componente de la promoción social, sin
embargo, no basta con mejorar la infraestructura de las escuelas, ni el
perfeccionamiento de los profesores. Se hace imprescindible promover en los
alumnos y docentes de los colegios más pobres la idea de triunfo en la vida y
con esto contrarrestar ese sino de fracaso que se cierne sobre los habitantes
de comunas pobres.
La utopía (aquello
que nos ayuda a avanzar) hace pensar en colegios cuyo único requisito de selección
sea la cercanía al hogar, en una ciudad más heterogénea en sus espacios, y que
permita el encuentro entre distintas clases sociales; eso ya sería un inicio.
Los factores
anteriormente señalados, más una política de empleo que asegure lo básico para
todos, será lo que haga superar la violencia en la capital. No hay más
alternativa que asumir el desafío, la bomba urbana acumula y acumula
resentimientos y si no se quiere que explote, se debe actuar ahora.
La contaminación
crónica, es decir las industrias y calderas que ensucian el aire de todos,
deben ser controladas sin miedo a las protestas de unos pocos. Un buen comienzo
ha sido la paralización en pre emergencia de varias chimeneas, sin embargo no
es suficiente; se debe reconvertir esas chimeneas a tecnologías limpias que
permitan contar con un mejor aire.
Otro elemento
constitutivo de contaminación es la locomoción colectiva, insufrible pesadilla
que deben vivir día a día los santiaguinos. En todas las ciudades del mundo la
estrategia de solución del tema transporte público ha sido cruzado por un
fuerte control público de los medios de transporte masivo. Se debe asumir, de
una vez por todas, que no hay solución para el transporte por la vía
exclusivamente privada. Esto implica, por cierto, asumir el costo político que
significa enfrentar a un gremio fuerte y poderoso, pero no se debe olvidar que
después de la tormenta viene la calma y el sol brilla más fuerte.
Para qué hablar de
la calidad del aire. Las estrategias del actual gobierno tienden a dar
soluciones concretas, pero se enfrentan con una oposición ignorante que, más
por demagogia que por conocimiento, siempre encuentran un “pero” a las
propuestas sin lograr avances significativos en la cuestión medioambiental.
La
insustentabilidad social y ambiental del neoliberalismo está comprobada por
muchos estudios a nivel internacional. Hoy el modelo hace crisis en la capital
de Chile, e hizo crisis en la capital Argentina a fines del año 2001, estas no
son sólo presunciones, en este trabajo hay claros ejemplos de sus impacto.
De continuar
implementando políticas segregadoras, el problema se agudizará, con graves
consecuencias para el país. El modelo capitalino se replica en otras ciudades y
actualmente se están reproduciendo similares problemáticas en otras urbes
nacionales.
Se está
configurando un negro panorama, de no adoptarse las medidas pertinentes. Esa
imagen de futuro se ve reflejada en los alarmantes aumentos de la violencia
dentro de la ciudad, uno de cuyos indicadores más claros es la comisión de
delitos y la penalización de estos; basta ver los planos asociados a las
comunas de origen de la persona que comete el delito para darse cuenta de que
algo está pasando en Santiago. Porque de alguna forma se debe explicar la alta
presencia de personas pertenecientes a determinadas comunas en los centros de
reclusión o adscritos a algún sistema de protección.
Las cartas están
sobre la mesa. El actual sistema no contribuye a la disminución de la
violencia; es más, la fomenta excluyendo a algunos grupos del acceso a la
modernidad. La ciudad no tiende a ser heterogénea sino que por el contrario
cada día es más segregada.
Hoy, la prioridad
es contener el avance del reloj de la bomba urbana. Ello significa mejorar las
condiciones de vida de aquellos que, por ser pobres, se acumulan en la
periferia. No es fácil producir los cambios culturales requeridos para lograr
la aceptación entre ricos y pobres, pero, peor es, que las personas pierdan la
posibilidad de “ser”; ese “ser” significa que los niños puedan jugar en las
calles, perder el miedo a caminar por las veredas en la noche, a dejar el auto
en la casa... a encontrarse con el otro... nuestra ciudad corre el riesgo de
enloquecer en poco tiempo. Sus habitantes lo saben, pero no encuentran las
respuestas a esta situación. Sólo teniendo una mirada global, se puede
comprender lo que sucede; la familia de la mansión asaltada debe entender que
su mansión es causal del asalto, es esa agresiva presencia de la casa con
mármol la que violenta a aquel que habita en la mediagua, el asalto es sólo una
consecuencia, una respuesta a la agresión.
La estrategia debe
ser orientada, principalmente, a la disminución de las causas generadoras de
violencia y no en la represión de las manifestaciones del descontento y la desesperanza
aprendida.
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[1] Domingo 10 de Junio de 2001, 19:59 emol.com, Agencias en:
http://www.emol.com/noticias/detalle/detalle_noticia.asp?idnoticia=57260
[2] “El hacinamiento y la exclusión han convertido a las poblaciones
periféricas en verdaderos ghettos; en reductos humanos que subsisten bajo el
imperio de la inseguridad, el miedo y la desconfianza mutua”. “Donde salvarse
es la ley”, Diario Publimetro, Santiago, Lunes 9 de julio de .2001, Página 8.
[1] OPS; OMS, “Plan de Acción Regional en
Violencia y Salud” http://www.paho.org/spanish/hpp/hppreind.htm
[1] En el cuadro siguiente se muestra la
participación en la distribución del ingreso de los hogares urbanos ordenados
según su ingreso per capita.
|
Año
|
40% Más
pobre
|
30%
siguiente
|
20%
anterior al 10% más rico
|
10% más
rico
|
|
1990
|
13.4%
|
21.2
|
26.2
|
39.2
|
|
1992
|
13.6%
|
20.7
|
25.2
|
40.5
|
|
1994
|
13.3%
|
20.5
|
25.9
|
40.3
|
Fuente:
CEPAL , en Panorama social de América Latina , edición 1996
(LC/G1946-P),Santiago de Chile 1997.
[3] En Cooper,
Doris: “Delincuencia Común en Chile” Universidad
de Chile Facultad de Ciencias Sociales
[4] Cooper, Doris: “Delincuencia Común en Chile” Universidad de Chile Facultad de
Ciencias Sociales
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